No hay recetas ni instrucciones cerradas que nos den claves definitivas, pero la investigación y la experiencia nos ayudan a identificar cinco dimensiones necesarias para para hacer nuestras escuelas más justas y democráticas y, con ello, contribuir a una sociedad más justa: redistribución, reconocimiento, currículum, gobernanza y cultura escolar.
Guillermina Belavi y Javier Murillo. Democracia y Justicia Social en las Escuelas: Dimensiones para Pensar y Mejorar la Práctica Educativa, p. 7.
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https://revistas.uam.es/reice/article/view/reice2020_18_3_001/12205
El jueves pasado tuve oportunidad de escuchar nuevamente al doctor Fracisco Javier Murillo, investigador español experto en el tema de escuelas eficaces. El espacio se dio dentro de los muy valiosos foros virtuales que está organizando el Consejo Mexicano de Investigación Educativa (COMIE) en estos tiempos de pandemia.
El doctor Murillo planteó una muy interesante contribución sobre la relevancia que tienen las escuelas para el proceso de transformación de las sociedades hacia condiciones más justas, equitativas, democráticas y pacíficas.
Ante la imposibilidad de recoger lo escuchado por mi escasa memoria y la imposibilidad que tuve de tomar notas durante la presentación, voy a tomar algunos aspectos coincidentes con su charla que están publicados en el artículo de la Revista Iberoamericana sobre Calidad, Eficacia y Cambio Escolar en su número 18 de este 2020, del que he tomado el epígrafe del artículo de hoy.
El planteamiento por demás interesante que hizo el investigador parte de que, contrario al famoso informe Coleman publicado en el año de 1966[1] que presentaba resultados devastadores que concluían que la educación no hace ninguna diferencia en términos de movilidad y cambio social, muchos estudios posteriores incluyendo los del movimiento de escuelas eficaces han mostrado que la sí existen resultados sociales positivos derivados de la formación escolar de las nuevas generaciones.
Murillo planteaba que lo que han hallado en las investigaciones sobre eficacia escolar es que dichos cambios positivos en términos de los efectos que produce la educación en la transformación social no se deben principalmente a lo que hacen los docentes aisladamente en sus aulas ni tampoco a lo que se hace en el nivel macro de los sistemas educativos.
Los cambios se logran a partir de lo que ocurre en el nivel de la escuela como organización y comunidad de profesores y estudiantes que buscan el desarrollo personal y colectivo de manera sistemática y coordinada.
En términos generales el autor afirma que para lograr la transformación deseable hacia sociedades más justas y más democráticas a través de la educación, se necesitan procesos que construyan escuelas justas y democráticas.
En el epígrafe se plantean cinco dimensiones necesarias para lograr la construcción de este tipo de escuelas, aunque como se dice en la cita no existen recetas ni modelos inamovibles para este desarrollo.
La primera dimensión es la redistribución de oportunidades y beneficios de la educación. La escuela tiende en gran medida a reproducir las condiciones de desigualdad en la distribución de los recursos y de las oportunidades entre los educandos. Esta dimensión se refiere a la igualdad en las oportunidades de acceso, de participación en el proceso educativo y de resultados. Resulta evidente que en nuestro país, dicho coloquialmente “la cancha educativa no es pareja” porque los niños y adolescentes de las grandes ciudades y de sectores medios y altos tienen mucho más oportunidades de acceso, de participación y por lo tanto, de obtención de buenos resultados en su proceso formativo.
Los estudios de escuelas eficaces muestran que las escuelas que buscan nivelar un poco esa cancha e interrumpir estos círculos viciosos de inequidad asignando los recursos institucionales de acuerdo a las necesidades de los estudiantes obtienen mucho mejores resultados en términos de calidad del aprendizaje y de aportación a la transformación social en su entorno.
La segunda dimensión es el reconocimiento de los valores culturales y la diversidad social. Se trata de escuelas que explícitamente trabajan para romper la cerrazón de la jerarquí de valores culturales que tiende a marginar y a excluir a todos los diferentes. Estas escuelas otorgan igual valor y dignidad a las víctimas de las injusticias, promueven el reconocimiento de las diferencias y el enriquecimiento mutuo, fomentando el respeto y el aprendizaje de las distintas perspectivas y los distintos estilos de vida de la comunidad educativa.
La gobernanza escolar es la tercera dimensión de una escuela democrática y justa. Se trata de escuelas que instrumentan modelos más flexibles, horizontales y dinámicos de gestión institucional. Modelos de alta complejidad en los que se busca la horizontalidad, el diálogo, la creatividad, la apertura a la crítica y la condianza en todos los miembros de la organización. Son escuelas que promueven la participación, el trabajo en red, el dinamismo y la construcción en común.
La cuarta dimensión es la del curriculum crítico y participativo. Se trata de escuelas que organizan las experiencias de aprendizaje y los conocimientos centrales que se busca promover en todos los educandos de manera flexible, abierta y participativa, con una visión de crítica social. El curriculum es la estructura básica en la que se marca qué tipo de persona se quiere formar y para qué sociedad se está preparando a las nuevas generaciones. Es por ello una dimensión fundamental y debe reflexionarse para no quedar en un mero listado de niveles, asignaturas y contenidos dosificados con criterios pragmáticos pero no pedagógica y socialmente orientados.
La última dimensión es la de una cultura escolar democrática. Esta cultura es el conjunto de significados, normas, valores y creencias que se construyen a lo largo del tiempo y se van compartiendo por toda la comunidad escolar. Entran en la cultura escolar también los rituales, símbolos y ceremonias que constituyen el núcleo identitario que hace a una escuela diferente a otras aunque sean del mismo tipo, tamaño, nivel y región geográfica.
Esta dimensión es fundamental porque como afirma Lonergan, la cultura es el conjunto de significados y valores que construyen comunidad y muchos intentos de promover elementos valiosos para la formación de los educandos fracasan porque no logran permear la cultura escolar establecida.
Es muy importante entonces no ver lo democrático como una simple técnica para tomar decisiones o la justicia como un valor abstracto sino como dos pilares que deben ser entendidos, asimilados, asumidos y vividos cotidianamente como parte de la cultura escolar.
La pandemia nos tiene con las escuelas cerradas. ¿Es posible en este contexto construir escuelas justas y democráticas? Esta puede ser la pregunta que surja naturalmente en los lectores de este artículo.
Yo creo que lo que está cerrado hoy son las instalaciones físicas pero a pesar de eso o precisamente por eso resulta más urgente que nunca hacer esfuerzos para construir escuela en el sentido de edificar y mantener viva la comunidad de alumnos, profesores y familias que se unan en torno al objetivo de formar de la manera más justa y democrática posible a las nuevas generaciones que necesita este país.
Construir una escuela justa y democrática para apuntar hacia una sociedad justa y democrática. Ojalá todos pongamos nuestro granito de arena para avanzar hacia esta meta.
[1] El lector puede encontrar elementos de este informe en la siguiente liga: https://oysiao.jlmirall.es/?p=3014