“No pretendemos defender nuestras equivocaciones, pero tampoco queremos cometer la mayor de todas; la de esperar con los brazos cruzados y no hacer nada por miedo a equivocarnos.”
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He querido iniciar con este fragmento del pensamiento del Jesuita Pedro Arrupe, ya que fue lo primero que me vino a la mente, cuando a inicios de esta semana me topé con la presentación de un modelo educativo poblano, con la pretensión de enfrentar el impacto inmediato y mediato, producto del confinamiento obligado al que hemos sido sometidos. Como se observa, el texto alude que el arriesgar y equivocarnos es deseable, ante la imposibilidad de permanecer inmóviles ante las exigencias de nuestros entornos.
En su momento lo expresé, el declarar una propuesta educativa para Puebla. Por parte de las autoridades educativas del estado, me pareció inusual y arriesgado al proporcionar un referente que permitiría una valoración de los resultados que informaría al final de la gestión. Las 4as, como referente social de las aspiraciones educativas y las 4as como el fundamento orientador de la propuesta, encuentran la necesidad de dar continuidad a las decisiones y acciones a lo largo de la gestión de gobierno.
El Modelo Educativo Híbrido 2021-2022 (https://bit.ly/2Ulplua) es una propuesta, que a mi juicio, encuentra su mayor virtud en representar un esfuerzo poblano para enfrentar los viejos y nuevos retos educativos en nuestra entidad. Desconozco si funcionará, ya arrojará los resultados pretendidos; sin embargo, lo que hay que reconocer es la virtuosa posición de ser propositivos ante los entornos adversos que enfrentamos; con el valor añadido, no menor ni común de ser una propuesta emergente desde Puebla.
Entre los múltiples componentes que bien valen la pena centrar la atención quisiera mencionar, aunque de manera breve, cuatro de ellos: 1) el concepto de híbrido, basado en la imbricación del modelo presencial, del modelo a distancia y la autonomía como forma de actuación de los sujetos involucrados, lo que se traduce en la selección de contenidos y distribución de tareas, entre casa y el aula, en el marco de la autonomía, 2) los tres escenarios posibles que enfrentaría un profesor, en términos de recursos tecnológicos, dada la diversidad de realidades de nuestra entidad: favorables, intermedias e insuficientes; situaciones que obligarían una planeación diferente a lo que anteriormente se hacía, aprovechando lo aprendido durante el tiempo en el que se ha estado en confinamiento, y 3) La posibilidad de decisión y actuación de los profesores y sus colectivos escolares, es decir, diseñar actuaciones a la medida, de acuerdo a los contextos particulares de cada escuela.
A reserva de seguir analizando la propuesta, me surgen dos grandes incógnitas: ¿Qué pasa con la formación inicial de los profesores a la luz de esta nueva propuesta?, y ¿sobre qué base se espera la actuación autónoma de los “aprendientes”, si su educación no los ha formado para su ejercicio? Ya veremos…
Mención aparte merece el foro realizado para la “democratización del modelo” el pasado miércoles 7 de julio, mismo al que “asistieron” de manera remota, alrededor de cincuenta y cinco mil figuras educativas de la entidad, correspondientes a la educación obligatoria del estado, entre profesores, directores de escuela, supervisores, jefes de sector, directores de nivel, entre otros. Ya hablaremos de ello.
En fin, bien merece la pena, darse el tiempo de analizar de manera seria esta propuesta para generar elementos de crítica que contribuyan al fortalecimiento de una propuesta pertinente para la problemática que enfrenta la educación en Puebla.