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OPINIÓN

¿Tiranos, hoy?

La tiranía en democracias contemporáneas debe analizarse a fin de evitar gobiernos totalitarios

Víctor Reynoso

Sociólogo por la UNAM, maestro en Ciencia Política por la FLACSO y doctor en Ciencias Sociales por El Colegio de México. Profesor jubilado de la UDLAP. Sus líneas de trabajo como investigador son sistemas electorales y sistemas de partidos en México, democracia y cultura política. Autor de diversos libros y artículos especializados.

Martes, Agosto 31, 2021

Interesante, la serie “Cómo se convirtieron en tiranos” de Netflix. Trata seis casos de tiranías, aparentemente muy lejanas a las democracias contemporáneas. Pero no es casualidad que la serie se produzca en estos tiempos, los tiempos de Donald Trump y políticos similares.

De las características comunes a las seis tiranías analizadas (muy distintas en otros aspectos) hay cuatro que vale la pena resaltar. Primero, los tiranos logran aceptación porque la gente ve en ellos a alguien que les va a solucionar algo. Segundo, es requisito que el tirano tenga una buena dosis de megalomanía, que se sienta un ser humano excepcional. Tercero, en su narrativa deben identificar un enemigo. Cuarto, la ausencia o la fragilidad de un entramado institucional de balances y contrapesos.

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El primer rasgo se basa en una necesidad de ciertos grupos: de creer en que hay alguien que resolverá nuestros problemas. Hay algo de ilusión en eso, pues los problemas sociales requieren de muchos factores y tiempo para ser resueltos. Un líder puede avanzar en esa ruta, no resolver todo lo importante de manera rápida. Pero la creencia existe.

El segundo rasgo es el narcisismo. Ciertamente todos tenemos un ego (nuestro enemigo, según el brillante libro de Ryan Holiday). Pero no todo ego tiene los niveles de narcisismo que tuvieron personas como HitlerStalinGadafiHusseinIdi Amín o los Kim de Corea del norte (las seis tiranías analizadas en la serie).

Tercero, identificar un enemigo. Los judíos, en el caso de Hitler, que unió en su narrativa a los banqueros judíos de Nueva York con los judíos comunistas de la Unión Soviética en un complot contra Alemania. El sistema capitalista, en el caso de Stalin. Israel y sus aliados, para Gadafi y Hussein. Los comerciantes de origen indio en Angola, para Idi Amín. El imperialismo capitalista de Estados Unidos, para los Kim.

Hay un cuarto factor, común a todas las tiranías, poco tratado en la serie: la ausencia, o la destrucción, del entramado institucional que protege a la sociedad del poder arbitrario.

De las seis sociedades analizadas, solo Alemania contaba con ese entramado, muy castigado por los Tratados de Versalles después de la primera guerra. Fue fácil para Hitler y sus aliados acabar con el sistema parlamentario alemán y con la estructura jurídica de su país.

En los otros cinco países no existía un sistema de balances y contrapesos que limitara el poder de los tiranos. ¿Cuál es la situación de ese sistema en las democracias contemporáneas? ¿Puede resistir la llegada de tipos como Trump?

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