A casi un mes de la jornada electoral y por las actividades propias del trabajo y la vida cotidiana, me había sido complicado plasmar reflexiones que resultan necesarias sobre estos últimos comicios.
Quiero empezar por analizar la sorpresiva, pero de cierta manera esperada participación electoral, que, si bien no es el único indicador para evaluar y medir la calidad de la democracia, sí que resulta un parámetro que arroja conclusiones interesantes sobre el impacto en la cultura política del mexicano.
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En el caso del estado de Puebla, de acuerdo a las cifras obtenidas por el PREP 2021, la participación fue del 56.02% que a decir de un comparativo con las últimas elecciones resulta un dato interesante, más en una elección que conocemos como “intermedias” en donde la participación generalmente resulta menor. El involucramiento de la ciudadanía en esta elección también se refleja en los cambios de partido en el poder de diversos municipios y distritos electorales.
Puebla ha demostrado que la ciudadanía cada vez deposita una carga crítica a su voto. En el municipio de Puebla esto se demuestra con la cantidad de votos obtenidos por Eduardo Rivera Pérez, quien logró una ventaja de 21.38% sobre su contrincante Claudia Rivera Vivanco, lo que refleja una clara voluntad de los votantes de dar una oportunidad al ya exedil de la metrópoli; lo que también representa un proyecto político hacia una posible candidatura a la gubernatura en el 2023.
Otro caso que demuestra la racionalidad del voto del ciudadano es el suscitado en Atlixco, municipio tradicionalmente gobernado durante varios trienios por Acción Nacional, y que en esta elección los resultados no fueron alentadores al obtener Guillermo Velázquez una votación del 27.36% frente al 49.61% obtenido por su contrincante Ariadna Ayala, lo que representa una distancia porcentual del 22.25% un hecho histórico en un municipio que no había sido gobernada por algún partido de izquierda.
A decir de la conformación del Congreso local, basta revisar los distritos electorales locales de la zona conurbada en el que la Coalición Va por Puebla resultó con una clara ventaja. En resumen, de los 26 distritos electorales que son obtenidos por mayoría relativa, la coalición Va por Puebla logró hacerse de 11 espacios en el Congreso, frente a la aún conservada pero endeble mayoría obtenida (a través de las combinaciones de la coalición MORENA, PT, PSI etc.) de 17 lugares. Esto a la reserva de la asignación de curules de representación proporcional.
Otro fenómeno que me resulta interesante de analizar es el vinculado a esta amplia variedad de partidos políticos que participaron en la elección (un total de 10). Una de las primeras opiniones y que es bastante generalizada sobre la existencia de estos es el costo que representan a los ciudadanos, para la poca actividad política que tienen, sin embargo, pese a que concuerdo que debería de existir un financiamiento más austero, me parece que la existencia de esta diversidad de partidos permite a los ciudadanos tener una mayor participación en el sistema político, y crear una pluralidad en la gobernabilidad democrática.
Sí bien muchas voces apuntaban a que el efecto Morena mantendría ese avasallador poder electoral que lo hizo ganar en el 2018 con el 6 de 6. Estos comicios en el ámbito local demostraron que existe una crítica ciudadana hacia el desempeño de sus gobernantes, creando una pluralidad política en el mapa del Estado que no se había reflejado en mucho tiempo.
Concluyendo estas breves reflexiones puedo observar que la ciudadanía cada día tiene mayor interés en los asuntos públicos, y una mayor crítica al desempeño de sus gobernantes, quienes son recompensados o castigados a través del voto, la pluralidad y la alternancia en las gestiones resultan en el oxígeno que toda democracia debe de tener para garantizar su estabilidad a través de contrapesos.