Otro aspiracionismo

Martes, Junio 22, 2021 - 19:53

Entender el concepto de clase media a través de Enrique Salgado y de Viktor E. Frankl

El profesor universitario en la Universidad de las Américas - Puebla. Es licenciado en sociología por la UNAM y doctor en Ciencia Social con especialidad en Sociología por El Colegio de México.

No es fácil definir qué es clase media. Presento aquí una definición peculiar, no excluyente de otras. La idea se la debo a mi amigo Enrique Salgado que al hablar dinero decía: “lo importante es estar arriba de la barrera del steak”.

Su idea coincide con la del psicoterapeuta austríaco Viktor E. Frankl: “el único sentido de tener dinero es no tener que pensar en el dinero”. Lo decía con conocimiento de causa, a partir de pacientes suyos obsesionados no tanto con tener más, sino con tener más que otros. Empeñados en jugar el juego “yo tengo más que tú”, caían en una neurosis y en el sufrimiento consiguiente.

Frankl no rechazaba al dinero ni le quitaba importancia. Lo veía como un requisito indispensable en la vida. Si no satisfacemos nuestras necesidades materiales básicas, nos vemos condenados a pensar en el dinero. Una condena lamentable: en la vida hay muchas cosas mucho más relevantes en que pensar.

Era la misma idea de Salgado. Superar “la barrera del steak” significa tener el ingreso suficiente para no preocuparse por las necesidades materiales básicas.

Esas necesidades básicas varían en cada sociedad. La cuestión está en lo que decía Frankl: que cada quien, en su contexto social e histórico, tenga satisfechas sus necesidades materiales, de manera que pueda pensar en otras cosas, en las cosas que le dan significado a la propia vida.

Quienes proponen que en toda sociedad haya un piso mínimo de bienestar para todos los ciudadanos coinciden con esta idea. Que todos tengamos los bienes materiales suficientes para no tener que pensar en los bienes materiales. Eso es, en cierto sentido, una sociedad de clases medias. Esa es una aspiración legítima y viable.

Hay en esta propuesta una doble crítica. A la pobreza, que impide o limita una vida digna y con sentido. Y a la frivolidad que reduce el sentido de la vida al ascenso social, al continuo trepar, al jugar indefinidamente el juego “yo tengo más que tú”.

Para algunos el dinero genera aversión: lo ven como un mal en sí mismo. En otros genera un apego patológico. La idea de Salgado y de Frankl rechaza tanto la aversión como el apego: el dinero es un medio, ciertamente indispensable, para tener una vida que valga la pena. Cualquier cosa que eso signifique.