En Puebla la pedofilia es un delito que lamentablemente es más recurrente de lo que nos imaginamos, en donde el pedófilo tiene un mismo modus operandi: líder de un grupo social, deportivo, político o religioso; interactúa con la familia de la víctima, se gana su confianza y la del menor de edad y una vez ocurrido ello realiza sus degeneres. Celebro como nunca que para este delito al menos en este 2021 se está demostrando cero tolerancia. Al tipejo ese llamado Saúl Huerta le deseo que le recaiga todo el peso de la ley.
Me quiero referir a mi estado en el siglo pasado, específicamente a finales de los años setentas cuando por deseo de mis padres estudié en una escuela católica que fue el Instituto Angelopolitano cuyos dueños eran los sacerdotes católicos de la orden de San Felipe Neri. Tenían su Iglesia en la denominada Concordia. En el centro de Puebla ciudad capital. Tenía yo exactamente los 15 años de la víctima de ese tipejo de apellido Huerta, cuando un miembro de esa institución intento abusar de mí. Tuve las fuerzas para empujarlo y así evitar ser lastimado por un líder espiritual degenerado que pretendía hacer conmigo sus fechorías. Fui víctima de ese individuo y se me quiso expulsar de mi escuela secundaria porque había agredido a una autoridad de la misma, inventándome que de la nada lo empujó y que se lastimó y merecía un castigo. Fuerte fue el apoyo de mi padre que no obstante su religiosidad buscó enfrentar esa autoridad religiosa para ponerle un escarmiento. Aquí lo difícil en mi caso fue no obstante el haber sido agredido en grado de tentativa, el tener que defenderme para no perder el año escolar porque el simple hecho de que dije la verdad de lo ocurrido y los otros padres o sacerdotes, siempre quisieron señalar que las cosas fueron diferentes a como ocurrió. Mis compañeros de generación quizás recuerden que se me quiso culpar de agresión y expulsar.
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Ya de adulto hice vida escultista como miembro de la Asociación de Scouts de México y al ascender como jefe de uno de los grupos en la década de los 90 del siglo pasado, más importantes del país y que su local se encontraba en la ciudad de Puebla y es el grupo 32, me tocó orquestar la expulsión de uno de sus miembros distinguidos que era el jefe de clan por la misma causa. Aquí lamentablemente las víctimas no quisieron denunciar. Para mí habría sido importante que este individuo pagara sus delitos con cárcel.
En ambas historias que les narro, se presenta el estereotipo de este tipo de degenerados, personas, si se les puede llamar así, que tienen algún tipo de liderazgo por lo que son reconocidos como gente de bien y hasta admirados y aprovechan el que se les dispense algún tipo de confianza sobre un menor de edad para culminar sus planes siniestros.
Por lo anterior celebro que hoy en este 2021 se dé cero tolerancias a este tipo de delitos y que paguen con cárcel estos delincuentes.