El año 2020, con la pandemia que aún nos aqueja, es ya, una imagen imborrable en nuestras mentes y corazones, por lo que es innecesario abundar en detalles, solo he de mencionar, que la incertidumbre y emergencia impuesta, tocó cada una de las dimensiones de nuestra vida; en este marco, la educación, por supuesto, no es excepción, evidenciando el francamente débil sistema educativo nacional.
Puebla, no escapa a tal situación sanitaria y educativa, experimentado a su manera, lo sucedido a nivel nacional, y global presumiblemente; si bien, se presumía, y aun se hace, los indicadores alcanzados en años pasados, que colocaban a nuestra entidad, por arriba de la media nacional, en los hechos, no se encuentran por ninguna parte, más allá de las publicaciones oficiales. lSi bien reconozco la importancia de las mediciones como elementos complementarios para dar seguimiento al desarrollo y logros en cualquier actividad, recuerdo que, en los inicios de la actual administración, señalé la necesidad de guiarnos más por principios, que, por indicadores, para concebir siquiera, un cambio de rumbo en la educación estatal, aún lo sostengo.
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Este año es el que concluye, solo el año 2020, de ninguna manera concluyen las emergencias surgidas, ni mucho menos los efectos que se nos vienen encima y que, de hecho, ya están sobre nosotros. En marzo, sorprendidos, con el año escolar en marcha, se tuvieron que cerrar las escuelas, sin los argumentos, ni productores, ni comunicadores necesarios, se implementó la primera temporada de “Aprende en Casa” y pronto, se anunció la nueva versión “Aprende en Casa II”; buscando contrarrestar las dificultades planteadas por la falta de recursos tecnológicos y económicos tanto de estudiantes como de profesores. Por cierto, ya se promueve el “Aprende en Casa III”.
2020, mostró, la precaria situación de la infraestructura educativa poblana, la insuficiente formación de los profesores, la necesidad de cambios mayores en el paradigma educativo que sustenta nuestro sistema educativo, así como la vetusta estructura administrativa de la dependencia rectora y sus representaciones en las escuelas; esto ha sido señalado por muchos actores, pero, pensando en lo que viene ¿qué podemos vislumbrar para 2021? ¿el fin de este apremio? ¿la vacuna cicatrizará la herida y todo se olvidará? Definitivamente no, no hay final próximo, por el contrario, esto apenas inicia y requiere el esfuerzo decidido de Todos, para enfrentar la calamidad educativa que se nos viene.
Lo primero, será aprender de la experiencia, francamente deseo que las autoridades educativas estatales, se encuentren empeñados en la sistematización de las múltiples experiencias vividas en los diferentes momentos de esta situación, por los diversos actores involucrados, estudiantes, familias, profesores, y administrativos. En este aspecto, mucho pueden aportar las instituciones educativas que realizan investigación educativa, ya sean de financiamiento público o de financiamiento público, no estamos para divisiones estériles.
Segundo, estar preparando, ya, acciones orientadas a resolver gradualmente, los efectos negativos que la contingencia sanitaria, dejará en los estudiantes de estas generaciones; me refiero muy especialmente al rezago escolar que se gesta y que emergerá, en medio de toques de alarma, en los años venideros; es necesario aclarar, que no hago referencia a la definición de rezago, que relaciona la edad con el nivel educativo que se debería estar cursando, sino al rezago educativo, que implica a estudiantes, que aún continuando en su trayectoria escolar esperada, no cuentan con los aprendizajes necesarios. Esto, podría involucrar dimensiones como el trato desigual dependiendo de las capacidades económicas de la población ¿opción por los pobres? Un rezago como el que señalo, cuestiona el discurso oficial actual.
Tercero, este 2020, en Puebla, la Ley Estatal de Educación fue centro de discusiones, entre diversas voces locales, independientemente de posibles, interpretaciones superficiales y los posibles intereses políticos que se interpusieron, un elemento que no se puede pasar por alto, fue la ausencia de consulta ciudadana, indispensable, en una democracia participativa; más allá de venir de una discusión nacional y de las limitantes impuestas por la contingencia sanitaria, que señalaron algunos actores. El tercer ámbito del esfuerzo que nos corresponde realizar, es el construir el puente de encuentro entre la Secretaría de Educación, encargada de administrar la educación en la entidad, con los diferentes actores ciudadanos; de manera especial, dada su función de generación de información y conocimiento, resulta vital, el trabajo conjunto con instituciones educativas especializadas, sin importar su régimen de financiamiento. La Ley Estatal de Educación Superior, sería un excelente pretexto para promover este encuentro en la diversidad.
Sigo con esperanza, pero también en movimiento. ¡Les deseo un digno 2021!