Cuando escuchamos las hazañas históricas, a gran parte del mundo nos da placer saber que fuimos el débil que venció al enorme, porque en eso existe más heroísmo, mérito y esfuerzo, requisitos para poder validar una victoria respetable.
Pero qué pasa si como dice Malcolm Gladwell, descubrimos que Goliat era un gigante con acromegalia y David un arma mortal de ese entonces en el que los honderos eran la artillería de los ejércitos y que al día de hoy, la fuerza de sus lanzamientos emula la potencia de un calibre 45.
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Este precepto cambia por completo nuestro concepto: no estar preparados y solo tener lo que tenemos y con eso enfrentarnos estoicamente a un gigante.
Me agrada la idea de creer que en la vida profesional y competitiva topamos muchos gigantes como Goliat que en verdad la única fortaleza que poseen es su apariencia, ser gigantes, lentos, con armaduras brillantes y armas que podrían destrozarnos si nos acercamos…
Si nos acercamos
Nuestra sociedad está criada para darle valor a estas características y nos empuja a intimidarnos ante oponentes o retos enormes sin darnos cuenta que quizás estemos tan bien preparados que solo necesitamos una honda y cinco piedras para comenzar un imperio y no es que sea lo único que tenemos.
Qué cambiaría desde ahora si comenzamos a contar la historia de que Goliat era un gigante inútil que solo brillaba y gritaba seguro por el reconocimiento que su propio ejército le daba; no alguien ajeno que tenía fuerza pero era lento y sin ideas claras para un combate más que las de siempre; que para dar un golpe necesitaba que se acercaran a un metro de él o entonces toda su indumentaria se convertía en eso y que tanto escándalo solo hacía evidente su inseguridad.
Qué pasa si ahora contamos que David tenía años de experiencia asustando bestias de verdad, lobos hambrientos con fauces filosas y sin razonamiento, que todos los días rondaban su ganado y que aun así siendo bestias tenían precaución y miedo de David, porque aquél que tenía una honda podía matar hasta a 180 m de distancia. Qué pasa si decimos que David acertó a la primera pero tenía otras tres o cuatro piedras por si fallaba.
En qué nos convertimos si ahora nos vemos como este David y entendemos que la victoria que ahora estamos buscando depende más de nuestra preparación, experiencia, juventud mental y no de algún acto heroico que nos haga derrumbar por suerte a un gigante torpe, grande y ciego que solo grita y brilla mientras no se topa con un experto en matar bestias que aúllan y enseñan los dientes hasta que las tumban con una honda y quizás cinco piedras.
@RafaGoli