El 19 de diciembre pasado, mi esposo comenzó con lo que parecía una gripa sin importancia. Pero lejos de mejorar, empeoró en unas horas. Así que al otro día acudió a realizarse una prueba de antígenos y el resultado fue: positivo a Covid-19.
De pronto, todos nuestros miedos se convirtieron en una pesadilla. A mi mente vinieron escenas de personas intubadas en hospitales donde ya no hay camas ni medicamentos. Puebla había entrado en cuarentena estricta, donde todas las actividades se restringieron para permitir sólo diligencias esenciales, ante el elevado número de contagios entre la población.
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Pasaron 9 meses desde que el presidente Andrés Manuel López Obrador se vio obligado a suspender clases, cerrar oficinas oficiales, restringir actividades industriales y recomendar a la población quedarse en casa. Pensé que podríamos llegar sin enfermarnos a la aplicación de la vacuna, pero no. Justo en las festividades decembrinas, nuestros temores se hicieron realidad.
No sabemos con certeza dónde y cuándo ocurrió el contagio. Lo único cierto es que mi esposo era positivo y si bien no tiene enfermedades crónicas como diabetes o hipertensión, sí tiene sobrepeso y más de 50 años. Lo peor era pensar que mis hijos o mi papá, un hombre de 75 años, o yo, también estuviéramos enfermos.
Después de salir positivo, llamó a un amigo médico que le recetó toda la batería de medicamentos que forman parte del protocolo de atención para contagiados por Covid-19. Lo que hicimos fue aislarlo en una habitación de la casa y comenzó a tomar de inmediato el tratamiento. Compramos desechables y sólo hablábamos por videollamada o teléfono. Así llegó la Navidad.
El 24 de diciembre, mi esposo la pasó solo en la habitación. El resto de la familia hicimos una cena sencilla y comimos vestidos con pijamas. Para entonces, todavía teníamos miedo de que nuestro jefe de familia comenzara a empeorar. Pero no fue así. Mi esposo permaneció con gripa alrededor de una semana, perdió el sentido del olfato y del gusto. Hasta hoy, sigue sin distinguir aromas ni sabores. Refiere que sólo puede distinguir dulce, salado o el picante. Los demás nos hicimos pruebas y todos salimos negativos.
En un lapso de 12 días ya estaba completamente recuperado. Acudió nuevamente a realizarse una prueba y el resultado, para el 29 de diciembre, ya fue negativo.
Hoy 31 de diciembre, seguimos tomando medidas de sana distancia y continuo lavado de manos, sanitizaciones constantes. No hemos bajado la guardia ante la posibilidad de que todavía pueda contagiar. Pero no dejo de pensar que fuimos absolutamente afortunados.
No somos personas religiosas, pero estamos agradecidos por haber salido, por ahora, de los contagios. Esta experiencia nos indica que lo más importante, ante el más mínimo signo de Covid-19, es acudir al médico. No hay que quedarse en casa, pensando que pasará rápido. El dr. Hugo López Gatell lo ha dicho muchas veces, hay que buscar atención médica de inmediato. Conozco personas que pensaron que tenían una gripita y terminaron con oxígeno y una neumonía, con oxigenación por debajo de 90%.
Hay que aceptar que somos un país pobre, donde la mayor parte de los adultos tenemos sobrepeso y hay una incidencia altísima de enfermedades crónicas. Todo ello como resultado de la aplicación de políticas públicas que abrieron las puertas al consumismo exacerbado y donde es más barato un refresco de cola que un litro de agua.
Covid-19 nos sorprendió con mala salud, con pésimos hábitos deportivos, y con peores hábitos de lectura. La mayoría de las personas no lee, se conforman con lo que alcanzan a ver en redes sociales, muchas veces son noticas falsas, parciales y a veces hasta mal intencionadas que usan el amarillismo para obtener likes.
Diario veo en internet críticas al gobierno por el “mal” manejo de la pandemia. Pero qué podía hacer el presidente y su equipo frente a una población enferma y con un sistema de salud en ruinas, también resultado de sexenios de saqueos.
Hoy, 31 de diciembre, cerraremos el año con hospitales saturados de enfermos, sin medicamentos en el sector salud público, y en el privado, porque hay ya un desabasto nacional de medicinas.
Aunque México tiene ya un plan de vacunación universal y gratuita, debemos ayudar con limitar nuestros movimientos. Por favor, queridos lectores. No bajen la guardia, hoy despidan 2020 en la intimidad de sus familias. Eviten las reuniones. La situación es crítica. Ayer murieron casi mil personas por Covid-19, no hay forma de detener esto mas que con la ayuda de todos.
En fin, espero que el 2021 venga con muchas buenas noticias… que el plan de vacunación funcione y volvamos a la normalidad. Deseo que retomen sus clases, sus empleos, que sus clientes regresen y llenen sus negocios, que el año que entra disfruten de unas bellas vacaciones y que el sol se pose todos los días sobre su rostro. Les mando un abrazo y todo mi cariño, feliz año nuevo.
Si quiere contarme algo, póngase en contacto conmigo. Me interesa mucho su opinión norcudi@gmail.com