Dudas

Lunes, Marzo 15, 2021 - 19:01

¿Cree el presidente López Obrador lo que dice?

El profesor universitario en la Universidad de las Américas - Puebla. Es licenciado en sociología por la UNAM y doctor en Ciencia Social con especialidad en Sociología por El Colegio de México.

La duda: ¿cree el presidente López Obrador lo que dice? ¿Lo dice a partir de sus convicciones, o sus dichos son solo parte de una estrategia para concentrar el poder y mantenerse en él?

La lista de hechos y dichos que llevan a la pregunta anterior es extensa, pero los de esta semana son dos muy relevantes, dos enconos: contra un juez que admitió la suspensión de la reforma en la legislación energética, y contra la prensa (este último un encono permanente).

Desde la perspectiva democrática se trata de actos claramente autoritarios. La democracia es el poder del pueblo, pero también la protección del pueblo. Para esa protección está la división de poderes, para evitar que uno de ellos genere daños a la sociedad.

El ABC de los gobernantes autoritarios es atacar a la prensa libre y, de ser posible, acabar con ella. El ataque reiterado y sistemático del actual gobierno, además de las zalamerías que se ven en algunas preguntas de las mañaneras, no dejan duda: se quisiera que en el país hubiera una sola voz, la del ejecutivo federal.

Lo anterior es tan obvio y tan preocupante que algunos consideran que el presidente ya perdió el contacto con la realidad y lleva al país, a su gobierno y a sí mismo hacia un abismo.

Otros ven las cosas distintas: se trata de un “populista estratégico”. De alguien con una enorme intuición para alcanzar el poder, concentrarlo, mantenerlo. De un político que le tomó perfectamente el pulso a su base electoral, y la alimenta todos los días con lo que dice y lo que hace. Si bien se trate solo de realidades simbólicas que no generan bienes públicos (el Jetta, dejar Los Pinos, viajar en avión comercial, los monopolios estatales…).

Hay por supuesto una tercera perspectiva, la de sus simpatizantes. Supongo que consideran que todo, o casi todo, lo que hace el gobierno federal va en el sentido de sus alcanzar sus principales objetivos: acabar con la corrupción y con la pobreza. Privilegiar a los monopolios estatales en cuestiones energéticas sería un medio para esos fines. Lo que no es tan claro, ciertamente.

Estamos pues ante actos y actitudes muy extraños. No es claro si son disparatadas, estratégicas hacia la concentración del poder en una persona, o soluciones paradójicas, como que energía más cara y contaminante favorece al país. Hay que observar las consecuencias.


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