“En México, un negocio
ilícito siempre lleva el
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visto bueno del presidente”
Andrés Manuel López Obrador
28/12/2018
Cuatro semanas después de tomar posesión de la presidencia de la república, al referirse a los actos de corrupción que se comenten en el gobierno federal, Andrés Manuel López Obrador aseguró que los negocios ilícitos que se cometen siempre llevan el visto bueno del presidente de la república.
En congruencia con esa verdad expresada clara y puntualmente por el primer mandatario, se infiere, sin riesgo de incurrir en un error de apreciación, que él personalmente autorizó y dio el visto bueno al fraude que presuntamente cometió en perjuicio de la nación León Manuel Bartlett Álvarez, hijo del director de la Comisión Federal de Electricidad, Manuel Bartlett Díaz, al vender al IMSS, a través de la empresa Cyber Robotics Solutions, de la que es socio, en 31 millones de pesos 20 respiradores mecánicos (ventiladores) con un sobreprecio promedio estimado en 42% derivado de muestrear un universo de 8 marcas y obtener un precio promedio de 900 mil pesos por ventilador, que contrasta con el millón 500 mil pesos en que Bartlett Jr. vendió al Seguro Social.
La relación que existe entre el presidente de la república López Obrador y el director de la Comisión Federal Manuel Bartlett Díaz fue, obviamente, un factor determinante en la realización del negociazo que hizo con el IMSS el hijo del exgobernador de Puebla.
Zoé Robledo, director de esa institución, trató de justificar, atropellada y enredosamente, que esa escandalosa operación tuvo que “ver con varios elementos como la oportunidad (y) la fecha de entrega y en este caso se cumplió la fecha acordada y otros criterios porque hay empresas que piden anticipos, en algunos casos que es de 100 por ciento y sin fianza”.
Sólo en el cerebro el director del IMSS existen operaciones mercantiles por las que se pagan “adelantos” de 100% del precio de la mercancía comprada.
A lo largo de los larguísimos 18 años en que AMLO anduvo a la caza de la presidencia de la república, se comprometió a combatir la corrupción que durante muchas décadas acarreó enormes beneficios a los integrantes de la vieja mafia en el poder, compuesta por compañeros suyos de la época en que, juntos, incluyendo desde luego a AMLO, militaban felizmente en el PRI.
Fue tan insistente su denuncia y reiterativo su compromiso de combatir la corrupción, que fueron cientos de miles de personas que le creyeron. Incluso muchas de las que con fundada razón estamos en desacuerdo con su actuación política.
Veintitrés años antes, en 1995, López Obrador publicó un libro titulado Entre la historia y la esperanza, en cuyo capitulo El imperio de la corrupción, en el que el ahora presidente de la república denunció que su cercano colaborador, a quien designó director de la Comisión Federal de Electricidad, se asoció con su amigo Ignacio Cobos, yerno del entonces gobernador Mario Trujillo García, para urbanizar, con recursos públicos, unos terrenos de su propiedad.
López Obrador describió textualmente en su libro que “Durante el gobierno de Mario Trujillo comenzaron los negocios de la urbanización de Villahermosa. Por ejemplo, cuando se proyectó la construcción del periférico, una elevada proporción de los terrenos baldíos comprendidos en el nuevo trazo de la ciudad, pasaron a ser propiedad de los más encumbrados funcionarios públicos.”
“En ese sexenio, por hablar solo de un negocio, los terrenos de Manuel Bartlett Díaz, que había heredado de su padre, Manuel Bartlett Bautista, fueron urbanizados de una peculiar manera Bartlett hijo se asoció con el yerno de Trujillo, Ignacio Cobos, y ambos acordaron que éste se encargaría de introducir todos los servicios públicos (pavimento, agua, drenaje y energía eléctrica) y una vez concluido el trabajo se dividirían por mitad el nuevo fraccionamiento Framboyanes. Así ocurrió, pero claro está que todas las obras de infraestructura se hicieron con cargo al erario público”, remachó AMLO.
López Obrador logró capitalizar eficazmente el gran enojo social que provocó la corrupción gubernamental, particularmente en los períodos presidenciales de Miguel Alemán Valdés, Luis Echeverría Álvarez, José López Portillo y Enrique Peña Nieto. Enojo multitudinario que el domingo 1 de julio de 2018 hizo posible el arrollador triunfo electoral del ahora presidente de la república.
Simpatizantes y no simpatizantes de López esperábamos que éste cumpliera su promesa de combatir la corrupción real y efectivamente. No una simulación o farsa, como hasta ahora ha ocurrido.
Aunque en la vida nada es eterno ni definitivo, resulta inexplicable que un individuo, de ideas fijas ─no firmes─ como Manuel López Obrador, siendo presidente de la república, haya transformado fácil e inesperadamente la opinión que de corrupto tenía hace 25 años acerca de su hoy director del CFE, Manuel Bartlett Díaz.
Hoy, el presidente López no se cansa de proclamar que le tiene gran confianza al licenciado Bartlett y que está satisfecho con el desempeño que éste tiene al frente de la CFE.
Será que el Manuel Bartlett Díaz dejó de ser el corrupto que denunció AMLO hace dos décadas y media y se convirtió en un servidor público 90% por ciento honesto y 10% eficiente. O el supuestamente honesto presidente López Obrador se convirtió en un funcionario público 100% corrupto. ¿Con cuál de las dos versiones se queda el lector? Yo con la segunda.
Bartlett posee 23 casas y 2 terrenos en zonas de alta plusvalía, valuadas en poco más de 800 millones de pesos, según reveló una investigación periodística efectuada por la reportera Areli Quintero. Cantidad de dinero imposible de reunir, aun ahorrando la totalidad del sueldo ─repito y enfatizo del sueldo─ obtenido durante los seis años que ocupó la secretaría de Gobernación (1982-1988); los 3 años 1 mes 5 días que desempeñó el cargo de secretario de Educación Pública (1988-1992) y los seis años que fungió como gobernador de Puebla (1993-1999).
No es creíble que habiendo ingresado a trabajar en la Administración Pública Federal en 1969, a la edad de 33 años (nació el 23 de febrero de 1936) y percibiendo sueldos inferiores a los que obtuvo en los 15 años (en cifras cerradas) que ocupó cargos de nivel superior, como titular de las secretarías federales de Gobernación y Educación Pública y como gobernador de Puebla, haya obtenido recursos económicos suficientes para comprar los inmuebles que forman su riqueza inmobiliaria calculada, como se ha dicho, en 800 millones de pesos, sin considerar joyas, objetos de arte, ni ahorros en inversiones y cuentas bancarias.
Siendo secretario de Gobernación y de Educación Pública los únicos fondos del erario importantes son los aprobados en los presupuestos de egresos correspondientes. Recursos financieros que no hacen multimillonario al peor y más corrupto funcionario público de nivel superior.
Solo el manejo deshonesto del dinero recaudado por el gobierno de Puebla y el desvío de las aportaciones federal o la ejecución del proyecto Angelópolis pudo dar a Manuel Bartlett Díaz la oportunidad de acopiar esa robusta cantidad de dinero.
Para establecer el monto del sueldo promedio que el ahora destacado colaborador de López Obrador debió percibir durante el tiempo que ocupó cargos públicos de primer nivel para reunir los 800 millones en que se calcula su riqueza inmobiliaria, debemos dividir, en primer término, esta cantidad de dinero entre los 15 años que Bartlett estuvo en la cúpula del poder político en tiempos del partido hegemónico y el resultado de 53.3 millones que arroja esa operación aritmética corresponde a lo que sería su sueldo anual constante durante tres lustros. Para conocer su sueldo mensual promedio durante el mismo período debemos dividir la cantidad madre entre los 180 meses equivalentes a los 15 años de servicios y el resultado de 4.4 millones de pesos es el monto del sueldo mensual que durante ese lapso tendría que recibir Bartlett, en forma constante e ininterrumpida para ahorrar los 800 millones de pesos en que está valorada su riqueza inmobiliaria. Finalmente, para obtener el importe del sueldo diario habrá que dividir esta última suma de dinero entre los 5 mil 400 días que trabajó en las secretarías de Gobernación, Educación Pública y en el gobierno de Puebla y los 148 mil 148 pesos 15 centavos que resulten corresponden al monto del sueldo que diariamente tendría que haber recibido el controvertido colaborador de AMLO durante los 15 años en que permaneció en la cúpula del poder político. Este sueldo nadie lo ha obtenido en toda la historia de México.
Lo que hace pensar que los 800 millones que Bartlett invirtió en los bienes inmuebles que fueron detectados en la investigación periodista de la reportera Areli Quintero llegaron al bolsillo, a la cuenta bancaria o a la caja de valores de Manuel Bartlett Díaz por otra vía que podría tener que ver con el enriquecimiento ilícito, con el tráfico de influencias o con el uso indebido de la función pública por decir lo menos.
La secretaría de la Función Pública tiene ahora la oportunidad de abrir nuevamente el caso Bartlett y la oportunidad también para borrar la mancha de encubrimiento que dejó la dudosa investigación que realizó hace unos meses Eréndira Sandoval. Buena ocasión para lavarse las manos.