Tan lejos del bienestar, tan cerca de los pastores

Lunes, Mayo 3, 2021 - 09:47

Los aspirantes a redentores hacen (mal) circo, maroma y teatro; la gente sólo aspira a sobrevivir

Reportero y director de medios impresos, conductor en radio y televisión. Articulista, columnista, comentarista y caricaturista. Desempeñó cargos públicos en áreas de comunicación. Autor del libro “Ideas Para la Vida”. Conduce el programa “Te lo Digo Juan…Para que lo Escuches Pedro”.

El proceso electoral en puerta y sus prolegómenos son un auténtico manoseo. Todos meten mano, lo ocultan, lo niegan o lo disimulan.

Los partidos, todos, viven internamente conflictos de variado orden. Algunos son auténticas tormentas. Acaso los salva un electorado hoy ajeno a todo ese ajetreo.

Pero el carnaval interno de cada organización no para. Empezó desde tiempo atrás. Son 13 partidos los que en Puebla contienden y es un mundo de aspirantes a diputados, presidentes y regidores. Muchos generales sin batallas ni tropas, capitanes huérfanos de méritos en campaña.

En ese mar hay de todo. Lo que abundan son parvadas de oportunistas sin vocación de servicio y con sobrado apetito presupuestal. Son legiones, igualmente, los parientes incrustados en planillas y boletas como jamás se había visto.

La desfachatez ha rebasado todo lo visto antes. Quizá el número central del circo es lo que ocurre en Puebla capital. En este relajo están todos, una melcocha multicolor. Y ya se sabe, cuando hay muchas manos en la cocina no hay guiso, surgirá una nada apetecible porquería.

La candidata de Morena se queja del gobernador, el gobernante se lava las manos pero es público su desafecto hacia ella. Gabriel Biestro sale del Congreso del que tampoco se explica uno de dónde y cómo llegó. Él navega  al amparo del gobernante y sin trayectoria, antecedentes, méritos, talento e imagen pierde la contienda interna por la presidencia municipal. Esto, pese a tener todo el respaldo multimodal del gobernador Barbosa.

En el mundillo político poblano, circula la versión de que el tal Biestro tampoco es realmente el fallido candidato del gobernador, sino que lo es Eduardo Rivera, el ayer sumiso ante la bota de Moreno Valle. Si ha de creerse esto último, basta registrar que, en efecto, Rivera, experimentado en la docilidad si eso lleva a las mieles del poder, no toca ni con el pétalo de un discurso a su real fuente de poder.

Rivera, según el supuesto “Plan B”, se mueve con cadencia al estímulo de quien maneja los hilos tras bambalinas, es parte de la estrategia de desplazar a Claudia y tener bajo control al Congreso, a cualquier costo. Presidencia municipal y Congreso, eso es lo que realmente importa, lo demás es música de acompañamiento.

Los sedicentes priistas, con historias impresentables, que hace poco vomitaban al panismo y sus santones, hoy les prestan malolientes chalecos, oficinas, claques y matraqueros. Y estos, acólitos de tercera del morenovallismo (y digo de tercera porque los de primera fueron sólo 5, con fortunas de más de mil millones cada uno; uno de ellos por cierto, hace poco mostró el cheque por un millón de dólares a su vástago mayor), que ayer veían con asco y lanzaban pestes hacia el priismo, hoy le sirven de trampolín y alfombra a los señoritos de azul celeste.

¡Cuál ideología, cuáles principios! Sus objetivos son fenicios, huelen a billetes y fortuna fácil.

Esos son quienes aspiran a ponerse las túnicas de redentores con la antorcha de la democracia en la diestra.

Y todo esto como espectáculo estelar  en una de las varias pistas del escenario circense, se repite en menor escala en todos los distritos y municipios poblanos.

Los actores, actorcitos realmente, son distintos, pero los papeles, de la comicidad al cinismo, son los mismos. Tienen  a su favor que resultan invisibles para un público que tiene otras prioridades.

La primera de ellas es comer. Tener un empleo, sobrevivir.

El grueso de la población, de un estado entre los cinco más pobres del país, está absolutamente ajeno a todo esto.

Y no nos referimos a docenas de municipios lejanos que están en el inframundo del desarrollo, no, aludimos a vastos sectores de los cinturones de miseria de la capital, y de modo específico a los pueblos que están a treinta minutos del zócalo capitalino,  en las riveras de Valsequillo.

Hay ahí, aquí cerca,  vastas porciones de habitantes que ignoran quién gobierna, quiénes compiten, qué partidos, cuándo son las elecciones, cuándo hay que vacunarse, a quienes les toca, qué es eso de las vacunas.

Su mundo es elemental: el monte, animalillos flacos, oficios temporales, ingresos exiguos, la salud al amparo de la naturaleza.

Ellos son del México profundo, tan lejos del poder, tan cerca de sus potenciales pastores.

xgt49@yahoo.com.mx


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