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OPINIÓN

Actualizarse no significa enseñar mejor

Regresar a las aulas será con las mismas prácticas hasta antes de marzo

Omar Pineda Luna

Pedagogo y Politólogo, Posgrado en Ciencias Políticas BUAP. Profesor universitario. Colabora en el CENEVAL A.C. Escribe de Política, educación y pedagogía crítica.

Viernes, Octubre 2, 2020

¿Cambió la práctica escolar presencial en lo virtual? ¿Seguimos repitiendo patrones de la educación tradicional, ahora de manera digital? ¿El regreso a las aulas debería seguir con las mismas prácticas hasta antes del 23 de marzo del 2020?

Desde que inició el presente ciclo escolar los planteamientos anteriores han estado presentes en mi quehacer educativo diario, ahora en la virtualidad, por ello es importante responder y exponer algunas razones retomando lo que varios estudiantes conversan entre ellos y con sus profesores/as. Lo anterior, me llevo a recordar mi andar universitario. Traslade al presente el ejemplo de mi maestra de sociología educativa, María del Carmen Malo Ortega, profesora egresada de la Universidad Autónoma Metropolitana, siempre nos decía que la profesión docente era anacrónica, sobre todo al exponer que, si un profesor del siglo XV despertara a inicios del siglo XXI, su práctica seguirá siendo la misma, es decir, utilizaría un gis/plumón; una pizarra/pizarrón y un contenido/libros de textos. Era más explícita cuando la comparaba con otras profesiones, como la del médico que no podría operar, dados los avances tecnológicos desarrollados durante cinco siglos. Para ella la educación y el proceso de enseñanza había quedado atávicamente rezagado.

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Actualmente se pueden extrapolar dichos ejemplos, principalmente por la dinámica presente en el ciclo escolar, que derivado de la contingencia sanitaria obligó al profesorado a entrar en esta “nueva” tendencia educativa, al respecto, quiero problematizar algunas cuestiones educativas docentes en este escenario de virtualidad, pero también en el escenario de violencia social. Es de llamar la atención las prácticas escolares que se repiten dentro del ámbito docente, pero ahora de manea virtual. Ya de por sí en el aula eran ancestrales, reproducirlas de manera virtual parece una contradicción, me refiero, especialmente, a: el dictado, el pase de lista, la aplicación de exámenes vigilados mediante cámara y el autoritarismo educativo virtual.

Para contextualizar el primer aspecto, fue en el siglo XVIII que Carlos III[1] propuso reformar la educación, primeramente, en todas las universidades, en un intento por centralizar y uniformar la enseñanza en sus contenidos, incluía el mandato para desparecer el dictado en las entonces cátedras universitarias. Es decir, desde 1755, el dictado debió desaparecer, por lo menos de la universidad. No obstante, es una técnica que sigue utilizándose, lo increíble es que ahora se dicta a la distancia de computadora a computadora, pasaron más de 260 años y, en universidades privadas y públicas en México, no logramos eliminar el dictado como “método de enseñanza”, tampoco lo estudiantes han puesto resistencia u objeción ante estos procedimientos, en parte porque lo normalizamos, y por otra, por no contradecir al docente.

 También persiste, es el pase de lista. Hacerlo de manera presencial no tiene ningún sustento pedagógico, ahora practicarlo virtualmente parece irrisorio, si bien el argumento es que el estudiante debe conectarse en tiempo de hora clase, esto de ninguna manera asegura que preste atención o tome apuntes, bien puede conectarse decir “presente” y dormir, acostarse, hacer tarea de otra materia, estar en redes sociales, etc. Al respecto, ya Michel Foucault, en el siglo pasado (1975), advertía de las semejanzas entre la cárcel, los centros psiquiátricos y la escuela, exponiendo que en los tres espacios existen paralelismos como: el uso de uniformes, los horarios de comida o visita, el control del tiempo y un sistema punitivo sancionador (existe una autoridad que manda y alguien que obedece, no cumplir con las normas equivale a ser sancionado). A estos elementos yo agregaría el pase de lista, ¿en dónde más realizan está práctica? En la cárcel, el psiquiátrico, la milicia, y por supuesto, en la escuela. 

Por otra parte, existe el examen, instrumento que “mide” el aprendizaje, pero que esta mediado por el poder disciplinario, un dispositivo de vigilancia. “Consiste en coacción por el juego de la mirada, unas miradas que deben ser vistas. Lo cual requerirá además de una arquitectura especifica de observatorio para llevar un control interior, articulado y detallado” (Urraco y Nogales, 2013 p.159). Además, ¿qué medimos con exámenes? la acción es simple, representa el ejercicio de dictar conocimiento, lo lanzamos como especie de Frisby, los estudiantes lo recogen y nos los devuelven en una hoja o por correo. Esta acción se ha llevado al ámbito digital, pues en varias evaluaciones los maestros y maestras exigen al estudiante contestar un examen, hacer que prendan su cámara para vigilarlos que no busquen en internet la respuesta o este alguien ayudándolos, por supuesto que hay quienes aplican los cuestionarios que permite Google, donde se determina un tiempo límite. Sin embargo, la acción de examen sigue siendo la misma. Esta práctica, paulatinamente, está siendo sustituida por otro tipo de evaluaciones.

Por último, encontramos el autoritarismo educativo virtual, esta especie de disciplina del profesor/a por imponer sus reglas por medio de gritos e insultos, obligando a usar las cámaras, a conectarse en horarios determinados, sin preguntar la situación familiar, emocional o económica por la que atraviesan nuestros estudiantes. Tal como se vio reflejando en el vídeo que se hizo viral en redes sociales, teniendo como protagonista a una maestra que gritaba para que su estudiante utilizara la cámara. O el otro caso sonado de la profesora que humilló a su alumno por no tener un lugar “digno” donde tomar clase y estar utilizando la computadora en un “cyber”. La exposición ante este “panóptico digital”[2] ha evidenciado lo que pasa dentro de las clases, pero ahora de manera virtual. Aunque existen escuelas privadas que vituperan el éxito de clases virtuales, sobre todo, por contar con los insumos necesarios para realizarlo, el ingreso privado les permite preparase con antelación y ahora sirve como eslogan atractivo para sus clientes educativos, sin embargo, no consideran que sólo hay un traslado de lo presencial a lo virtual, con los mismos arcaísmos que ya de por sí tenemos en las aulas. Aquí cabe señalar, que existen instituciones privadas que, efectivamente, cuentan con los medios, incluso hasta tomar clases mediante hologramas, pero sólo están al alcance de la élite económica, es decir, “hay de privadas a privadas”

Hasta este punto expuse algunas circunstancias que seguimos repitiendo, pero también existe la otra cara de la moneda, profesores y profesoras que han entrado de lleno a la dinámica virtual, capacitándose, invirtiendo recursos económicos, materiales y humanos, realizando material didáctico, abriendo las puertas de sus casas para decorarlas y hacer llamativas las clases, dando su mayor esfuerzo para que los estudiantes aprendan de la mejor manera, utilizando las ventajas digitales. Existen otros casos de maestros y maestras, que al saber que sus estudiantes no tienen los medios virtuales han optado por asistir a las comunidades y visitar a sus alumnos y alumnas para tratar de guiar el conocimiento necesario, llevar y traer planeaciones, principalmente, en las periferias. Dejar claro que los esfuerzos de maestros y maestras tienen como objetivo salvaguardar la salud de la comunidad estudiantil, pero también llevar los aprendizajes por los medios posibles.

Aprende en casa II. Accesible, pero no deseable.

Otro aspecto que resalto es el programa “Aprende en casa II”. Al inicio desato una serie de polémicas, incluso yo mismo lo critique en los primeros días, ya que eran programas repetidos de otros países con conductores que utilizaban ejemplos de su lugar de origen, y, por lo tanto, los niños y niñas no lograrían entender los contenidos. Tengo presente la crítica de Miguel Ángel Rodríguez[3], cuando menciona “La educación bancaria concibe solo un lado activo de los procesos de enseñanza y aprendizaje: el profesor que sabe y transmite, es él quien deposita los conocimientos, en este caso los contenidos de los programas de estudio por televisión, a las y los estudiantes, recipientes vacíos que reciben pasivamente, y durante varias horas al día, el discurso de los sabios de la aldea” (párr 8). Sin embargo, al estar revisando el programa durante estos días, y haciendo el ejercicio de estar con mi sobrino viendo los contenidos de su grado, me pude percatar del esfuerzo de los maestros que están realizando los programas por televisión, incluso varias de mis estudiantes en la Escuela Normal Superior de Tehuacán, exponían que en su observación se percataron tenía sus bondades, ya que argumentaban podría funcionar, siempre y cuando existiera un acompañamiento de algún adulto, idea con la cual coincidí al hacer el ejercicio con mi sobrino y realizar ese reforzamiento. Si bien en un principio fue satanizado, hoy podemos observar que los conductores auxilian como alumnos, y los profesores y profesoras pertenecen al gremio docente, podemos observar admirar el esfuerzo que están realizando, y, además, romper con los estereotipos que sólo personas con determinadas características pueden estar en televisión. Por supuesto, que la televisión no sustituye el quehacer docente, pero en estos momentos es lo que tenemos a la mano.

Si bien debemos preguntarnos ¿Qué está pasando? Pareciera que un sector de maestros y maestras demanda que la televisión y el uso de la tecnología no es la alternativa, no obstante, los estudiantes aseguran aprender mejor de “el profe Julio”, así lo exhiben las miles de reproducciones que tiene su canal, ¿qué hace diferente en su método de enseñanza? Si el principio es el mismo: una cámara, un pizarrón y un plumón. En este sentido, debemos preguntaros ¿qué estamos haciendo mal?

La escuela está librando otra batalla, la imposición de la tecnología hacia nuestras prácticas educativas, con el peligro que conlleva la sustitución del profesor/a y la eliminación de la escuela como espacio público, donde no sólo intervienen la enseñanza y el aprendizaje, sino que esta mediada por otras subjetividades y relaciones interpersonales de amistad, compañerismo, noviazgo, reforzamiento de valores, diferencias ideologías, tolerancia etc. Aspectos que en la virtualidad son imposibles de cultivarse.

Finalmente, me gustaría exponer las razones por las cuáles dentro de nuestro discurso educativo debe estar siempre presente la violencias sistémicas y estructurales por las que atraviesa el país, muchas veces pareciera que llegamos al aula dictamos nuestros contenidos y nos encerramos en una burbuja como si el salón de clases se mantuviera situado en otra realidad, ya lo exponía Adam Schaff (1974) el proceso de conocimiento tiene tres modelos explicativos: mecanicista, idealista-activista e interacción. Para el filósofo polaco en el primero, el sujeto es considerado como un agente contemplativo. “En consecuencia, el resultado de este proceso de conocimiento resulta ser una especie de reflejo o copia del objeto” (p.56), como el hecho de duplicar lo que está escrito en el pizarrón a la libreta de manera mecánica. El segundo, se caracteriza “por el predominio del sujeto cognoscente que percibe al objeto de conocimiento como su propia producción” el agente comienza a generar ideas, pensamientos. Por último, el tercer modelo explicativo, una suerte de interacción entre el primero y segundo oponiéndose a la preponderancia del objeto y del sujeto “el sujeto del conocimiento se produce en el marco de la práctica social de quien percibe al proceso de la realidad, y, en consecuencia, el conocimiento siempre es resultado de una actividad social”.

En este escenario, resulta inevitable referirme, estrictamente, a que no hemos dado cabida en las aulas a los problemas sociales, como es el caso de los feminicidios, cuántos de nosotros/as decidimos dedicar unos minutos de nuestra clase para hablar de los feminicidios de Alondra, Nayeli, Carmen y Jessica González, ésta última se iniciaba como maestra de preescolar en el estado de Michoacán. ¿A caso el tema de violencia que vive la mujer en el país no debería estar presente, por lo menos, en la reflexión del profesorado? ¿Por qué pensamos lo político, lo social y lo económico como aspectos no educativos?

 

Notas

Foucault, Michel. (1975/1992). Vigilar y castigar: Nacimiento de la prisión. Madrid: Siglo XXI.

Han Byung-Chul (2013), La sociedad de la trasparencia. Editorial Herder, Barcelona

 

Rodríguez, Miguel Ángel (05 del 09 de 2020) Televisión y educación bancaria en E-Consulta [recuperado el 29/09/2020] https://www.e-consulta.com/opinion/2020-08-05/television-y-educacion-bancaria

 

Schaff, Adam (1974). Historia y Verdad, Grijalbo, México.

 

Urraco Mariano y Nogales Gema (2013) Michel Foucault: El funcionamiento de la institución escolar propio de la Modernidad. Revista Andaluza de Ciencias Sociales. Pág. 115-167

 

 

 

[1] Tesis de maestría “La universidad rendimiento: consecuencias de la mercantilización de la educación en la sociedad. El caso de México 1990-2000”. Benemérita Universidad Autónoma de Puebla autor: Omar Pineda Luna  https://repositorioinstitucional.buap.mx/bitstream/handle/20.500.12371/6917/381519T.pdf?sequence=1&isAllowed=y

[2] Aunque para Han (2013), la idea de panóptico digital se aleja de la función de óptica perspectivista, para este autor, el exhibicionismo y el voyeurismo de las redes sociales alimenta el panóptico digital. La sociedad del control se consume allí donde su sujeto se desnuda no por coacción externa, sino por la necesidad engendrada en sí mismo. (p.87)

[3] Para más información https://www.e-consulta.com/opinion/2020-08-05/television-y-educacion-bancaria [consultado el 29/09/2020]

 

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