El pasado martes 10 de agosto, el Comité Ejecutivo del Partido Acción Nacional aprobó un acuerdo para que en la conformación de las dirigencias estatales que se renovarán este 2021, se aplique la paridad de género, reservando para ello 14 de 29 presidencias a mujeres, Puebla entre ellas.
A la vista de todos, el acuerdo podría parecer un gran paso hacia la paridad, pero dista mucho de serlo si éste se analiza cuidadosamente y de cara a la próxima elección de la dirigencia nacional del PAN, en la que el actual presidente Marko Cortés busca reelegirse.
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¿Cómo se determinó qué estados deberían ser reservados? No lo sabemos, pues aunque se diga que fue conforme al porcentaje de mujeres inscritas en el padrón de militantes, el acuerdo no muestra un criterio claro ni consistente. Únicamente se formaron tres bloques de estados, y de cada bloque se seleccionaron entre 4 a 5 entidades.
Analicemos el caso de Puebla: se integró dentro del primer bloque de 9 estados con mayor número de mujeres panistas, donde Aguascalientes (62%), Ciudad de México (61%), Guerrero (60%), Morelos (57%), Campeche, Sonora y México (55%), llevan la delantera Puebla y a Sinaloa (54%) en cuanto a participación femenina.
Si el criterio fuera en realidad que a mayor número de mujeres militantes correspondería reservar dirigencia a representantes del género femenino, en este bloque los 4 estados designados deberían ser: Aguascalientes, Ciudad de México, Guerrero y Morelos, pero no Campeche, Puebla y Sinaloa.
Aún más, si la medida buscara genuinamente aumentar la participación de las mujeres y detener las inercias que la limitan, un mejor criterio habría sido reservar estados donde no se ha tenido una presidencia femenina, lo cual no es el caso de Puebla.
La medida cobra sentido cuando se observa que Puebla es uno de los 7 estados con mayor número de militantes; estos 7 estados son prioritarios para quien aspire a ocupar la dirigencia nacional, de ahí el intento de mantener el control de la dirigencia a costa de lo que sea. Ingenuos, creen que detentando el poder formal, tendrán autoridad moral sobre la militancia.
Pedir al CEN una explicación detallada de los criterios usados para esta decisión, no es misoginia ni oposición a la paridad de género; es ante todo un reclamo justo de transparencia y democracia de muchos de los militantes panistas.
Finalmente, si en Puebla esta “acción afirmativa” no llevara dedicatoria, sino que buscara que más mujeres accedan al poder, lo mejor sería que en congruencia se abstengan de participar quienes hoy tienen ya un espacio de poder dentro del PAN. El país necesita un PAN fuerte y unido que sea capaz de plantarle cara a los abusos de los gobiernos de Morena.
Simular un interés por la participación femenina le costará caro a los simuladores, y lo que es peor, al PARTIDO ACCIÓN NACIONAL.
Agradezco a e-consulta la publicación de este artículo que es autoría de Ana María Jiménez, militante del PAN desde 1995, Diputada Local (2011-2014), que junto con ONU mujeres presentó la primera iniciativa de paridad total en el estado de Puebla. Fue coordinadora Técnica del en la Cámara de Diputados (2009), Secretaria del CDM y regidora del Ayuntamiento de Puebla (2005-2008).