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OPINIÓN

Santa Ana, El seductor de la Patria, Enrique Serna

Ideológica, psicológica y económicamente Santa Ana es el creador del conservadurismo

Abelardo Fernández

Doctor en Psicología, psicoterapeuta de Contención, musicoterapeuta, escritor, músico y fotógrafo profesional.

Jueves, Marzo 11, 2021

Así, en caliente, a bote pronto, de repente me viene la pregunta de ¿por qué Enrique Serna gusta de escribir novelas de hijos de puta, cuál es su placer de hacerlo? Primero Carlos Denegri que ya sabemos que es el vendedor de silencio, y ahora, mi segunda lectura, El seductor de la patria, una historia de Antonio López de Santa Ana, el traidor más traidor de los traidores. Por más acercamiento a la psicología del personaje, por más anécdotas emotivas de su vida familiar y amorosa, por más justificado que pudiese vivirse el machismo y el abuso sexual en esa época en la que a las mujeres se les trataba como gallinas que tienen que satisfacer al gallo, Santa Ana no deja de ser un hijo de puta por donde se le vea. 

Y me parece que lo más impresionante es que parece describir la vida de muchísimos personajes actuales que conocemos cada vez más y que ya sabemos que se llaman conservadores. Todo el tiempo Santa Ana se la pasó bandeando, ya estaba con la realeza española o ya se pasaba con el ejército insurgente independentista, el siglo diecinueve fue un siglo de guerras, de territorios conquistados, y sobre todo, de caudillos a caballo que terminaban siendo libertadores de la patria. Santa Ana muere preso de su propia traición, que no era otra cosa que confusión, avaricia y al final sobre todo locura, una profunda locura que le trataban con  medicamentos de aquella época, unos era la tila para los nervios y otros eran el peyote para la depresión, el autor comenta que el problema era cuando se pasaban de la cantidad que le daban porque se metía en unos viajes interminables y ya no entendían nada de lo que estaba diciendo. 

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Cuando Santa Ana comienza a hacerse de haciendas, tierras, ranchos y miles de cabezas de ganado, no muy diferente a ciertos gobernadores actuales que hacen lo mismo, se comienza a nacionalizar la corrupción como práctica de los políticos, Santa Ana obligaba al clero a cederle propiedades a cambio de la defensa y la manutención de los ejércitos que tanto los habían cuidado y defendido, se apodera de reliquias de las iglesias, de esa manera se fue enriqueciendo cada vez más. 

Hizo que le llamaran “Alteza Serenísima” y trató de afrancesar los uniformes de los soldados de su guardia particular. Los conservadores de aquellos tiempos hicieron que Santa Ana regresara a gobernar el país once veces, y, cansado de tantas veces que le pedían que volviera al gobierno, Santa Ana dejaba algún sustituto al frente del mismo y él se largaba a Manga de Clavo primero y después, a El Lencero donde tenía como jobee principal la crianza de gallos de pelea, su mayor afición eran la peleas de gallos y la violación de mujeres. 

A pesar de su inclinación por las armas y supuestamente la inteligencia militar en las batallas, como sucede en la de Tamaulipas donde gana a sus adversarios, Santa Ana vive de su ego, se crea la imagen de ser un semidios y un iluminado, llamaba indio zapoteca a Juárez y a su gabinete lo citaba como bola de desarrapados con la piel morena. Ideológica, psicológica, económica y existencialmente Santa Ana es el creador del conservadurismo propiamente mexicano, promueve al final de su vida que países extranjeros vengan a gobernar México y ofrece primero a los Españoles, los Franceses y al final a los propios Gringos que vengan a gobernar México. 

Santa Ana pierde la mitad del territorio mexicano durante su mandato, sin ningún tipo de problema el ejército de Estados Unidos se apodera de las tierras, incluso, hasta un territorio llamado La Mesilla, esa sí, vendida por Santa Ana por dólares constantes y sonantes. 

A punto de morir su primera esposa a la que había tratado como una esclava destrozándole la vida por no darle un hijo varón del que por cierto jamás se ocupó, por supuesto despreciando a sus hijas mujeres, le pide como su última voluntad que por favor le jurara que nunca se casaría con Loló, Dolores, su amante en turno, y él le asegura que por supuesto jamás lo haría: 40 días después de la muerte de la esposa Santa Ana, en toda pompa, contrae nupcias con Dolores en plena capital del país, con los años, Dolores le pone el cuerno con un francés que se hace pasar por homosexual pero con quien sostiene un amasiato de película: Santa Ana deshereda a Loló y la trata de zorra y prostituta, y la deshereda de todo lo que podría haberle correspondido, en fin. 

Santa Ana muere en la locura, en la más absoluta pobreza, alguien le lleva por fin su verdadera pierna que le pueblo le había quitado y así lo entierran con ella, muere enterrado completo como él mismo dice.  Xalapeño, veracruzano y seductor, es una gran lectura de Enrique Serna, te permite recalcular muchas de la realidades políticas que estamos viviendo en la actualidad y creo que comenzar a reconocernos desde la historia será algo que nos ayudará muchísimo a entender sin apasionamientos el presente en el que estamos viviendo y a valorar las mejoras que tenemos actualmente. Saludos a todas y todos. 

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