La posible reforma electoral

Viernes, Agosto 20, 2021 - 19:47

Una reforma debe ser diseñada de acuerdo a estándares de democracia, y no de control político

Administrador Público y Politólogo, egresado del Diplomado en Derecho Electoral por el Tribunal Electoral, investigador y estudiante del posgrado en Ciencia Política en la BUAP

En esta semana se circuló el contenido del borrador elaborado por el senador Ricardo Monreal con los puntos esenciales que se plantea para una próxima reforma electoral, un tema que ha sido juiciosamente mencionado por el Presidente de la República, esto provocado por las múltiples rispideces que han existido con el INE y el propio Tribunal Electoral.

Algo resulta cierto, la democracia mexicana aún tiene elementos que deben ser reformados para garantizar elecciones más competitivas y con mayor transparencia, pero la elaboración de esta reforma, debe realizarse con gran precisión y diseñada por arquitectos institucionales.

Ahora bien, resulta preciso analizar el contenido de este borrador planteado por el senador Monreal:

El primero de los puntos que llama la atención es la búsqueda de la renovación de los integrantes del Consejo General, esto significa destituirlos anticipadamente junto con los Magistrados del TEPJF. Es necesario recordar que los Consejeros Electorales son nombrados por las dos terceras partes de la Cámara de Diputados, es decir un procedimiento en el cual participan todas las fuerzas políticas, lo que crea un equilibrio. Entre las voces más críticas que han existido dentro del Consejo General destacan la de Ciro Murayama y la del propio presidente Lorenzo Córdova, quienes en múltiples sesiones han sido rigurosos en la aplicación de la normativa, pareciera entonces que la propuesta de una renovación de los integrantes, responde más bien a las inquietudes y la necesidad del partido gobernante de contar con incondicionales dentro del órgano electoral.

El segundo punto importante de esta posible reforma es la eliminación de los OPLES y la centralización de las elecciones locales en el INE, previamente en la reforma del 2014 el planteamiento inicial proponía de nueva cuenta su eliminación debido a la gran influencia de los mandatarios estatales en sus decisiones, lo que en su momento no prosperó, y se quedó en una reforma a medias, modificando que la selección de los consejeros locales estaría a cargo del Consejo General del INE, e integrando plazas al Servicio Profesional Electoral Nacional, así como distribuyendo atribuciones entre el INE y los OPLES. Bajo esta lógica en un modelo altamente federalizado en el que las entidades habían gozado de cierta autonomía en la organización de sus procesos electorales, resulta un reto poder superar este obstáculo. La óptica de esta propuesta puede no resultar negativa en su planteamiento, por el contrario, puede fortalecer el sistema electoral, al eliminar una duplicidad en las funciones, así como disminuir la influencia de los gobernadores en las elecciones. En este borrador se omite la eliminación de los tribunales locales, algo que desde mi perspectiva ha quedado en el rezago de la justicia, al ser altamente evadidos por los actores políticos acudiendo en su mayoría a las Salas Regionales del TEPJF.

Finalmente, el último punto que destaco es la eliminación de la fiscalización como atribución propia del INE, sin duda uno de los mayores errores que pueden ser planteados. La democracia mexicana ha demostrado en su historia que se requiere de una serie de candados que impongan la normativa sobre lo político, la fiscalización es ejemplo de ello, y un elemento que resulta indispensable para garantizar la aplicación de los recursos, así como una competitividad electoral en piso parejo. ¿Qué ocurriría de realizarse esta reforma, y los partidos políticos se auto fiscalicen? Lo más seguro que las cuentas de todos los actores políticos salgan en blanco y sin ningún tipo de sanción o multa, así como el peligro (que ya bastante ha permeado) de que recursos de procedencia ilícita inunden las campañas electorales, sí bien el propio Instituto ha realizado esfuerzos para ser más precisos en la fiscalización y en la rendición de cuentas, de aprobarse este apartado en la posible reforma significaría un retroceso en la democracia.

Concluyo con la idea que es necesaria una reforma electoral, sí, pero ésta debe ser cuidadosamente estudiada y diseñada de acuerdo a estándares propios de una democracia, y no bajo lógicas de control político, que incendian a las instituciones para legitimar agendas políticas.


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