“Sobrevivir para vivir adquiere un sentido cuando vivir significa vivir poéticamente. Vivir poéticamente significa vivir intensamente la vida, vivir de amor, vivir de comunión, vivir de comunidad, vivir de juego, vivir de estética, vivir de conocimiento, vivir a la vez de afectividad y racionalidad, vivir asumiendo plenamente el destino de homo sapiens-demens, vivir insertándose en la finalidad trinitaria”.
Edgar Morin, Método V. La humanidad de la humanidad, p. 178.
Más artículos del autor
Aunque no hay nada escrito en piedra porque estamos entrando según las cifras y declaraciones oficiales en una tercera ola de contagios, todo parece apuntar hasta el día de hoy hacia la reapertura de las escuelas y el reinicio gradual, híbrido, con muchas medidas de prevención, de la actividad educativa presencial en todos los niveles para el siguiente ciclo escolar que inicia en agosto.
Los directores escolares y los profesores de Puebla recibieron y trabajaron ya en la información que emitió la Secretaría de Educación Pública estatal sobre el modelo educativo híbrido que regirá las actividades escolares y por lo que se sabe por los medios de comunicación, todas las entidades federativas hicieron algo similar para preparar el regreso a las aulas.
El calendario escolar -ahora ampliado nuevamente a doscientos días de clases- contempla una primera etapa de diagnóstico y recuperación de los aprendizajes perdidos en este casi año y medio en el que las instituciones educativas estuvieron cerradas con motivo de la pandemia del llamado popularmente Covid-19 para después del mes de noviembre, comenzar propiamente con los nuevos aprendizajes del plan de estudios de cada grado escolar.
Desafortunadamente, desde mi punto de vista, este plan de retorno y las etapas marcadas en el calendario escolar adolecen de lo mismo que tuvo el llamado programa “Aprende en casa” que utilizó centralmente a la televisión como medio para la continuidad educativa en las condiciones que obligaba la pandemia.
En efecto, así como el programa “Aprende en casa” tenía como finalidad implícita mandar el mensaje a la sociedad de que las escuelas seguían funcionando como siempre y que solamente cambiaba el medio de transmisión de los contenidos -del maestro a las clases por televisión- en lugar de sustentarse en una reflexión pedagógica profunda y disruptiva que pensara en lo que los niños y adolescentes tendrían que aprender a partir de la experiencia inédita que estaban enfrentando con sus familias, el modelo de regreso híbrido parece ser el diseño de una etapa intermedia en la que progresivamente se irá volviendo a la antigua normalidad, sólo que con medidas sanitarias de prevención.
En el cierre de este ciclo escolar que acaba de concluir por ejemplo, la autoridad educativa se ocupó centralmente de elaborar mensajes elípticos que decían sin decir que ningún estudiante debería reprobar asignaturas y muchos maestros y maestras se preocuparon e incluso se molestaron por esta medida que los obligaba prácticamente a poner calificaciones aprobatorias a todos los estudiantes, hubieran cumplido o no con los requisitos y el trabajo de sus cursos.
Ni las autoridades ni los docentes y directivos de los distintos niveles centraron sus esfuerzos y espacios de diálogo en común en diseñar y aplicar una evaluación cualitativa que brindara información completa e integral de todo lo que vivieron los niños y adolescentes en estos meses tan complicados y de los aprendizajes significativos para la vida que obtuvieron de sus experiencias -estuvieran o no contemplados en los planes de estudio- y la forma en que cambiaron su forma de ver y enfrentar la vida.
La etapa de diagnóstico y recuperación sería una oportunidad de oro para conocer las formas en que sobrevivieron este tiempo de miedo, incertidumbre, encierro obligado, aislamiento de sus amigos e incluso violencia intrafamiliar o pérdida de seres queridos.
Una oportunidad para organizar procesos de recuperación, socialización, sanación y valoración de este tiempo de crisis personal, familiar, comunitaria y mundial para convertir este proceso de supervivencia en un proceso orientado a vivir. Como dice Morin en el epígrafe de hoy, habría que buscar que cada educando encuentre un sentido en el sobrevivir a la pandemia para vivir poéticamente.
Que esta experiencia de haber sobrevivido se convierta en un despertar de la consciencia que los lleve a vivir intensamente la vida en cada momento, que los haga vivir de amor, vivir de comunión con los demás, vivir de comunidad que se construye y reconstruye a diario, vivir de juego y diversión en su sentido más pleno, vivir de belleza y de conocimiento pero al mismo tiempo vivir de afectividad, de emoción inteligente, crítica y responsable y de racionalidad afectiva que combata la desmoralización y haga resurgir el deseo profundo de vivir humanamente y de construir un mundo humano en el que todos puedan hacer lo mismo.
Porque el verdadero aprendizaje, el aprendizaje que capacita para que se pueda sobrevivir para vivir, es como dice Doris Lessing una experiencia en la que “…de repente entiendes algo que has entendido toda tu vida, pero de una manera nueva…”
Esto es el aprendizaje: de repente entiendes algo que has entendido toda tu vida, pero de una manera nueva.
La pandemia en este sentido debe haber dejado muchos aprendizajes en nuestros educandos, así como también debió dejarlos en nosotros. Muchas cosas que creíamos entender o que habíamos entendido desde siempre han adquirido una nueva forma, un nuevo sentido o significado, una nueva perspectiva, una mayor interiorización en cada uno de nosotros y en cada uno de los estudiantes por más pequeños que sean.
El tiempo de reposición tendría que ser un tiempo de recuperación de estos aprendizajes relacionándolos con las distintas asignaturas y no solamente una sucesión de días planos donde hacemos “repasos” o repeticiones de conceptos que creemos que los educandos no entendieron y que deben cumplirse para llenar los requisitos formales que pide cada grado escolar en cada una de las materias que lo conforman y que muy a menudo tienen poco o nada que ver con la vida.
Porque hacer que los alumnos regresen de haber sobrevivido a la pandemia a empezar a sobrevivir a las rutinas sin sentido de la escuela sería una muestra de lo inútil que fue todo este tiempo en el que la experiencia del miedo a la enfermedad y la muerte, la crisis económica, familiar, comunitaria, planetaria y la incertidumbre prolongada que nos desgastó física y emocionalmente y nos llevó a sentir en carne propia nuestra vulnerabilidad debería habernos enseñado la necesidad de cambiar nuestros estilos de consumo y de convivencia y de valorar lo que realmente tiene sentido en una vida humana que no sólo es supervivencia, sino vivencia poética.
Ojalá todos los que nos dedicamos a educar reflexionemos profundamente sobre esto y generemos estrategias y dispositivos didácticos realmente creativos, disruptivos y acordes con el desafío que enfrenta la humanidad y que la pandemia hizo solamente más visible.
Ojalá caigamos en la cuenta de que como dice acertadamente Morin -y más después de la pandemia- a la escuela “…se regresa cambiado, el que regresa es otro….” Yo soy ya otro y cada uno de mis estudiantes será otro, porque el aprendizaje que es verdaderamente significativo, como dice el mismo pensador planetario, es transfiguración.
https://www.euroresidentes.com/entretenimiento/frases-citas-imagenes/frases-de-aprendizaje
Edgar Morin, Educar en la era planetaria, p. 23. https://programa4x4-cchsur.com/wp-content/uploads/2016/11/64291196.Morin-Ciurana-Educar-en-La-Era-Planetaria-1.pdf