Miércoles, 20 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

La intencionalidad de encontrar el amor

El centro o el origen del encuentro amoroso está dentro de cada quién, en la intencionalidad

Abelardo Fernández

Doctor en Psicología, psicoterapeuta de Contención, musicoterapeuta, escritor, músico y fotógrafo profesional.

Jueves, Julio 15, 2021

Si bien hay una enorme cantidad de temas importantes en el devenir humano, el tema del amor es uno de los más socorridos. ¿Es acaso un estado ideal el del amor y esto lo hace presa de nuestras pretensiones más destacadas? Llamamos amor al encuentro con la pareja deseada o buscada o simplemente encontrada. Cuando la magnitud de la sintonía es importante decimos que nos pega en el corazón, órgano al que atribuimos corporalmente los efectos del vínculo amoroso, y comenzamos a vivir una temporalidad distinta a la que vivimos normalmente. En su mayor parte el amor es una experiencia temporal.

Le llamamos “amor de nuestra vida” para potencializar su importancia, y, es justamente, el mayor de sus desafíos: el perpetuarse en el tiempo, su efecto abarcador lo queremos todos los años que nos quedan por vivir y así elevamos su relevancia.  

Más artículos del autor

La temporalización del amor tiene una de las condiciones imprescindibles para nuestra existencia, Me refiero a la trascendencia, ya que si por algo el amor es importante es que nos permite trascender a través del tiempo. La temporalización del amor es tan necesaria que los enamorados afirman con una contundencia inusitada, el haberse conocido en vidas anteriores y que en realidad ese ser infinito que tenemos enfrente nos ha pertenecido siempre. Aunque luche por hacerse espacial el amor es un fenómeno principalmente temporal, solo el tiempo es el que lo autentifica, insisto, a sabiendas de que conocemos a uno y a otro y a otro amor después, a cada uno de ellos los llamamos enamoradamente el amor de nuestra vida. Nos volvemos deseantes permanentes de una temporalidad que nos hace jugarretas. Para concretar la validez y la autentificación del amor, los amantes lo vuelven histórico, cada amor define etapas, son parteaguas de la vida, marcan antes y despueces, los amores son historias propias de vida sin duda.

Nuestra amorosa pareja siempre es un espejo, un nuevo espejo donde mirarnos, el efecto reconstituyente y confortante de la novedosa imagen que el otro (a) nos desvuelve desde el amor, desde su amor, va tejiéndose como la más poderosa razón para no dejarlo, dejarla. La otredad o alteridad se convierte casi casi en unicidad, establecemos una poderosa confluencia y la mayor parte de las veces, siempre mientras más fuerte sea el enamoramiento, la vamos convirtiendo en una simbiosis indivisible. Ya varios autores temáticos argumentan sobre esto que nos parece que estamos en el estado ideal de vínculo materno-infantil en el que fuimos los seres más dichosos de la tierra: calientitos, cobijados, acariciados, amados totalmente. La necesidad de la confluencia amorosa es la única experiencia que nos permite abandonarnos al otro y confiar plenamente en él, ser y estar en él, mirarse a través de él, plantearse la vida a través de él. Y aquí tengo un descubrimiento reciente en el que he pensado mucho: el verdadero, verdadero amor de la vida tiene que ser de tu talla, ¿qué quiero decir con talla? Piensen en estas palabras de manera metaforizada, no literal, pero talla es altura, estatura, peso, grosor, personalidad, carácter, belleza, etcétera: estatura moral, altura de miras, peso específico en la vida, no lo sé, acomódenlo como quieran. Puede llegar Margarita, Otilia, Lucero, Ángela, o la que quieran, pero si llega Ana Leticia y tiene la talla que buscas, ese es el único ser en el mundo que verdaderamente te va a completar en la vida y te va a enloquecer por el resto de tu días.

La vasta mitología relacionada con el amor, o mejor dicho, con el encuentro del amor, ya sea el verdadero o el falso, va desde voltear San Antonios, ponerse calzones rojos, tomar agüita de calzón, limpias, menjurjes, etcétera, etcétera. Y en la medida que es una necesidad humana universal no faltan los ditirambos farfullas que pretenden hacer de todo esto un negocio de jugosas ganancias. Como ya lo he escrito en anteriores artículos, la primera etapa en la formación de la pareja es conocida como “El Encuentro”, que como su nombre lo indica, tiene que ver con dónde y cómo encontramos al amor o al siguiente amor de nuestra vida. Habiendo ya atravesado los mitos referidos viene el gran comercio del encuentro de pareja: páginas y páginas de internet, lugares para citas, salones de baile, restaurantes, viajes, e incluso, cruceros específicos para solteros. Como en todo, las personas buscan la manera más fácil de lograr sus objetivos, de hecho, el comercio trata de hacerles fácil esta tarea: entra a esta página, dale click y encontrarás al amor de tu vida. Últimamente te dan variantes donde la posible pareja puede terminar siendo tu amiga ocasional, una acompañante para el cine si es que no te gusta ir solo, o a comer o si solamente necesitas sexo casual sin compromisos, nada que ver con nuestro tradicional cupido que tan contentos nos tenía a los viejitos y nos daba tan buenos resultados. Todos tratamos de encontrar el amor y entrar al desafío de la perpetuidad que nos propone, el asunto es descifrar los pasos que se tienen que dar para lograrlo.

Podemos decir que a pesar de los avances tecnológicos que nos cambian la vida a todos constantemente y que de hecho, forman ya parte de nuestra cotidianidad en todos los sentidos, el encuentro con el amor sigue estas diferencias entre lo nuevo y lo tradicional. Los libros arguyen que el amor de tu vida es alguien que tiene características cuasi familiares, valores parecidos, ideologías empáticas, color de piel, rasgos raciales comunes, el amor de la vida está mucho más cerca de lo que imaginamos, pero, insisto, el internet nos permite encontrar una pareja en Australia de la que nos podemos enamorar y establecer una vida en común. El amor supone un alto grado de empatía, de identificación, pero por sobre todas las cosas, simultaneidad y sobre todo sintonía entre ambas partes. 

Quiero rematar este artículo siendo un tanto paradójico con lo que ya he escrito, y no quiero aparecer como un descubridor del hilo negro o del agua tibia pero hoy creo que el centro o el origen del encuentro amoroso está dentro de cada quién, en algo de lo que yo he desarrollado una tesis amplísima de mi doctorado, eso es La intencionalidad. La búsqueda nos lleva al encuentro, ambos se sustentan en el deseo, el deseo de toda la vida, un deseo de completud, de encuentro, de compañía, de compañerismo, de coincidencia, de empatía ideológica, personal, existencial, en fin, de cierta manera todos sabemos dónde buscar o dónde querer buscar, dónde nos sentimos libres y felices, la intencionalidad se alimenta en nuestros sistemas de representación interna y ahí está la respuesta. Insisto, el gran y verdadero amor de la vida está mucho más cerca de lo que imaginamos, cerca de lo que queremos y de lo que buscamos. Intencionalidad significa ir hacia, y eso creo yo que es lo que tenemos que hacer.

Les dejo un abrazo a todos y todas. Preguntas y comentarios en mi página: Psicoterapeuta Abelardo Fernández en Facebook. Citas al +52 2222 17 3439.

Vistas: 996
AL MOMENTO
MÁS LEIDAS

Blogs