Premio para adquirir coches sí, pero sólo eléctricos (e-autos), ese fue el acuerdo en el nuevo plan para seguir reactivando la economía alemana. Sin embargo, la materia prima para elaborar los acumuladores de dichos coches, el litio, es un elemento que causa opiniones encontradas debido a que la extracción del mismo es un tanto complicada y no tan compatible con el espíritu ecológico.
Después de largas horas de discusión, finalmente los partidos de la coalición que gobierna en Alemania, la Unión Demócrata Cristiana (Christlich Demokratishce Union, CDU por sus siglas en alemán) y el Partido Socialdemócrata en Alemania (Sozialdemokratische Partei Deutschlands, SPD por sus siglas en alemán), acordaron otro paquete de 130 mil millones de euros para seguir reactivando la economía. El punto más polémico fue el “Kaufprämie für autos” (premio para adquirir coches), que se aprobó pero sólo para los e-autos, no para coches de diésel ni de gasolina.
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Un triunfo para los ecologistas podría pensarse, tal vez, el único detalle es la obtención del elemento más importante en la elaboración de los acumuladores que requieren los e-autos, el litio, que ha desatado una fiebre, como en sus tiempos lo hizo el petróleo.
En el 2018, la empresa ACISA, originaria del estado alemán de Baden Württemberg y la empresa estatal boliviana YLB firmaron un convenio de asociación para la extracción del litio. El gobierno boliviano tendría bajo su administración el 51 por ciento de las acciones, según un reportaje de la revista Der Spiegel (El Espejo) en el 2018. Sin embargo, los habitantes de la región de Potosí, donde está el lago salado Uyuni y de donde se extraería el metal realizaron una serie de protestas: Primero, porque consideraban que Bolivia suministraría sus recursos minerales a empresas internacionales y la población local no se beneficiaría lo suficiente, y segundo, por el daño ecológico que causaría a la región.
Como consecuencia, aunque el gobierno de Bolivia no lo reconoció directamente, se canceló el proyecto con el que se pretendía para el año 2022 se obtuvieran entre 30 y 40 mil toneladas de hidróxido de litio al año, con inversiones de 300 a 400 millones de euros. Ello hubiera posibilitado la fabricación de acumuladores de litio para cien mil autos eléctricos. De la obtención total del metal en esa región, el 85 por ciento estaba comprometido con Alemania.
La postura con mayor peso en contra fue la inmensa cantidad de agua que se requiere para su extracción, y que puede llegar hasta 21 millones de litros (¡!). De acuerdo con un reportaje del programa MAKRO en el 2018, la técnica consiste básicamente en extraer del subsuelo el agua que contiene el litio para después depositarse en estanques de concreto en los que permanece aproximadamente 5 meses, durante los que se evapora la mayor parte del agua, y el material acuoso altamente concentrado en litio que queda se traslada a la empresa que lleva a cabo el proceso final para obtener hidróxido de litio.
Cabe señalar que existe una región en Sudamérica que se conoce como el triángulo del litio, donde supuestamente se concentra el 85 por ciento de las reservas de litio a nivel mundial, en los límites de Bolivia, con el salar de Uyuni; Argentina con el salar del Hombre Muerto, y Chile, con el salar de Atacama, en éste último la extracción del metal ha generado ya la sequía de algunos de los oasis y por ende la migración de habitantes de la región.
En este contexto, Cornelia Füllkrug-Weizel, presidenta de la agrupación de ayuda evangélica “Pan para el mundo” (Brot für die Welt), dijo en una entrevista de radio concedida al SWR1 en el 2019, que el litio (su obtención) tiene dos diferentes caras, para Alemania, donde se empleará para la electro-movilidad se elogia como la aportación para el cuidado del medio ambiente y el clima. En Latinoamérica, los métodos para su obtención llevan a –los habitantes- de la región a la enfermedad y la ruina.
A fin de disminuir los daños, la entrevistada propuso la creación de un “sistema de depósito” para las baterías de los coches eléctricos, así como la implementación de procedimientos que permitan la recuperación y reuso de las materias primas, pero sobre todo, dijo, se debe reconsiderar “qué valor tiene para nosotros en Europa una movilidad respetuosa con el clima, -en comparación- con las personas en -cuya región- se obtendrá el litio”.
Considerando lo anterior, las reacciones ante la nota de Forbes publicada en diciembre del año pasado, en la que se indica que en Sonora se ubica “ …el yacimiento de litio más grande del mundo, con reservas probadas y probables de 243.8 toneladas”, pueden ir del júbilo al temor, sobre todo en lo que al manejo de los recursos acuíferos se refiere.
Y aunque el titular de la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales, Víctor Manuel Toledo dijo que “el litio será estratégico”, -pues- “estamos en una transición energética en todo el mundo … el litio se va a convertir en el nuevo petróleo, porque es la base de los acumuladores (para los automóviles eléctricos)”.
Y aunque el titular del ejecutivo, AMLO señaló que “lo que se busca en el actual gobierno es mantener un equilibro entre el crecimiento y desarrollo del país y el cuidado del medio ambiente, así como la salud de los mexicanos”. Declaraciones –ambas- plasmadas en otra nota de Forbes también de diciembre del 2019.
Y aunque la extracción del metal represente otra vía más de ingresos para el país, cabría esperar que el presidente cumpliera lo dicho, y que se contara con un plan para proteger el sistema ecológico de la región donde se ubica el yacimiento, al igual que debería suceder en otras regiones del país, sería lo justo, en vez de permitir que el metal se extraiga a cualquier precio.