“Quien tiene un algo por qué vivir, es capaz de soportar cualquier cómo…”
Friedrich Nietzche.
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Citado en: Quien tiene un porqué encuentra un cómo (una reflexión sobre una frase de Nietzsche).
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Hoy quiero comentar sobre algo que sucede de manera recurrente en prácticamente todas mis charlas y conferencias respecto a casi cualquier tema relacionado con la mejora de la práctica educativa.
No sólo me ocurre a mí sino que lo he presenciado en intervenciones de muchos colegas y de grandes investigadores educativos. Se trata de que al llegar la sección de preguntas y comentarios, siempre está presente la pregunta por el cómo.
“Todo lo planteado en su conferencia es muy cierto y muy necesario para mejorar la formación de los niños y adolescentes de este país, pero por favor le pido que nos diga cómo podemos llevarlo al aula”, dicen con cierta variación en la forma pero con el mismo contenido algunos de los profesores interesados genuinamente en cambiar sus prácticas pera incorporar lo que la investigación y la reflexión académica van aportando al conocimiento del fenómeno educativo.
Me ocurrió recientemente al terminar una charla virtual con profesores -hoy todas estas intervenciones tienen que hacerse a distancia- y me dejó pensando muchas cosas respecto a la necesidad de armonizar la relación dialógica entre la teoría y la práctica para construir verdadera praxis educativa.
Al hacerlo recordé la frase de Nietzche que hoy cito como epígrafe de este artículo -y que utilicé en alguna parte de mi tesis doctoral defendida en alguna fecha de mayo del ya lejano 1999- a partir de una cita de Víktor Frankl en el contexto de su teoría sobre la logoterapia en el campo de la Psicología.
De manera que el tema no es nuevo, como tampoco son nuevas estas preguntas por los cómos de la docencia que me parece que son además lógicas y naturales dado que se trata de una profesión que tiene que desarrollar en un nivel muy especializado el conocimiento de sentido común práctico para poder resolver los problemas diversos y complicados que se presentan día a día en los salones de clase.
Encuentro al repensar la frase de Nietzche varias posibles interpretaciones al trasladar su reflexión al campo de la educación y de la mejora de las prácticas docentes.
Un querido y muy sabio maestro ya fallecido, solía repetir que los niños y los jóvenes se educan dentro y fuera de la escuela, gracias a la escuela y muchas veces, a pesar de ella.
Esta es una primera interpretación que me viene a la mente al releer a Nitezche. Los niños que en su casa o en su contexto comunitario han ido desarrollando ciertas razones válidas y encontrando una finalidad al aprendizaje, los educandos que tienen un por qué y un para qué educarse, son capaces de soportar cualquier (o como dice la cita original, casi cualquier) cómo.
Si el niño o la niña tienen razones para educarse y le encuentran sentido a hacerlo, son capaces de soportar escuelas sin infraestructura suficiente, sin mobiliario ni equipo, sin electricidad o incluso con salones en ruinas. Son también capaces de soportar maestros que viven en el cumplimiento -cumplo y miento- de su trabajo entendido simplemente como un empleo, como el mal necesario para ganarse el sustento para ellos y para su familia.
El educando que tiene un por qué y un para qué que le proveen de motivación para aprender, son capaces de soportar profesores autoritarios, repetitivos, memoristas, mal preparados y sin vocación.
Esta es la interpretación negativa pero hay otra que puede aplicarse al profesor y que es la que desarrollé en mi tesis doctoral[1] y trato de comunicar a los docentes que me hacen la pregunta por los cómos para poder desarrollar una praxis educadora humanizante.
Se trata de la idea de que los profesores y profesoras que tienen un por qué y un para qué acerca de su trabajo educativo, aquéllos profesionales de la esperanza que tienen razones por las cuales levantarse cada día y hacer su mejor esfuerzo en el aula presencial o en la búsqueda de contacto a distancia con sus alumnos buscando los medios a su alcance, las y los docentes que encuentran un sentido a lo que hacen, son capaces, por un lado de soportar casi cualquier cómo, es decir, de lidiar cotidianamente con las condiciones adversas de empleo en las que se desenvuelve la vida del educador y la deficiente capacitación, material didáctico, infraestructura y equipamiento para realizar su trabajo con la calidad necesaria.
Pero por otra parte, los profesores que tienen un por qué y un para qué en su trabajo educativo son capaces de ir buscando los mejores cómos para lograr la formación de los futuros ciudadanos de este país que tiene tantas carencias.
Porque como dice bien el texto del sitio filosófico del que tomo hoy la frase de Nietzche: “…es vital para el ser humano creer que su existencia -y añado yo, su trabajo- tiene sentido, que no marcha hacia la nada, que su vida -y añado yo, su labor- importa, que tiene posibilidad de ayudar o afectar a otras personas, que sus actos tienen consecuencias siempre…”
Los docentes tienen que sentir que su profesión, que su trabajo tiene un sentido y que va a afectar de forma positiva o negativa la vida de cada uno de los niños y jóvenes que tienen asignados como estudiantes en su aula, tienen que saber que sus actos -o su inacción- tienen consecuencias siempre y que en el caso de la educación estas consecuencias afectan no solamente toda la vida de sus estudiantes sino en buena medida, el tejido social y el futuro de nuestra nación que tiene tantas carencias y enfrenta un sinnúmero de desafíos.
El mismo texto que hoy consulto para mi artículo afirma que cuando las personas, en nuestro caso los educadores no ven que su trabajo sea útil, no sienten que tenga relevancia ni que sus acciones tengan consecuencias, “…cae en un profundo desánimo y en una irresponsabilidad abismal”.
¿Qué tanto del desánimo, de la desmoralización que hoy viven muchos docentes tiene como fuente le poca o nula valoración social de su tarea y el mensaje implícito del mismo sistema educativo y las autoridades respecto a la falta de utilidad de su trabajo para la construcción de un proyecto distinto de país?
Los discursos no son suficientes, se necesitan además recursos y acciones concretas que reflejen la valoración y el sentido que tiene construir un sistema educativo nacional verdaderamente relevante, de calidad y equitativo para que los docentes vuelvan a encontrar la motivación y a asumir con mayor firmeza su responsabilidad formativa.
La respuesta que siempre doy a la pregunta por los cómos de una mejor educación es que no hay recetas, no hay un decálogo de acciones ni siquiera un manual didáctico único y mágico que transforme nuestras prácticas. Lo que hay es una relación directa entre los por qués -las razones- y los para qués -las finalidades- de nuestra tarea docente y los cómos, las formas concretas de vivir este proceso de transformación continua.
Por eso, el docente que quiera encontrar mejores cómos para formar integralmente a los futuros ciudadanos, más que o además de, estudiar teorías, métodos, técnicas y tecnologías educativas tendrá que plantearse un proceso sistemático, profundo y muy honesto de reflexión sobre los por qués y los para qués de su trabajo.
[1] La tesis está publicada bajo el título: Una filosofía humanista de la Educación en la editorial Trillas.