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OPINIÓN

Otra vez: rasgos de Estado fallido

El Estado mexicano ha sido incapaz de atrapar a ‘El Toñín’, quien tiene a la población a su favor

Víctor Reynoso

Sociólogo por la UNAM, maestro en Ciencia Política por la FLACSO y doctor en Ciencias Sociales por El Colegio de México. Profesor jubilado de la UDLAP. Sus líneas de trabajo como investigador son sistemas electorales y sistemas de partidos en México, democracia y cultura política. Autor de diversos libros y artículos especializados.

Martes, Agosto 10, 2021

Cuando el Ejército Mexicano liberó al hijo de ‘El Chapo’ en Culiacán, después de arrestarlo con fines de extradición, muchos justificaron la medida aduciendo que de lo contrario habría habido un baño de sangre. Quizá tenían razón, pero el problema no estaba en esa decisión particular, sino en que el Estado mexicano fue incapaz de ejercer su principal función: el monopolio de la violencia legítima.

Lo mismo está sucediendo hoy en Puebla. El Estado mexicano ha sido incapaz de atrapar a ‘El Toñín’. El presunto delincuente ha podido, como el hijo de ‘El Chapo’, movilizar a la población a su favor. Casos distintos: en Culiacán sicarios bien armados, en Puebla población civil; pero coinciden en que impiden al Estado cumplir su función.

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Podemos suponer que hay mexicanos encarcelados injustamente. Pero en casi ninguno de esos casos se moviliza la población, al grado de tomar una autopista, como en Puebla ahora para evitar la injusticia. Es de suponer lo obvio: que hay otro interés, que las actividades del inculpado generan ganancias que son repartidas entre la población, y que ésta, para defender sus intereses, se moviliza.

Por otro lado, las actuaciones de nuestro Estado, desde hace décadas, están lejos de ser impecables, lo que le puede otorgar cierta credibilidad a ‘El Toñín’: que es un chivo expiatorio. Que los verdaderos delincuentes pueden estar en otro lado, en buenas relaciones con los poderes públicos.

Lamentablemente hay razones para esta confusión. Un Estado poco eficiente que deja muchas dudas. Que detiene a inocentes y deja libres a delincuentes. No en todos los casos, ciertamente. Pero sí en los suficientes para que la confusión exista.

El Estado contemporáneo es un Estado de Derecho. De lo contrario es un Estado fallido. Un Estado que respeta las leyes y es capaz de aplicarlas. El Estado es un agregado complejo de instituciones y de personas que van desde el presidente de la República hasta el policía municipal del más modesto de los municipios. Abarca a gobernadores, pero también a las policías y a los jueces.

En esa compleja cadena de personas e instituciones hay cosas logradas, y hay fallas graves. Cosas que no se resuelven con un cambio de partido en el gobierno, ni con la llegada del mejor de los mexicanos a la presidencia o a la gubernatura.

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