Al Mtro. Juan Manuel Robredo Uscanga, gran educador y ser humano de los buenos
“Toda sociedad está sometida a dos cuasi programas a las vez complementarios y antagonistas: el programa comunitario (Gemmenschaift) de solidaridad frente al mundo exterior y sobre todo frente al enemigo, y el programa societal, formado por competencias, rivalidades y conflictos (Gessellschaft), que son los que predominan en tiempo de paz”.
Más artículos del autor
Edgar Morin. Enseñar a vivir, p. 116 (versión electrónica).
Estamos a una semana del tan debatido y polémico regreso a clases que según las palabras del presidente -siempre ocurrente, siempre contradictorio- sucederá “llueva, truene o relampaguee” pero será “totalmente voluntario” tanto para los estudiantes como para los docentes.
¿Cómo conciliar la decisión de reabrir las escuelas con el carácter optativo del regreso? ¿Qué pasará si un grupo de alumnos de cualquier nivel educativo o sus padres deciden asistir a la escuela y tener nuevamente clases presenciales aunque sea de forma alternada y el profesor a cargo de ese grupo de alumnos decide también voluntariamente no asistir para no arriesgarse a ser contagiado? ¿Qué ocurrirá si los maestros acuden “voluntariamente a fuerza” a trabajar a sus escuelas pero el total de sus estudiantes o de sus padres, en el caso de los más pequeños, deciden no hacerlo? ¿Qué pasará si cierto número de alumnos de un grupo acuden a las aulas y otros no? ¿Cómo atenderá el profesor a ambos grupos: los que están y los que no están en el aula?
En un país donde como dicen los literatos, Kafka sería un autor costumbrista, esta es la realidad del regreso a clases ante un gobierno que no ha sabido o no ha querido definir una estrategia clara, bien fundada y consistente para manejar la pandemia y por lo visto en las intervenciones de la secretaria de Educación Pública a nivel federal, tampoco tiene un plan claro y detallado para la reapertura de las escuelas más allá de un decálogo de generalidades que ya se quedó en nonecálogo porque la carta de corresponsabilidad que se dijo que deberían firmar los padres de familia -y que era correcto solicitar- se eliminó de la lista y se convirtió de pronto en un invento de los medios de comunicación, esos grandes conservadores, adversarios del cambio verdadero.
Sea como sea, las escuelas van a reabrir sus puertas para quienes quieran apostar y tomar el riesgo de priorizar el aprendizaje y la socialización sobre la posibilidad de contagiarse del virus que ha puesto de cabeza al mundo desde hace ya año y medio; ese virus que parece extenderse sin remedio y de forma infinita. Las instituciones educativas de todos los niveles volverán a tener vida en sus aulas, laboratorios, talleres y espacios de deporte y recreación y esperamos que esta decisión de reactivar el sistema educativo nacional en una primera etapa de asistencia escalonada o modelos híbridos según el término más comúnmente utilizado para referirse a la combinación de clases presenciales con actividad simultánea en línea a través del uso de tecnologías.
Como ocurre cada etapa previa al ciclo escolar, los maestros están ahora ya preparándose en protocolos sanitarios y en competencias didácticas y socioemocionales para adaptar sus prácticas docentes a esta nueva etapa en la que muy probablemente seguirán ampliándose las brechas entre los que tienen mayores recursos económicos y acceso a dispositivos y conectividad con los que no cuentan con estas posibilidades.
Esta enorme desigualdad existía ya antes de la pandemia en nuestro país y creció sin duda en este año y medio en el que un pequeño porcentaje de niños y jóvenes de clases medias y altas pudieron continuar su formación de una manera más o menos adecuada y con cierta calidad a pesar de las limitaciones de convivencia que impuso el nuevo coronavirus, mientras que un altísimo porcentaje de los mexicanos en edad escolar y universitaria no pudieron tener acceso a los aprendizajes esperados de acuerdo a su nivel y grado escolar, más allá de las clases por televisión o las fichas de actividades que como pudieron les hicieron llegar sus profesores.
Si a esta situación de grave y preocupante desigualdad educativa le añadimos el crecimiento de la pobreza, de la violencia intrafamiliar y también de la violencia del crimen organizado que se ha ido apoderando de cada vez más zonas del territorio nacional, podremos ver que no estamos precisamente en una etapa de paz que justifique una sociedad y una educación que se guíen por el programa societal que como señala Morin en el epígrafe de hoy, se caracteriza por competencias, rivalidades y conflictos.
Sin embargo, nuestros programas educativos siguen imponiendo esta formación para la competencia y la rivalidad y una convivencia escolar que genera conflictos y muy a menudo violencia. Nuestra educación, como la de muchos países del mundo sigue orientándose hacia la capacitación técnica de repuestas para el mercado laboral con el supuesto fin -no solamente no logrado sino en franco retroceso- del crecimiento del PIB del país, siguiendo el modelo que la filósofa estadounidense Martha Nussbaum llama Educación para la renta, a pesar del cambio de discurso y la supuesta existencia de una “Nueva escuela mexicana” que dice orientarse a una formación humanista de los futuros ciudadanos.
Definitivamente estamos en tiempos en los que resulta indispensable orientar la educación desde un programa comunitario que promueva la solidaridad frente al enemigo o los enemigos verdaderos que no son “los conservadores” ni tampoco los “progresistas” sino la pobreza, la desigualdad, la discriminación, el racismo, el clasismo, la violencia, la corrupción y la impunidad que siguen caracterizando a nuestra sociedad a pesar de que los discursos políticos de cada sexenio intenten vendernos un país ideal en el que reina la alta moral y la armonía.
Necesitamos reforzar este programa comunitario en todo el sistema educativo para que a pesar de la polarización y los discursos de odio y descalificación que dominan el escenario político, a pesar de la profunda crisis que vive la economía, a pesar de la violencia endémica que sigue ampliando su campo de influencia, a pesar de la cultura patriarcal y machista que sigue imperando en la vida cotidiana, la formación de los futuros ciudadanos y profesionistas de este país regenere esta visión orientada hacia la renta y promueva la Educación para la democracia que postula Nussbaum como la salida hacia un mundo más justo e incluyente, un mundo en el que -desde las palabras de la filósofa- valga la pena vivir.
Además de estos viejos enemigos que han acompañado al país desde su nacimiento hace ya dos siglos, nos encontramos ahora frente a otro enemigo que no por microscópico deja de ser igual o más letal que los anteriormente citados. Estamos todavía y quién sabe por cuánto tiempo más en una guerra contra el enemigo común que se llama Sars-CoV-2 o más popularmente COVID-19.
Esta guerra implica que pensemos seriamente en las estrategias necesarias para implantar el programa comunitario de la solidaridad, la corresponsabilidad y la unidad en la diversidad en todos los niveles educativos aprovechando esta reapertura de las escuelas que no puede, no debería pretenderse que sea, la vuelta a la escuela tal como la conocimos antes de ser obligados al confinamiento.
A nivel de cada docente y cada asignatura es indispensable también pensar en la planeación de las actividades de promoción del aprendizaje desde la perspectiva del desarrollo del programa comunitario aprovechando todo lo que los niños, adolescentes y jóvenes y lo que los mismos educadores hemos aprendido durante este tiempo de crisis y de encierro obligado -que también fue desigual como nuestra sociedad-.
¿Qué aprendimos sobre la vida humana en este tiempo de cierre de las instituciones educativas? ¿Qué descubrimos acerca de lo que realmente vale la pena en la vida para poder llamarla humana? ¿Cómo vivimos nuestras prácticas educativas y qué nos enseñaron estos tiempos acerca de la relevancia y las formas de enseñar a vivir, que es finalmente, como dice Morin, la finalidad central de toda educación?
Ojalá este tiempo de diseño de programas sea un tiempo de reconversión, disrupción y transformación que nos lleve de una educación en clave del programa societal a una educación en clave del programa comunitario.