Año 2040: enseñanzas de la pandemia

Martes, Abril 6, 2021 - 17:32

Descubrimos que fue un error dejar en manos de los políticos el destino de lo humano

Psicólogo, Master en Recursos Humanos, Maestría en Modelos y áreas de investigación en ciencias sociales. Sus temas de interés son los movimientos sociales, las representaciones sociales y en general la psicología social

Imaginemos por un momento que estamos en el año 2040. Primero piensa cuántos años tendrás, con quién crees que vivirás y cómo será tu familia. Es posible que ya no estés viviendo en la casa que ahora te es tan familiar, tus parientes que ahora son adultos mayores ya habrán muerto y conocerás nuevos niños en los cuales intentes buscar sus rasgos que tal vez te llamen “tía/o”, “abuela/o” o “mamá/papá” si es que en este momento eres muy joven.

 

Posiblemente la humanidad esté enfrascada en guerras por los recursos naturales y existan regiones deshabitadas con grandes grupos que tuvieron que migrar ante la falta de agua o la imposibilidad de seguir ahí por la modificación del terreno gracias a los cambios climáticos que pensamos no serían para tanto y modificaron los litorales y los climas en gran parte del mundo.

 

Habrá muchos animales que ya no existan y que recordaremos con nostalgia como los osos polares, los pingüinos, los ajolotes, los zorros, varios tipos de aves y posiblemente hasta las abejas (sin mencionar el coral que merece un ensayo aparte). Ante estos cambios también la comida se modificará siendo lejana de la naturaleza, enriquecida y producida en fábricas como un producto más. Regalar flores -por hablar de una frivolidad- posiblemente se convierta en un gesto especial pues conseguirlas será muy difícil y su precio será muy alto.

 

Tendremos religiones nuevas -basadas en las actuales- que combinarán tradiciones de distintos lugares. Quedarán algunos devotos de las religiones que conocemos y serán radicales y fundamentalistas pues solo así podrán reconocerse y diferenciarse. Ya no nos identificaremos como hombres y mujeres sino como una variedad de seres humanos con orientaciones distintas e incluso extravagantes en nuestras preferencias y gustos sexuales. Formaremos tribus urbanas de personas que buscando ser diferentes renunciarán a estar completamente conectadas y tal vez vivan apartadas de la sociedad en los espacios verdes que aun existan.

 

La tecnología estará presente en todo momento y el sentido de privacidad ya no existirá. Existirán dispositivos conectados a nuestro cuerpo y el control social se ejercerá a través de indicadores biométricos que nos clasificarán en distintos tipos de “ciudadanos” de acuerdo con nuestro conformismo social. El dinero como objeto será sustituido por transacciones que permitan intercambiar algún tipo de crédito virtual y que no requerirá más que nuestro consentimiento para cambiar de cuenta.

 

La educación se enfocará en lo tecnológico y en la resolución de los problemas sociales nuevos que supondrá el coexistir más de veinte mil millones de personas, posiblemente la mayoría en dinámicas de supervivencia y acostumbradas a vivir encerradas en sus casas, las cuales serán más pequeñas y compartirán “amenidades” con más hogares dejando las calles como espacio exclusivo de los automóviles.

 

Evidentemente esto solo es un ejercicio de imaginación basado en lo que está pasando ahora y en nuestra respuesta como sociedad ante un virus nuevo que modificó las reglas de la existencia. Tal vez en el año 2040 miremos hacia atrás y descubramos que fue un error dejar en manos de los políticos y el personal de salud de las instituciones que mantenían los políticos y empresarios el destino de lo humano.

 

Tal vez pensemos que podría haber sido distinto y que, así como en el año 2021 descubrimos que a finales del siglo XX las cosas podrían haberse hecho de otra manera también este sería el caso. Entonces el ejercicio de futurismo se completa pensando ¿qué hubiéramos hecho distinto de haber podido? 

 

Hay muchas situaciones planteadas en estas líneas, pero me gustaría enfocarme en una en concreto: el encuentro con otros. El aislamiento como medida de supervivencia está agotado. Es necesario que volvamos a encontrarnos y sea con cubrebocas o careta (nadie en el mundo fuera de México usa caretas) podamos descubrir que lo humano se construye siempre en el espejo del otro. Es imposible que viviendo desde el miedo y aislándome pueda seguir considerándome humano. La llamada a despertar es ahora. Es necesario que abramos nuestro corazón y en tiempos de crisis descubramos que el miedo nos ayuda a sobrevivir, pero nada más. El resto debe ser una construcción consciente que nos haga acercarnos a quienes queremos ser recordando que la vida es más que solo sobrevivir.

 

Para ello es necesario que movilicemos los recursos que hemos descubierto en este último año y seamos valientes para hacer lo que hemos sentido que tenemos que hacer. Cada una/o de nosotros hemos recibido a través de la incomodidad, del sufrimiento, del aislamiento, de la pérdida, un llamado a la acción y este llamado -si ponemos atención- nunca es en solitario, siempre es en comunidad y los beneficios de hacerlo son para todos.

 

En la medida que tome el control y la responsabilidad de mí mismo puedo ponerme al servicio de otros a través de hacer lo que ahora tengo claro que puedo hacer. La libertad está en la elección y aquí nos jugamos el futuro todos juntos.

 

El autor es profesor de la Universidad Iberoamericana Puebla.

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