Docta ignorancia y educación

Domingo, Diciembre 13, 2020 - 10:46

La escena es de pena ajena, López Obrador en tono burlón cuestiona la resiliencia

Doctor en Educación UAT. Tuvo estancias postdoctorales en Lonergan Institute de Boston College. Miembro de SNI, Consejo de Investigación Educativa, Red de Investigadores en Educación y Valores, y ALFE. Decano UPAEP

“Lo conocido es el ámbito de preguntas que puedo hacer y responder…Más allá de lo conocido, que es el primer círculo por así decirlo, está lo conocido-desconocido, las cosas que sé que no conozco. Ese es un círculo mucho más amplio. Hay un ámbito de preguntas que puedo hacer, hallar significativas, considerarlas valiosas, y tener alguna idea de cómo responderlas. Pero de momento no puedo responderlas. Puedo estar muy seguro de que nunca seré realmente capaz de responderlas por mí mismo, pero, con todo, conozco estas preguntas, reconozco alguna posibilidad de que se contesten, y así conozco algo que es desconocido para mí. Eso es lo conocido-desconocido, el ámbito de mi docta ignorantia…”

Bernard Lonergan. Filosofía de la Educación, pp. 139-140.

 

            “Alista AMLO diccionario neoliberal. Se burla de las palabras “Holístico” y “Resiliencia”…” así es como encabeza Reporte Índigo la nota de Noemí Gutiérrez acerca de la conferencia “mañanera” del presidente de la República, misma que puede encontrarse aquí: https://www.reporteindigo.com/reporte/alista-amlo-diccionario-neoliberal-se-burla-de-las-palabras-holistico-y-resiliencia/

            La escena sería digna de un programa de “stand up comedy” –traducida al español como comedia en vivo o comedia de monólogo- si no fuera porque el protagonista es el jefe del poder ejecutivo de uno de los países más importantes del mundo por el tamaño de su economía y por la riqueza de su cultura.

            Aunque cuando lo leí por primera vez y vi algunos tuits al respecto pensé que se trataba de una distorsión como muchas que se hacen de las declaraciones presidenciales de cada día, al encontrar el video pude constatar que este encabezado se apegaba a lo que realmente había dicho Andrés Manuel López Obrador en su conferencia del miércoles 9 de diciembre.

            La escena es verdaderamente de pena ajena, el presidente empieza a decir, echando mano del tono burlón y autosuficiente que ya le conocemos, que está haciendo “…hasta un diccionario, de las nuevas palabras del periodo neoliberal, los nuevos términos y del periodo post neoliberal…”

            A continuación da ejemplos de estos términos que aunque él ignora y atribuye al neoliberalismo –como prácticamente todo lo que desconoce o no le agrada- son parte del lenguaje de las disciplinas de Humanidades y Ciencias Sociales desde hace muchas décadas, al menos desde la mitad del siglo pasado cuando aún no se hablaba de neoliberalismo.

            Habla de una palabra “que tiene que ver mucho con integración…” pero de entrada no la recuerda, menciona entonces Resiliencia dando por hecho que su audiencia, formada por reporteros de la fuente, ignora su significado. Sin embargo un buen número de reporteros le dicen en voz alta su significado. Al escucharlos el presidente parece contrariado y no les da entrada, sigue hablando y encuentra la palabra “Holístico” y después “Empatía” y dice:“Está de moda, otra que antes no se usaba y ahora se usa mucho, empatía, empatía o hay antipatía…”

            Llama la atención que un presidente no tenga ni la más remota idea de términos que si bien surgieron en los campos especializados de la Psicología, las Humanidades y las Ciencias Sociales o como el concepto de resiliencia, fueron adaptados a ellas desde las llamadas “ciencias duras” –la Física y su aplicación a la Ingeniería- han ido permeando el lenguaje cotidiano y son usadas por muchas personas con una educación formal promedio.

            Ninguno de estos términos es propio del período neoliberal ni tiene que ver con esta perspectiva económica y política como afirmó de manera errónea el titular del ejecutivo federal.

            Estas declaraciones desataron muchas críticas en los medios de comunicación y en las redes sociales y el consecuente debate ante la defensa de quienes han aceptado el llamado del presidente a la lealtad ciega. Muchas de las críticas se centraron en la ignorancia del presidente frente a términos que son bastante comunes y de muy antigua data. Sin embargo, desde mi punto de vista la crítica debería centrarse en otro ángulo que desveló este incidente.

            Es bien sabido que López Obrador no es una persona que haya tenido una trayectoria muy destacada en cuanto a educación formal. Todos los ciudadanos conocen bien –los que simpatizan con él y los que no- que con mucho trabajo y después de un lapso muy largo pudo obtener un título de licenciatura por la UNAM.

            También es muy conocido y se reconoce en él –por parte de quienes lo siguen y votaron por su proyecto y también por parte de muchos de sus críticos- un conocimiento muy amplio y a través de la experiencia directa, de prácticamente todo el territorio nacional y las comunidades por más alejadas del centro de la república que se encuentren. A lo largo de toda su carrera política ha demostrado siempre un dominio del conocimiento de sentido común, de ese saber práctico que se adquiere por ensayo y error, por vivencias significativas y cercanía con la gente. Este conocimiento se refleja en su discurso cercano y lleno de dichos e imágenes de la cultura popular.

            De manera que desde mi punto de vista, lo preocupante de la declaración de la que hoy se ocupa este artículo no es el hecho de que el presidente ignore estos términos sino que presuma con arrogancia, ironía y desprecio de esta ignorancia y descalifique lo que él no conoce. En su intervención de ese día hizo mofa de estos términos y dijo muy claramente que estos conocimientos no sirven para nada y que lo importante para gobernar es conocer el habla del pueblo.

            Sin negar que el conocimiento cercano de la gente y de su modo de ver el mundo y de pensar es muy importante para desarrollar la empatía –uno de los términos que ignora y desprecia- con los gobernados, también es cierto que para poder gobernar bien en este mundo global tan complejo, resultan además indispensables los conocimientos técnicos y científicos de las diversas disciplinas.

            ¿Debe entonces el presidente ser un erudito y tener dominio de todas las áreas del saber teórico o técnico?

            Desde luego que la respuesta es negativa. No puede haber un presidente ni una persona que pueda hoy decir que sabe todo lo necesario o que tiene un dominio excelente de todas las disciplinas. El ideal del ser humano enciclopédico del Renacimiento está claramente superado en el mundo actual.

            Sin embargo –vuelvo al punto de lo que considero muy lamentable y criticable del incidente referido- lo que sí se pide hoy es que cualquier ser humano y más si tiene un cargo de altísima responsabilidad como es la presidencia de un país, sea consciente de lo que sabe y de lo que no sabe para poder usar adecuadamente todo lo que sabe a favor de un ejercicio eficaz de gobierno y para poder preguntar, asesorarse, rodearse de personas expertas en distintas disciplinas para que lo apoyen de manera colaborativa en la definición operativa de los problemas, en el planteamiento claro de los distintos escenarios para la toma de decisiones y en la generación de propuestas inteligentes y bien fundamentadas para encarar y resolver estos problemas.

            Tener claridad de lo que se conoce y también de aquello que se ignora, respetando y abriéndose a ese campo de lo conocido-desconocido para tratar de crecer continuamente en el propio conocimiento y también para reconocer las preguntas que tal vez nunca podrá responder para acercarse con humildad a quienes ya las han respondido es un signo de madurez intelectual y humana indispensable en cualquier persona y más en un gobernante.

            Resulta muy cómodo resguardarse en el pequeño –o grande- círculo de lo conocido porque es el terreno en el que hay seguridad, pero para poder crecer y enfrentar los desafíos de la vida hay que atreverse a reconocer lo poco que se conoce y abrirse al campo de preguntas de lo conocido-desconocido para aprender cada día nuevas cosas y para aceptar las que no podemos aprender pero otros conocen bien y pueden aportar a la causa común del mejoramiento de la sociedad.

            Es difícil que el presidente se atreva a abrirse a ese otro círculo –siempre más amplio- de lo conocido-desconocido y que deje de autoprotegerse con la burla y la descalificación en la trinchera de lo conocido.

            Ojalá los educadores veamos ese contra ejemplo de lo que es una buena educación y formemos a los ciudadanos del futuro en la capacidad de reconocer y abrazar su docta ignorancia para volverse personas más humildes y siempre abiertas a plantearse nuevas preguntas y a aprender cosas nuevas.

 


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