¿Cuál es la estrategia a largo plazo? Es la pregunta que más y más se escucha entre los grupos que protestan por las medidas restrictivas contempladas en el nuevo “mini” lockdown que en Alemania entrará en vigor a partir del próximo lunes 2 y que estará vigente hasta fines de noviembre.
Sorprendentemente de manera unánime los 16 ministros presidentes de igual número de estados que integran la República de Alemania y la canciller, Angela Merkel, acordaron las “nuevas” restricciones entre las que se contempla el cierre de bares, restaurantes, cafeterías, gimnasios, hoteles, en general centros recreativos y de cultura; en lo que respecta a reuniones privadas, sólo estará permitido que se den entre los miembros de dos familias, pero no más de 10 personas. Mientras que las escuelas y las empresas, tiendas y centros comerciales seguirán operando dentro de lo que ya se conoce como la nueva normalidad, con el uso del cubrebocas, la sana distancia y el lavado de manos.
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Y aunque a la par de estas medidas se dio a conocer que habrá un apoyo económico a los sectores afectados, con un presupuesto de 10 mil millones de euros, los grupos protestantes, sobre todo del área cultural recriminan al gobierno que a pesar de la experiencia vivida con el pasado lockdown (entre marzo y fines de mayo) no se haya integrado un plan preventivo para los meses más críticos, los del invierno.
Sin duda es inquietante la rapidez con que el virus se ha propagado, otra vez, en varias ciudades europeas, como en el caso de Bélgica, de donde se escucha que el sistema de salud está totalmente sobrepasado, y lógicamente las opiniones para hacerle frente a la pandemia son encontradas, sin embargo hay un pequeño foco rojo al que se le ha dejado de lado, y es la forma en que el virus fue transmitido: de un murciélago al ser humano.
Al respecto, en un reportaje del programa Nano, del canal 3SAT de Alemania, se hizo referencia a un estudio global del 2012 en el que se indica que diversos organismos patógenos ocasionaron la muerte de 2,2 millones de personas al año.
Y ello tiene directa conexión con el estilo de vida de la sociedad actual, pues durante las últimas décadas el hombre con el afán de hacerse de más territorios para zonas urbanas e industriales ha obligado a diversos grupos de animales a ir en busca de agua, de nuevos territorios para vivir, para comer, básicamente para sobrevivir en condiciones en las que no estaban acostumbrados.
El detalle es que las “nuevas” regiones donde encuentran todo lo anterior se ubican cerca de zonas urbanas, en las que es inevitable el contacto entre los animales y los hombres, y es ahí donde el peligro acecha pues la “sana distancia” entre ambos grupos de seres vivos prácticamente dejó de existir en algunas regiones del planeta. Es ahí donde con mayor facilidad las bacterias y virus que “habitan” en unos sin que ello les afecte, se transmiten a los otros ocasionando pandemias como la que hoy se vive.
La advertencia de los científicos entrevistados en dicho programa es clara, pues afirman que mientras el hombre siga destruyendo el ecosistema en el que habitan los animales y éstos busquen sobrevivir cerca de las zonas urbanas, será prácticamente imposible evitar que como ésta, otra pandemia aún más virulenta se haga presente afectando al ser humano.
Lo cierto es que ante la urgencia por hacerle frente al covid-19 en todo el mundo ha quedado de lado la lucha en pro de la ecología, y mientras esto sucede, algunos gobiernos como el de Brasil aprovechan el momento para acelerar los incendios en la selva amazónica con miras a obtener más tierras para la siembra o para la cría de ganado, o como en México, con la insistencia de seguir dependiendo de los combustibles fósiles pese a la contaminación ambiental que generan, sólo por mencionar algunos.
Ante este panorama, además de continuar buscando la vacuna contra el virus, el hombre tiene en sus manos el combate a la otra silenciosa pero grave pandemia: la extinción, con miras comerciales, de diversos y ricos ecosistemas en todo el mundo. La estrategia debería ser clara, la protección de los sistemas ecológicos, que representa también la protección del ser humano, ¿alguien estará dispuesto a asumir tal responsabilidad?