El Marro y las redes implicadas

Lunes, Agosto 3, 2020 - 23:51

El profesor universitario en la Universidad de las Américas - Puebla. Es licenciado en sociología por la UNAM y doctor en Ciencia Social con especialidad en Sociología por El Colegio de México.

En poco tiempo, Guanajuato pasó de ser uno de los estados más prósperos y seguros del país, a ser el más violento. Vivió recientemente una inseguridad brutal, asociada a José Antonio Yépez, líder del llamado cártel de Santa Rosa de Lima. Yépez, alias El Marro, ya está preso. ¿Se resolverá con su detención el problema de la delincuencia en Guanajuato? Parece que no.

Abruma pensar en la cantidad de implicados que pueden estar detrás del principal negocio de Yépez y su grupo: el huachicol, el robo de grandes cantidades de combustible en los ductos de PEMEX. Se dice que esta empresa tiene medios para detectar las zonas y las cantidades de esos robos. Si se han hecho durante años y en enormes cantidades, es porque hay cómplices de diversos niveles en la principal empresa del Estado mexicano.

Se requiere también la complicidad de quienes compran la gasolina robada. Seguramente decenas de gasolineras.

Supongo que la Secretaría de Hacienda, tan eficaz para penalizar las más nimias fallas de los contribuyentes cautivos, tiene acceso a información para saber en qué gasolineras no checan los datos entre lo que le compran formalmente a PEMEX y sus ventas al público.

Es muy probable que también haya una responsabilidad directa de las autoridades municipales, pues en poblaciones pequeñas o medianas es fácil saber quiénes andan en el huachicol. Menos directamente, también se habla de complicidades de autoridades estatales y federales.

Del huachicol el cártel de Santa Rosa pasó a otras actividades: secuestros, extorsiones, cobro de piso, robo de autos. El daño de estos delitos a la sociedad es severísimo. Generan lo contrario del bienestar: sufrimiento, a niveles difíciles de imaginar en algunos casos.

Las declaraciones de El Marro han sido breves, pendencieras, altisonantes, poco respetuosas de la gramática y la sintaxis. Pero nos muestran bien la psicología de estos delincuentes. No lo dijo él, pero sus dichos pueden resumirse en la frase clásica: “es mejor vivir cinco años como rey, que cincuenta como buey”.

Hay al menos dos formas de combatir esa opción. Una, mostrar que está equivocada. Es un trabajo de educación. Otra, acortar los cinco años, volverlos un periodo tan corto que no valga la pena. Es un trabajo policiaco y jurídico.

Lo que nos lleva a reconocer el trabajo de las autoridades que lograron la detención del presunto. No fue un trabajo fácil. Requirió de inteligencia y de la colaboración entre gobiernos que estaban distanciados. Nos lleva también a reconocer la importancia de funcionarios como el de Omar García Harfush (ajeno al caso de Guanajuato), con vocación y trayectoria profesional. Y la necesidad de contar con perfiles similares.


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