En Puebla, MORENA persiste en mostrar una faceta autodestructiva.
Corrijamos: así proceden los dirigentes o representantes de tal organización.
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Diera la impresión que no tienen la mínima idea de su partido, y lo que es peor, ni les importa.
Están en un juego de disputas insulsas, egoísmos incontenibles, avorazamiento presupuestal, desgaste cotidiano y comportamiento infantil.
Morena llegó al poder aquí, como todos sabemos, por el arrastre presidencial.
Tal circunstancia colocó a los triunfadores en una situación privilegiada. Máxime que, a nivel estatal, la herencia del morenovallismo era nefasta.
Tenían la mesa puesta para, casi a partir de cero emprender una experiencia de gobierno bajo los mejores augurios.
No tenían la mácula de la corrupción inaudita de Rafael, Gali y Pacheco.
Y sin embargo, al paso de los meses el signo del quehacer gubernativo parece ser el conflicto eterno.
La falta de entendimiento entre el gobierno estatal y el de la capital no ha encontrado caminos de solución. La disputa domina el escenario y la cordura está ausente.
En el Congreso del Estado parece haber un inagotable depósito de dinamita. El responsable morenista de este poder, Gabriel Biestro, alimenta todo el tiempo una tirria personal contra la presidenta Claudia Rivera. La mira y trata como una enemiga y, en cambio, sus adversarios políticos de ese poder son halagados, sumados o comprados con toda clase de canonjías.
Pareciera que eso es todo lo que sabe hacer el diputado Biestro, y lo que hace mal lo hace muy bien.
La alcaldesa, por su lado, hace todo el tiempo un denodado esfuerzo por ser el centro de la antipatía ciudadana, con derroches, carencia de autoridad y tolerancia para el comercio ambulante, programas e ideas absurdas, abandono de calles y servicios en el municipio…y afanes releccionistas que rayan en el cinismo.
Total, con los conspicuos representantes morenistas tirándose a diario hasta con la sartén, para qué quieren enemigos.
Llegarán a la elección, el año entrante, con muy malas fachas y peores cuentas.
Hay un consuelo para su causa: la oposición está peor.
El fondo del telón les favorece: el presidente mantiene en las encuestas un grado de aprobación de entre el 54 y 60 por ciento.
Ese paraguas protege mucho, da sombra y cobijo.
Pero no olvidar que la próxima elección no es presidencial.
Hay renovación de presidencias municipales, diputados locales y federales.
Y la gente, en elecciones de esta naturaleza se mueve más en torno a sus intereses, a la preocupación de la vida diaria, los servicios. Detesta los pleitos cupulares, condena las disputas de los que están en el poder.
El gobernador Barbosa, al margen de su estilo personal de gobernar y su inexplicable y sostenida diferencia con la presidenta, ha anunciado medidas, propósitos, castigos, ventilación de abusos y corrupción, que por sí solos pueden ser magníficas banderas electorales.
Lamentablemente, la mayor parte de ellas naufragan en el intento.
No se han traducido en actos contundentes de gobierno.
Fuera de Eukíd Castañón tras las rejas y la desarticulación de otras dos o tres bandas de delincuentes, lo demás se ha quedado en ofertas que se lleva el viento.
Y conste que tiene materia prima que puede capitalizar.
Ha tocado intereses caciquiles y grupos de poder. Pero la traducción de esto no ha tenido ni resonancia, ni permanencia. Estas acciones no se han fijado en la conciencia ciudadana.
Esto no le ha dado la coraza o el brillo de benefactor, reformador, transformador y menos de héroe.
Hay muchos frentes en el quehacer gubernativo de los que podía echar mano, ir a fondo, reformar, romper paradigmas con hechos, modernizar métodos burocráticos, apelar a una austeridad real y militante.
Otros más reclaman un poco de audacia, como encarcelar a cuatro o cinco peces gordos de los recientes gobiernos.
Algunas acciones como las que aquí se apuntan y otras muchas, le cambiarían radicalmente la imagen, la percepción popular, subiría notablemente su grado de aceptación entre la gente, sería un excelente baluarte de su partido.
Un manotazo sobre la mesa, también es hacer política.