La infame política de la gestión

Sábado, Enero 23, 2021 - 11:29

Nuestra infausta clase política sin vocación de servicio, deambula fallida y sin rumbo

Consultora jurídica, emprendedora social e investigadora independiente. Articulista y cronista para diversos medios electrónicos. Recibió el Premio Municipal de la Juventud y el Galardón Poblano Distinguido

La política se ha reservado como algo propio de unos cuantos con prácticas, ritos, mitos y lenguajes ambiguos desdeñando el zoon politikón de Aristóteles hasta que poco a poco se ha ido entendiendo que lo personal es político.

Los mal llamados políticos, sean hombres o mujeres, que objetivamente deberían ser llamados servidores públicos y los aspirantes a cargos de elección popular se mantienen ocupados en las componendas y la gestión, informes de gobiernos y legisladores citan y recitan sus acicaladas gestiones. 

Los legisladores locales o federales cuya función primigenia es deliberar y sancionar leyes convertida en un quitar, poner y parchar la legislación considerando sus efectos o no, siempre están gestionando algo que resulte más visible, popular y mediático para justificar su existencia presente o futura en la política. 

Aparentan filantropía y gestionan con recursos públicos bienes fungibles: juguetes, tinacos, calentadores solares, láminas, carnes, frutas y verduras, despensas, leche, árboles, fertilizantes, etc., muchas veces de dudosas calidades y con determinadas cuotas de recuperación olvidando o dejando estancados los asuntos prioritarios que aquejan a las mayorías. Los más intrépidos se hacen llamar “gestores del pueblo” y los más sinvergüenzas dicen “Seamos conscientes, el Estado no puede con todos”.

Lo mismo sucede con los gobiernos de distintos niveles que combinan la administración y la gestión. ¿Cuál es el problema de la política de la gestión?, —que son placebos, alicientes, maquillajes y curitas para crear clientelismos— sin resolver el trasfondo de las problemáticas, una de ellas, la pobreza estructural, la falta de movilidad social y en nuestros tiempos la salud pública amenazada por COVID-19. Solucionar los grandes problemas de la población dejaría sin trabajo a los políticos y sin poder lucrar con las atrocidades de la pobreza: falta de servicios públicos, acceso a la vivienda, salud, educación, alimentación, empleo, etc.

Quienes incursionan por primera vez en la política también recurren a la política de la gestión previa, casi nadie da algo sin esperar otro tanto igual o mayor a cambio, su objetivo: placearse y posicionarse, entre los ciudadanos existe una fascinación por recibir algo: tortas, sombrillas, pulseras, gorras, bolsas, etc. o mantenerse en estatus ruinoso para permanecer en los programas asistenciales, poco importan la ideología o las propuestas que se confunden con una letanía de promesas y aspiraciones. Importan más los colores, el influyentismo, la confrontación, la guerra sucia o intestina, el golpeteo, las aspiraciones, las coyunturas, las agendas personales, la lucha de clases, el exhibicionismo, la inmediatez, etc. dentro de una falsa democracia que parece dictadura y se siente como guerra.

Nuestra infausta clase política sin visión ni vocación de servicio, rezongona y bufona, deambula fallida y sin rumbo, se extravió cuando olvidó nuestras necesidades básicas de supervivencia y cuando olvidó que vivimos en la misma casa, despilfarró los recursos y nos despojó hasta de la verdad con la complicidad ciudadana. 

Será oprobioso que en el próximo proceso electoral, los suspirantes tomen como bandera política la COVID-19, repartan cubrebocas, geles, jabones y promesas con sus nombres, colores y logotipos como una casualidad de politequeria covitosa.

anateyssi@gmail.com 


Encuesta