Desde mi punto de vista, la “nueva normalidad” a la que nos enfrentaremos en poco tiempo, no será muy diferente a lo que estábamos acostumbrados. De hecho hay sectores de la sociedad que no modificaron sus hábitos ni de consumo ni de vida. Así que podremos esperar: embotellamientos, largas filas en los centros comerciales, aglomeraciones en el transporte público y espacios cerrados, mercados municipales hasta el tope, canchas y espacios deportivos concurridos, etc.
La realidad se impone de golpe. Poco, muy poco habremos aprendido de esta pandemia. Quizá quedará como permanente el uso del cubrebocas, del gel antibacterial y un poco la sana distancia. Sin duda, habrá eventos y espectáculos a los que no podremos asistir.
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Ante un mundo que mayoritariamente se niega a cambiar, que es hostil, malagradecido, individualista y egoísta, se nos reta a combatirlo mediante la solidaridad y la empatía por el otro, por los otros.
Y dado que nos vamos a enfrentar a un escenario sumamente complicado, de crisis económica que traerá como consecuencia una crisis social, como secuelas de la pandemia y de las malas políticas adoptadas, el retorno a la “nueva normalidad” debe ir acompañada de lo mejor de nosotros mismos, es decir, debe despertar en nosotros una actitud positiva que se convierta en un hábito, en una forma de ser.
Si algo bueno ha suscitado la pandemia en una parte de la sociedad es el sentido de ayuda, de apoyo, de solidaridad.
Cuando estaba escribiendo estas líneas me vino a la mente la película “Cadena de favores” y me pareció un buen título y una excelente recomendación para poner en práctica.
“Sólo imagina, tú haces un favor a tres personas, algo que no puedan hacer por sí solas y les dices que no te lo devuelvan, que se lo pasen a otras tres personas, las cuales a su vez se lo pasarán a otras tres y así sucesivamente. ¿Imposible? Un profesor, el señor Eugene Simonet, propone a sus alumnos un reto: Para aprobar esta asignatura debéis tener una idea que cambie el mundo. Es entonces, en su intento por mejorar el mundo, cuando Trevor pone en funcionamiento una Cadena de Favores que dará un giro a la vida de su madre, de su profesor y la de él mismo”.
Fecha de estreno: 20 de octubre de 2000 (Estados Unidos)
Producción: Peter Abrams; Robert L. Levy; Steven Reuther
Reparto: Haley Joel Osment, Kevin Spacey, Helen Hunt.
Durante este tiempo de encierro y sana distancia ha habido quienes han manifestado sentimientos de ayuda y solidaridad, como la Red de Cinco Radio de Javier López Díaz, Grupo Acir, Fundación Soriana, Clubes de servicio, Banco de Alimentos, Cáritas Mexicana, Grupo Modelo, Grupo FEMSA, UPAEP e Ibero Puebla donando despensas, agua, gel, cubrebocas y caretas para trabajadores de la salud en el estado, entre muchos otros.
Lo he dicho y lo reitero: no esperemos que la ayuda llegue del gobierno. Hagámoslo nosotros mismos.
Se vienen momentos aún más complicados. Todavía no hemos visto los estragos reales de la crisis, por eso propongo que accionemos una cadena de favores. Aquí una breve explicación de cómo funciona:
Como bien dice José Mujica: “La vida no es solo recibir, es antes que nada dar algo de lo que tenemos. Por jodido que estés, siempre tenés algo para darle a los demás”.
Hay muchas formas de ayudar, aquí solo he mencionado algunos ejemplos, pero lo que quiero es provocar una ola positiva de acciones en beneficio de los más necesitados, en todos los aspectos, desde lo material hasta lo moral.
Llenemos nuestra vida de acciones positivas y estaremos entrando en la nueva normalidad que tanto nos hace falta vivir.
Correo: regidorleon@gmail.com
Twitter: Marcelino_Leon