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OPINIÓN

Sistema de valoración institucional AUSJAL

Calidad educativa al servicio del espíritu

José Guadalupe Sánchez Aviña

Doctor en Educación, Sistema Universitario Jesuita ademas de ser maestro en Investigación Educativa por la Ibero Puebla realizó su licenciatura en Sociología por la UNAM . Actualmente es Académico de Ibero Puebla

Lunes, Noviembre 23, 2020

Dr. José Guadalupe Sánchez Aviña*

El año 2020, cuenta ya, con registro especial en la historia mundial; representa un momento coyuntural que evidenció las carencias estructurales, de una sociedad, adoradora de un paradigma que despreció lo esencial humano. Es un año, de confrontación con la realidad, particularmente dolorosa para nuestra América Latina.

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En medio de un panorama caracterizado por la incertidumbre y la desesperanza, con la emergencia de realidades no calculadas por ningún planeador ni administrador, pareciera sensato, buscar la construcción de faros orientadores, del esfuerzo de recuperación, sin que ésta, implique la búsqueda añorante y condenatoria, de regresar a lo mismo.

En estas condiciones, es que surge la oportunidad de reconsiderarnos, repensarnos, reconstruirnos, como individuos, como instituciones, como sociedad. Tomar esta oportunidad, abre la posibilidad para instituciones como las nuestras, de ajustarse, a fin de dar respuesta a los nuevos retos, que se incorporan a los ya existentes. Si bien, la educación no es la respuesta mecánica a todas las calamidades, por lo menos, no la que se gestiona desde un paradigma alejado de la humanización; hoy, es posible pensar en un destino distinto, construyendo una nueva alternativa: es imperativo transitar de la educación para todos, fincada en una ciudadanía pasiva, hacia la educación con todos, basada en la democracia participativa.

Si bien, resulta indispensable el repensar el currículum, la formación de los profesores, así como el equipamiento institucional de recursos tecnológicos contemporáneos; es obligación para una Institución de la Asociación de Universidades Confiadas a la Compañía de Jesús en América Latina (AUSJAL), el entender la complejidad de las realidades emergentes, para enfrentarlas, con acciones igualmente complejas. Se debe trascender la reflexión y acción, hacia el cuestionamiento del paradigma educativo contemporáneo; es aquí, en donde la propuesta Ignaciana, encuentra total y absoluta vigencia.

Es justamente la misión que nos impulsa, la que establece el faro orientador, como referente que permite valorar el cumplimiento de nuestra responsabilidad y compromiso. Es así, que, los conceptos de calidad educativa y excelencia académica, encuentran total pertinencia. Calidad educativa entendida en un sentido amplio, que considera los impactos alcanzados por la acción, aportando orientación a lo que se realiza institucionalmente, mientras que excelencia académica, se refiere a los procesos seguidos para su logro.

Reconociendo que la calidad educativa, permite dar seguimiento a los procesos institucionales, así como a sus resultados, se hace indispensable el establecer un referente orientador común, pero contextualizado para la AUSJAL y su diversidad de realidades. Lo anterior implica, contar con absoluta claridad de la fuente inspiradora Ignaciana, así como total comprensión e interacción con el contexto que le da sentido a nuestras instituciones; en otros términos: representa, como siempre, viajar a contracorriente, hasta cambiar los tiempos.

Por una parte, estamos ante el reto, de fortalecer instituciones comprometidas con su vocación y responsables con su contexto, capaces de entender las realidades que las interpelan, responsables para definir acciones y llevarlas a cabo; y por otra, se nos presenta la oportunidad histórica, de establecer, de manera común, un sistema AUSJAL de valoración del desarrollo de nuestras instituciones, inspirado por nuestra misión e impulsadas por el contexto de actuación.

El sistema de valoración institucional AUSJAL, debe guiarse, por principios, más que por indicadores, es decir, aun cuando exista la necesidad de operacionalizar el sistema de valoración, construyendo indicadores, habrá que resistir las tentaciones contemporáneas de las certificaciones y/o acreditaciones, de organismos calificadores, relacionas a menudo, con la instrucción y entrenamiento para el mundo laboral, sin importar, la forma en que impacta los niveles de bienestar de las personas.

Pretender establecer conceptualmente la base sobre la cual apreciar la tarea educativa que realizan las instituciones pertenecientes a la AUSJAL, es empresa compleja, incluso se podría pensar en lo inapropiado que resulta pretender una definición única ante la diversidad de realidades que constituyen a América Latina, sin embargo, es la esencia Ignaciana la que aporta el fundamento y obliga de forma común. Re encontrar esa visión, fortalecerá la identidad Ignaciana de nuestras Instituciones, potenciando las posibilidades de cumplir nuestro compromiso ante un contexto latinoamericano tan lleno de urgencias e incertidumbre.

Siempre, la esperanza en movimiento.

 

El autor es profesor de la Universidad Iberoamericana Puebla.

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