En mi colaboración del pasado 5 de agosto, "Educación contra la domicación, tejiendo saberes" , hice referencia a un artículo de Boaventura De Sousa, en el que desarrolla los conceptos de poder, dominación y saberes, además de señalar los tres factores que sostienen la dominación en la actualidad: capitalismo, colonialismo y patriarcado.
En la misma línea de reflexión, quisiera hacer referencia al libro del mismo pensador: “El Futuro Comienza Ahora. De la Pandemia a la Utopía”, publicado en este 2021. Entre los múltiples aportes que ahí encuentro, quisiera recuperar su postura respecto al concepto de “Derecho a la Educación”, hoy tan de moda en México, gracias al actual gobierno.
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Con la actual pandemia como marco, y asumiendo una postura de “utopía realista”, en el texto se expone la exigencia de gestar una “Declaración Cosmopolita Insurgente de Derechos y Deberes Humanos”, en contrasentido de la “Declaración Universal de los Derechos Humanos”, por su fundamento eurocentrista y depredador de la naturaleza; asunto nada menor si se profundiza en los conceptos de “cosmopolita” en contra parte de lo “universal” de la declaración actual, así como la mancuerna “derechos y deberes” en donde alude a la humanidad como parte de la naturaleza y no como su poseedora. En consecuencia, se definen acciones de diversa índole como indispensables, una de ellas y de manera central es el reconocimiento de la diversidad de saberes que se presentan en las diferentes realidades del mundo; todos igualmente valiosos, todos con el mismo derecho a ser considerados. Un mundo en donde quepan todos los mundos.
De Sousa Santos, en la página 347 de su texto, sentencia lo siguiente: “El derecho a la educación se debe entender como el derecho a la diversidad de los conocimientos sobre derechos y deberes entre los seres humanos en sus relaciones con la naturaleza”; expresión que traslada su concepción general, promotora de la emergencia de una nueva sociedad, a partir de ella misma, reconocida en su relación con naturaleza. Desde luego, suena bien, pero hay que asumir lo que el mismo autor señala, refiriendo lo propuesto como una utopía, aquello que, por ser inalcanzable, se convierte en un permanente orientador de nuestras acciones.
Explorando el contexto nacional, se puede identificar la recurrente mención oficial del Derecho en la Educación: a) En la Constitución, el artículo 3º inicia sentenciando: “Toda persona tiene derecho a la educación.”, declaración que refuerza en el tercer párrafo del mismo artículo: “La educación se basará en el respeto irrestricto de la dignidad de las personas, con un enfoque de derechos humanos y de igualdad sustantiva.”; mandato, que resulta esperanzador, además de establecer un referente desde el cual dar seguimiento a lo que en materia educativa realice el actual gobierno y los subsecuentes, mientras no sea modificado el artículo. Imposible soslayar, la mención que se hace en este mismo párrafo en el sentido de que es a partir de la Rectoría del Estado que se garantizará el acceso de toda la población, a todos los niveles educativos, desde inicial hasta superior. b) Consecuentes con el mandato constitucional, tanto la Ley General de Educación, como la Ley Estatal de Educación de Puebla declaran a la educación como un derecho que debe ser garantizado desde la acción del Estado; documentos que a esta luz, habrá que continuar analizando.
Es necesario continuar con la reflexión orientada hacia la acción, sin embargo, desde ahora se anuncia la necesidad de un cambio de paradigma, no solo en la concepción y formas de la educación, sino de la necesidad de un cambio profundo, de acuerdo a De Sousa Santos: “Para que se produzca el cambio, no bastan ópticas diferentes e inaugurales. Es necesario empezar a cortar las tres pesadas anclas que nos sujetan a la concepción moderna de la naturaleza: la fuerza de trabajo y la vida misma como mercancía, el racismo y el sexismo. Así se inaugurará una larga transición paradigmática. Será larga, pero me parece irreversible.” (p. 7)