Opinión

El ocaso de la religión

Jueves, Abril 21, 2022
Leer más sobre J. Leopoldo Castro
Nos encontramos en el momento de elegir dónde queremos buscar las respuestas a las preguntas eternas
Psicólogo, Master en Recursos Humanos, Maestría en Modelos y áreas de investigación en ciencias sociales. Sus temas de interés son los movimientos sociales, las representaciones sociales y en general la psicología social
El ocaso de la religión

En los últimos años el mundo ha cambiado y hemos centrado nuestra atención en la supervivencia. El COVID finalmente se agota y los que sobrevivimos (al final fuimos casi todos y sigue y seguirá muriendo más gente en este país por enfermedades relacionadas con la mala alimentación y los malos hábitos en los estilos de vida), intentamos encontrar sentido en todo aquello que ha vuelto a la “normalidad”.

Parece ser que a pesar de haber trabajado en línea y haber desarrollado muchas posibilidades con la nueva tendencia de volver a hacer lo de antes. El tráfico es el mismo de antes, los problemas sociales poco a poco empiezan a volver a hacerse presentes –nunca se fueron, pero ahora empezamos a recordar que todo sigue igual- y el cambio nunca llega. Seguimos pensando que podemos vivir diferente mientras el agua se agota y nos dirigimos a una sociedad con los mismos conflictos, pero con más tecnología.

En este contexto muchos han contactado con la falta de sentido y las preguntas existenciales que siempre han estado ahí pero no nos daba tiempo de voltear a ver. Tal vez por eso es preferible volver a lo anterior y hacer de nuevo como que no pasó nada. Sin embargo, siempre está pasando todo. Las preguntas están ahí y vuelven una y otra vez de maneras a veces sutiles y otras contundentes para recordarnos –entre otras cosas- que la vida es finita, que no podemos controlarla y que el tiempo y las experiencias en esta tierra no dependen de nuestra voluntad y anhelos.

En algún momento de los últimos años la mayoría de las personas experimentó el latigazo de la verdad de estos interrogantes e intentó buscar respuestas. Lo que me parece muy interesante es el descubrir en dónde se buscaron estas respuestas… En los siglos XVIII al siglo XX las personas se reunían en los templos para pedirle a Dios que terminara con las enfermedades contagiosas (y sin saberlo se contagiaban todos). La Iglesia era el centro de los esfuerzos para entender las enfermedades y para pedir la sanación.

En el siglo XXI, las cosas son distintas. El mundo ha vivido muchos cambios sociales –el comunismo en mediados del siglo XX, por ejemplo- y dentro de la Iglesia también –el Concilio Vaticano II que intentó actualizar la vocación de la Iglesia en el mundo- y la aparición de la tecnología vinculada con las pantallas y la comunicación a distancia que ha posibilitado el sueño de globalización que tanto se buscó desde hace unos cien años.

Las personas conocieron nuevas formas de pensamiento que les permitieron entender la vida desde perspectivas nuevas y que de maneras sutiles hoy contestan las preguntas que planteaba unos párrafos atrás. En retrospectiva todos hemos cambiado y en nuestra forma de vida necesitamos las mismas respuestas que necesitaban los seres humanos de hace mil años, pero las buscamos en lugares nuevos.

Sutilmente la mayoría de las personas han abandonado los lugares tradicionales y al mismo tiempo la religión se ha enfrentado con sus propios demonios y su dificultad para movilizarse ante un mundo siempre ávido de cambios. Escándalos que han mermado la percepción de lo divino en la institución y dificultan entender el puente –que es real- entre la tierra y el cielo.

Otros espacios han surgido para ofrecer respuestas y en parte eso explica la multiplicación de pequeñas instituciones religiosas de todo tipo. Muchas basadas en la misma Iglesia católica con algunos cambios prácticos y otras distintas y extrañas que incluso rescatan tradiciones precolombinas. Nuevas tradiciones de Oriente también se suman y nuevos gurús toman el lugar de los antiguos sacerdotes confesores (médicos, terapeutas de todo tipo, influencers…)

Uno de los grandes temas en esta época (que tiene muchos nombres y tal vez en retrospectiva dentro de unos años le podamos llamar “la época del miedo”) es la libertad. No hay tiempo de entrar en el debate filosófico profundo sobre si somos o no libres, pero de manera práctica nos encontramos nuevamente en el momento de elegir dónde queremos buscar las respuestas a las preguntas eternas.

Mi invitación es a tomar consciencia de que estas preguntas son reales y antes se asumía que las respuestas se obtenían en una institución religiosa (para algunos seguirá siendo así y será maravilloso), pero para muchos otros ya no hay autoridad que responda… la tendencia será buscar otra autoridad, pero la oportunidad nueva que estamos descubriendo es que dentro de cada uno de nosotros están las respuestas… que las instituciones afuera son un espejo del mundo interior. La invitación es por tanto a indagar en el propio corazón y buscar y buscar -pues la vida es búsqueda- siendo conscientes de que el corazón anhela las mismas certezas que anhelaba hace siglos.

El autor es académico de la Universidad Iberoamericana Puebla.
Sus comentarios son bienvenidos.

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