La paciencia es un árbol de raíz amarga pero de frutos muy dulces.
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El llamado a quedarnos en casa empezó a hacerse efectivo de manera oficial y generalizada el 20 de marzo que fue la fecha que señaló el Secretario de Educación Pública como la fecha de inicio del período de suspensión de actividades de semana santa que según ese anuncio duraría hasta el 20 de abril.
Pero no hubo regreso el 20 de abril después del receso primaveral porque las instrucciones de las autoridades de salud fueron que se debía continuar con el período de contingencia en todo el país y la exhortación de quedarnos en casa sigue aún vigente. El sábado 23 de mayo que escribo este artículo el presidente -contradiciendo lo que había afirmado en días anteriores respecto a que se había logrado “domar el virus” y aplanar la curva de contagios- exhortó a mantener y reforzar estas medidas preventivas porque según dijo “estamos viviendo días críticos”.
Si tomamos el lunes 23 de marzo como fecha de inicio del encierro en nuestras casas, este mismo sábado 23 de mayo llegamos a los dos meses de no salir nada más que a lo indispensable y trabajar mayoritariamente desde casa todos los que podemos hacerlo y no vivimos al día. Esto significa más de 60 días de inactividad social casi total que ya empiezan a pesar cada vez más en el ánimo general.
En lo relativo al ciclo escolar en curso, la SEP había anunciado –después de la imposibilidad del retorno el 20 de abril- como fecha de reanudación de actividades escolares presenciales el 1 de junio pero hoy sabemos que esta fecha tampoco se va a cumplir y a pesar de una incomprensible insistencia del secretario Moctezuma de que en cuanto haya condiciones se va a terminar el año escolar de modo presencial, un buen número de estados del país –incluyendo nuestro estado de Puebla- han anunciado oficialmente que el fin de actividades será a distancia.
El final del túnel de esta crisis de salud se ha ido alejando progresiva y continuamente y al día de hoy, a pesar de la urgencia de reactivar la economía que requiere del retorno planeado y cuidadoso de ciertas actividades productivas, nadie sabe a ciencia cierta cuándo podremos volver a salir de nuestras casas con cierto nivel de seguridad.
Por eso el tema de hoy en este espacio es la paciencia, porque mientras el período de sana distancia y confinamiento continúe será cada vez más importante pero al mismo tiempo más escasa la sana paciencia necesaria para sobrellevar y dar sentido a esta etapa aparentemente perdida de nuestras vidas.
La paciencia es de por sí un bien escaso en estos tiempos de prisas y urgencias en los que vivimos a un ritmo vertiginoso y nos movemos muy rápidamente muchas veces sin saber hacia dónde vamos.
El gran novelista y pensador de origen checo Milan Kundera ya había escrito una espléndida novela al respecto titulada precisamente La lentitud, en la que habla del miedo y el vértigo que produce al ser humano contemporáneo cualquier espacio o actividad que implique reducir la velocidad con la que se vive porque eso nos obliga a estar con nosotros mismos, a enfrentar nuestras preguntas más profundas y descubrir nuestras sombras y nuestras contradicciones.
El encierro derivado de la pandemia nos está obligando a esta lentitud –a pesar de la sobrecarga de actividades virtuales estamos encerrados en nuestras casas, solos y/o con nuestras familias, cara a cara más tiempo que nunca- y nos está aislando también de nuestros círculos de amistad y de trabajo, alejándonos del contacto de otros a quienes apreciamos y de quienes aprendemos también a vivir.
Si recurrimos a la poesía mística, podemos leer el muy conocido poema de Santa Teresa que plantea que “la paciencia todo lo alcanza”, que “todo se pasa” y por ello no debemos espantarnos o turbarnos con nada porque Dios no se muda y su presencia es suficiente para que no falte nada[1]. Una espiritualidad profunda –ligada o no a determinada religión- lleva a desarrollar esta paciencia que se traduce en una sabiduría que orienta la vida y le da sentido incluso a los momentos más difíciles.
Si no buscamos por el lado de la fe sino por el de la ciencia, podemos encontrar la también muy citada frase de Isaac Newton que dice: “Si he hecho descubrimientos invaluables ha sido más por tener paciencia que cualquier otro talento”[2]. De hecho con esa paciencia están ahora mismo trabajando intensamente muchos grupos de científicos en el mundo para tratar de crear la vacuna que pueda inmunizar a la humanidad contra este nuevo virus.
Si nos movemos hacia la utopía de la transformación social podemos encontrar expresiones poéticas como la de Pablo Neruda que escribió que “Sólo con una ardiente paciencia conquistaremos la espléndida ciudad que dará luz, justicia y dignidad a todos los hombres. Así la poesía no habrá cantado en vano”. De ahí la necesidad de paciencia histórica para construir e impulsar proyectos de transformación social humanizante sabiendo que el cambio lleva siempre muchas generaciones y nunca estará terminado del todo.
Desde la perspectiva psicológica, Scott Peck menciona en La nueva psicología del amor la urgencia de educar en la disciplina a las nuevas generaciones para vivir constructiva y sanamente. Uno de los elementos esenciales para formar en la disciplina es lo que llama la posposición de la satisfacción, es decir, la capacidad de saber esperar la recompensa, el reconocimiento, la solución de las cosas, trabajando primero en lo díficil y en lo desagradable, en lo que requiere esfuerzo o aún sufrimiento.
Hoy mucha gente esta perdiendo la paciencia y volviendo a la antigua normalidad como si no pasara nada. Hoy mucha gente está cayendo en la desesperación porque la situación misma la pone en situación de romper el aislamiento para poder sobrevivir.
Todos los que trabajamos en la educación tendríamos hoy que revalorar la paciencia, hacer acopio de ella para seguir educando en condiciones excepcionales y especialmente complicadas y también por supuesto, educar a los niños y jóvenes de este país para que desarrollen la paciencia, para que sean conscientes de que en la vida es necesario, si se quiere saborear sus frutos dulces, digerir la raíz amarga del árbol de la paciencia.
[1] El lector interesado puede encontrar la versión completa del poema en esta liga:
https://fsspx.mx/es/news-events/news/nada-te-turbe-nada-te-espante-santa-teresa-de-%C3%A1vila-35173
[2] Esta cita y la siguiente de Neruda pueden encontrarse en la misma liga de donde está tomada la frase que sirve de epígrafe a este artículo.