Make Puebla Fifí Again

Martes, Junio 8, 2021 - 08:57

Este domingo fue propicio para que los míticos ángeles rubios bajaran del blanquiazul cielo

Ayer, día de elecciones, después de votar, luego de anular la boleta de diputados federales, salí a buscar algún lugar para comer, el segundo desde de mi confinamiento, en esas andaba cuando, en una esquina de la 25 Oriente, por la Bellavista, mis ojos descubrieron un pequeño restaurancito español que llamó poderosamente mi atención, el desenlace de esa comida me habría de brindar la clave de la derrota morenista en la zona metropolitana de Puebla.

Fue un domingo nublado, propicio para que los míticos ángeles rubios, fundadores de la ciudad, bajaran del blanquiazul cielo poblano para guiar a los votantes, la mayoría morenos y andrajosos, a las urnas de la rebelión para tornar al pasado reciente, para volver la rueda de la historia al México patrimoneoliberal.

Desde muy temprano un buen amigo que colabora en el ayuntamiento de Puebla me dijo, con tristeza y desaliento, que él veía venir la derrota por el acoso del gobierno del estado, la campaña mediática contra ella y, desde luego, por la serie de errores garrafales del equipo de Claudia.

Me inquietó la información, pues la corrupción en el ayuntamiento de San Pedro Cholula, con el nuevo señor de las ligas, no parecía pronosticar tampoco un buen provenir electoral para Morena.

Me acordé que los egregios varones de la iglesia católica, algunos de ellos multimillonarios, llamaron al pueblo de México a votar contra los come-niños comunistas del Peje, contra Morena. Una orden que en Puebla, pese a la secularización, todavía es para muchos palabra divina.

De todas maneras me emocionó que hubiera tanta participación en las urnas y me lastimó la violencia electoral y la descarada compra-venta de dignidades humanas de todos los partidos políticos.

La naturaleza patrimonial del Estado mexicano, con voluntad de poder señorial, vertical, parece ser genético, aquí iba a seguir escribiendo para significar su inmutabilidad cuando me acordé que hoy, también, las ediciones genéticas son posibles: todo es devenir.

Quiero decir, más allá de toda genética transhumanista o posthumanista, el carácter patrimonial de El Ogro Filantrópico, de los poderes públicos de México, parece ser inmune a toda racionalidad-legal, a cualquier intento de caminar por la ruta de la separación entre lo público y lo privado. El triunfo del PRI-AN en Puebla se deja leer, parcialmente, como una muestra del poder infinito de la trenza de intereses entre lo público y lo privado, que corrompe y domina cualquier impulso liberal democrático.

Como sea, fue una votación que algunos especialistas no dudan en calificar de histórica para una elección intermedia...

Hambriento, hasta la médula, entré al restaurante. En una mesa algunos parroquianos españoles disfrutaban de las tradicionales viandas peninsulares, mientras platicaban casi a los gritos, entre otras cosas, de la jornada electoral.

Había muy buen ánimo en sus rostros.

Una mujer joven y rubicunda, muy seria, se acercó a la mesa para levantar la orden, me preguntó si era la primera vez que comía ahí, asentí con la cabeza y, en respuesta, me extendió la blanca mano con el menú, que, en un primer instante, confundí con un volante.

Pedí media fabada con una agüita de jamaica bien helodia que, por momentos, me hicieron lamentar los placeres culinarios perdidos a causa del añejo confinamiento y de mi comprensible temor.

Después de haber devorado la fabada en un silencio meditativo digno de un monje budista, la mujer de ojos azules me recomendó, con voz de dueña del local y del mundo entero, una torta valenciana de jamón serrano, chorizo tipo español y queso, que, sin pensarlo dos veces, acepté primero y luego engullí con los ojos entornados, como al punto del aullido... Cómo me vendría bien una chelita, pensé en voz alta, y la respuesta del ángel frío y serio fue un rotundo no.

Una vez satisfecha mi hambre descomunal decidí tomar un cafecito y consultar los primeros resultados de la jornada electoral, eran casi las siete de la tarde y los rumores de la derrota de Morena en Puebla y en las Cholulas crecía, todo según la información disponible hasta ese momento.

Así estuve por media hora, absorto en el dispositivo, cuando una mano distrajo mis ojos del teléfono, sentí cómo, de qué manera, con qué seguridad amenazaba con quitarme el último sorbo de café, y, sin que yo pudiera hacer nada, sus dedos rodearon el asa de la vasija, la estaban levantando de la mesa cuando reaccioné, clavé la mirada en aquel rostro blanco, casi rojizo, de hablar y actuar imperativos, y le dije que no, que no se llevara mi cafecito, "que aún me quedaba el último traguito" –así le dije.

Con un gesto de disgusto en el rostro, la mano europea de la mujer volvió a descender y regresó la taza a su lugar, entendí que estaban a punto de cerrar y me invitaban a retirarme, pero había algo más…

Descubrí entonces, una vez con la barriga llena y el corazón contento, que la señora que atendía el mesón usaba orgullosa, sobre su cabeza rubia, una gorra rosada con una racista, clasista y aporofóbica leyenda, de espíritu trumpiano, escrita en el frente: "Make México Fifí Again".

Ahora caigo en la cuenta, tardíamente, que la dueña de ese restaurante formaba parte de la corte de ángeles que descendieron sobre la la zona metropolitana de Puebla, para iluminar políticamente a los ciudadanos, para guiarlos por el buen camino de Dios.

Y yo, pobre mortal, estuve ahí, en la cocina misma, frente al rostro angelical que me respondía que México ya no era tan fifí como antes, sentí espantado que aquella voz de acentos coloniales me profetizaba la voz de las urnas: "Make Puebla Fifí Again".


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