En ninguno de los niveles educativos se podrían aventurar afirmaciones absolutas. Ante la certeza de la incertidumbre habrá que estar atento a los sucesos que a cada minuto pueden cambiar, y, sobre todo, ser cuidadosos de no caer en la tentación de jugar al vidente.
En cuanto a los retos que enfrentan las Instituciones Particulares de Educación Superior (IPAES), quisiera distinguir por lo menos cuatro tipos: sanitarios, gestión académica, pedagógicos y axiológicos.
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Los sanitarios referidos básicamente a infraestructura y equipamiento, así como el cumplimiento de protocolos por parte de las comunidades escolares. Diferentes reacciones entre instituciones, que van desde aquellas que han invertido en equipo y mobiliario especial para cuidar la salud de sus comunidades, hasta aquellas, que han preferido evitar esa inversión, esperando a que la contingencia sanitaria ‘pase’, situación que de cierto, no sabemos si se logrará ni mucho menos, cuándo.
En cuanto a gestión académica, hay dos aspectos que han tenido que resolver aquellas instituciones de Educación Superior que están en posibilidad de un regreso paulatino y parcial, a sus instalaciones: a) Modificar su gestión académica, adoptando formatos novedosos de programación que favorecen el cuidado de los estudiantes y profesores; y, b) Una presencia permanente con su comunidad desde marzo del año pasado, a través de la comunicación constante y abierta con la comunidad sobre las dificultades y respuestas que institucionalmente se fueron dando. En este segundo punto es de vital importancia el informar y el formar en los protocolos para el cuidado propio y de los otros, dentro y fuera de las instalaciones.
En el campo de lo pedagógico, el reto es el resignificar el concepto que de “presencia” se tiene, transitando desde la mirada superficial que la reduce a proximidad física, hacia una concepción más profunda que comprenda la necesaria conexión emocional entre las personas.
Imaginemos una clase en aula, a la cual, asisten veinte estudiantes y un profesor, durante una o dos horas comparten el espacio físico de manera próxima, esta situación de proximidad física, no garantiza que los estudiantes entre sí, o con el profesor, logren establecer el vínculo necesario para un aprendizaje deseado; por otra parte, podemos imaginar, un grupo del mismo tamaño que el anterior, pero, con la imposibilidad de coincidir en el mismo espacio físico, esta situación, no impide, que el profesor y los estudiantes, y ellos entre sí, logren establecer el mencionado vínculo. Si no hay movimiento interno de los sujetos que participan en los procesos educativos, resulta difícil pensar que hay modificación o aprendizaje en ellos.
El cuarto tipo de reto, fundamental a mi pensar, es el axiológico. Evitar volver a lo que se hacía antes y a los resultados que se obtenían. El reto radica en aprovechar la coyuntura que se presenta para repensarse como institución educativa, de frente al compromiso que se tiene con quienes acuden a sus espacios, así como con la sociedad en general.
La sociedad actual con las diversas manifestaciones de indiferencia, odio, violencia, en fin, todo lo que ya sabemos, ofrece un panorama poco alentador que debería cuestionar la actuación de las Instituciones Particulares de Educación Superior. Se presenta la oportunidad, histórico-circunstancial para dar un giro a nuestros conceptos que sobre hombre, sociedad, y educación tenemos.
Finalmente ante el desarrollo desigual entre la diversidad de IPAES, habrá que estar atentos a la forma en que se dará el retorno a las aulas. Serán aquellas instituciones con más y mejores bases las que estarán en condiciones de responder mejor ante el reto del regreso a sus instalaciones. En contraparte, serán aquellas en condiciones desfavorables en infraestructura, organización y financieras, las que mayores problemas enfrentarán. La brecha socioeconómico-educativa no solo permanecerá, sino que tiende a ensancharse.