Política, profesión y sentimientos

Martes, Octubre 12, 2021 - 10:40

Empleados públicos que están en trabajos de riesgo psicológico considerable deben ser acompañados

Doctor en Psicología, psicoterapeuta de Contención, musicoterapeuta, escritor, músico y fotógrafo profesional.

Durante un poco más de dos años he dedicado mi trabajo y mi profesión a un proyecto que deseo compartirles de frente y sin tapujos. Alguien, preocupado por las personas que se dedican al control y la inspección del ambulantaje en Puebla en pesados horarios de trabajo y condiciones de peligro, enfrentamiento y, de hecho, violencia real: golpes, descalabros, hospitalizaciones, etcétera; decidió que se les ayudara como personas a sobrellevar el estrés del trabajo, del enfrentamiento y la adrenalina diaria que necesitaban para llevar a cabo los operativos que se les encomendaban. Como ese alguien que lo pensó era funcionario el hecho se mira hoy como algo político y por tanto, reprobable por una nueva política.

Frente a esta necesidad a mí me tocó aterrizar el cómo se haría este trabajo al que terminé llamándolo Contención. Poquitos años antes, en otra administración por cierto, también llamé Contención al trabajo con personas que trabajaban con mujeres violentadas y que escucharlas les provocaba un estrés y una tensión que debía atenderse. De esa manera la palabra Contención comenzó a decir, atender a empleados públicos que están en trabajos de riesgo psicológico considerable, por decirlo de una manera sucinta y concreta.

Octavio Paz en El laberinto de la soledad, escribe con tremendo tino que los mexicanos cuando entramos a trabajar en este capitalismo, dejamos de existir; nos convertimos en números, en cifras, en datos, en resultados, en necesidades políticas, pues justamente la contención es el proceso de resurrección del hombre, la existencia personal de cada uno de los inspectores de Vía Pública y guardia ciudadana. El proceso es “habla de ti, de lo que eres, de lo que piensas, de lo que entiendes, de lo que anhelas, de tu historia, de tu familia, de tus amores, de todo lo que quieras.”

Contener comenzó a traducirse cómo existir como personas. “Es que la gente en la calle nos grita mantenidos, huevones, muertos de hambre, buenos para nada, parásitos”, repetían todos en cada una de sus sesiones en son del aprendizaje de la indiferencia. Organizados por grupos de seis personas, todos estos personajes comenzaron a llegar a mi consultorio simplemente por dos horas al mes; eran solo dos horas el mes donde se podían sentar, acostar, existir, y compartir su vida y sus pensamientos, jugar también, desestresarse, reflexionar y comunicarse con los demás, conocer a los demás, mirar a los demás como un reflejo de sí mismos. Comenzamos a notar que había una educación en valores, reflexiones relacionadas con el respeto a las mujeres y los asuntos de género, las relaciones entre ellos, las insinuaciones, la tensión laboral, las características de personalidad y carácter de alguien en particular, las maneras de ser y de estar en el mundo de cada quién. Muchos comenzamos a notar que sucedía el desarrollo humano verdaderamente. Las personas mejoraban, cambiaban de pensamientos, modificaban sus respuestas ante lo que les ocurría, se comunicaban con la ciudadanía con mejores argumentos y de manera educada, comprendían procesos de la gente en la calle, etcétera; crecían como personas, insisto, y no dejaron de hacerlo durante estos dos años.

Muchos compartieron lágrimas e historias familiares de violencia, abandono, infidelidad, perversión y, sobre todo, ideas y principios que les había destrozado la vida en todo momento. Esta es la Puebla que está dentro de nuestras caras de aparente alegría y felicidad, dentro de nuestro silencio; la verdadera historia de una Puebla machista y feminicida, en fin. Nos acostumbramos a conocernos y a crecer juntos, a inventar teorías de cómo salir adelante y seguir la vida, de cómo entender que pronto, muy pronto, esta semana para ser concretos, todo esto llegará a su fin y que cada quién buscará la subsistencia como pueda y donde pueda: “vamos bajando la cuesta que arriba en mi calle se acabó la fiesta”. Y todo lo que nos planteamos como cumplir, ser puntuales, dar a nuestros hijos el sustento que se merecen por haber llegado a esta comedia extraña e incomprensible llamada mundo, tener valores, respetar a los demás, lo dejaremos para que otros tantos, seres humanos igual, comiencen a llenar para vivir la misma soledad interna de no existir como personas trabajando para el servicio público.

Nunca dejó de aparecer el comentario estúpido y retrógrada de si es que los inspectores de Vía Pública y de guardia ciudadana se les había quitado lo loquitos porque tenían que ir a un Psicólogo: es tan patética la manera en la que muchos poblanos critican a los psicólogos como creyendo liberarse de su propia patología y descomposición personal; gente podrida que se cree a salvo estando lejos del psicólogo. En fin, no me engancho. Saber que esta semana se terminará todo en el nombre de una nueva administración y una nueva política que no registra que las personas tienen la necesidad de existir y de crecer, y de educarse en valores y de tratar mejor a los ciudadanos como un servicio laboral permanente que conviene a todos; pues, la verdad, no es feliz ver que el esfuerzo ya no continúa, y a buscarle por otro lado con mi experiencia, mi conocimiento, mi destreza y manejo de grupos, mi humanismo y mi existencialismo a cuestas. Buscaremos por otros lados. Política, profesión y sentimientos.

No sé si tendré la oportunidad de explicárselo a alguien de la nueva administración. Aquí los que trabajamos no lo hacemos por partidos, lo hacemos porque el sentido de nuestras acciones se transforme en beneficios y cosas buenas para los demás, sin importar del partido que sean. Como soy catastrófico un poco y creo que no tendré oportunidad de explicar con calma todo esto a un funcionario de la nueva administración deseando que se sensibilice y podamos seguir en el proyecto, pues hoy decido escribirlo en mi colaboración cotidiana en este periódico digital -que muchas personas leen- con la ilusión de que alguien de la nueva administración lo pueda leer con calma y conozca todo lo que ha sido la Contención estos más de dos años. Escribir aquí también es mi manera de existir y levantar la mano y decir aquí estamos quienes trabajamos concretamente por un país y un estado distinto y mejor que el que existe. No es un asunto de partidos, ni de manera de mirar las cosas; quizá sea un asunto de puestos y de poder político, pero personas van a seguir existiendo y este servicio me parece que ha quedado adherido a la condición humana de los servidores públicos, como algo que debería instituirse verdaderamente y que plantea la NOM 035 que pocos conocen.

Nunca he vivido esto que llaman proceso de entrega-recepción. Siempre se aprende algo nuevo, de hecho, todos los días se aprende algo nuevo. Gracias por llegar hasta aquí en la lectura. Te dejo un abrazo y un saludo y esperemos encontrar chamba pronto, digo, si es que la perdemos, igual y nos quedamos o a ver qué pasa, seguimos en la incertidumbre. Hasta pronto, estaremos en contacto.