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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Un regalo

Te regalo las resignaciones de no poder escalar mis cimas, de cuando tengo tinta, pero no poesía

Rafael Gómez Olivier

(Rafael Goli) Coach y consultor en alta dirección; escritor y creador del método Estocástico. Ha entrevistado a líderes globales, compartido experiencias internacionales y publicado Heroína de Dios, con más de mil copias vendidas. Su columna fusiona reflexión, vivencias y preguntas que invitan a actuar con dignidad e integridad.

Domingo, Mayo 3, 2026

Te regalo un pedazo de mí, mis mañanas y rostros en las tardes que compartimos; te regalo las melodías de estas carreteras y los problemas de estos tiempos para que me entiendas, victorioso o derrotado. Te regalo los hábitos de hoy y los libros que estoy leyendo, las vistas de estos soles y lunas, y no el sol y la luna porque no soy el único dueño.

Disfruta y sufre estos ángeles y estos demonios, el agua fría en la ducha y caliente en el café. Disfruta de decir no a los vicios que me destruyen y sí al cigarrillo en un mal lunes.

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Te regalo las guerras que yo no inicié en el mundo que no fundé; también las crisis personales que no pedí, pero provoqué. Te regalo los premios que me da el esfuerzo y también los que me trae la suerte. Te regalo completo y no solo te comparto, porque compartirte es la mitad de lo que quiero que experimentes.

Porque no habrá una repetición si es que hay más vida; porque
no necesito quedarme con pedazos de lo que voy siendo, pues estorban en lo que voy construyendo.

Sé que a veces suena a poco adornar y ponerle una nota linda a una noche, hasta que esa noche es la última que envolvimos con vida.

 Te sirvo este que soy hoy, por si mañana ya tampoco yo lo bebo.

Por si mañana alguno cambia de trago favorito. Entonces te doy este trago sin hielos ni agua, para que tu boca disfrute, aunque quizás te raspe la garganta.

 Te adorno mi caos con poesía, te hablo con calma lo que a mí me grita.

Te adorno esta simple silla en la que escribo con las fantasías y sueños que imagino.
Pongo en tu plato los abrazos, besos y consejos que están maduros y listos para ser tomados; te cuido de no probar lo que pudrí y deseché en el que fui ayer.

Y muestro delante de ti el terror y amor a la soledad, el drama de la derrota y mi pavor a la intrascendencia; y también delante de ti me perfumo con aroma a raíces de Dios, sándalo de valentía, cáscaras de seguridad, pétalos de inconsciencia y notas de ego con piel de familia.

Te muestro mi armario negro que me llena de luz cuando lo uso, y las noches que son amaneceres a mis libretas. Te regalo los poemas, los momentos que los inspiran; te regalo mis momentos y los poemas que inspiran.

Te regalo el antojo a menta húmeda y a whisky seco, y los ánimos que después de beber alguno surjan.

Te regalo las ganas de montañas, las ganas de tinta, las ganas de correr, las ganas de que la vida no cambie tan rápido; las ganas de golpear con guantes a un costal, imagino a un humano.

Te regalo las resignaciones de no poder escalar todas mis cimas, de cuando tengo tinta, pero no poesía; las resignaciones de los días en los que solo se camina, y de que no pueda detener el paso del tiempo en lo que amo al mismo ritmo de lo que me lastima.

Te regalo la resignación de a veces ser el humano que imagino golpear en el costal escuchando a Joaquín Sabina.

En fin, a ti que compartes esta etapa de mi vida, que has coincidido en estos años, meses o días: sin la máscara de aparentar lo que no soy, sin la osadía de inventar lo que no habito.

Te regalo lo que he creado a tu lado o en tu compañía, porque en esta vida estocástica, quizás en ese futuro solo recordemos lo que fuimos algún día.

 

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