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Covid-19 exhibe irresponsabilidad e ineptitud de AMLO | Raúl Espejel Pérez

Miércoles, 20 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Covid-19 exhibe irresponsabilidad e ineptitud de AMLO

Raúl Espejel Pérez

Ha colaborado como articulista en la revista Jueves de Excélsior, El Universal de México, El Universal Gráfico, El Universal de Puebla, El Día, Nueva Era de Puebla y la revista Momento de Puebla (versión impresa y digital).

Viernes, Mayo 1, 2020

El 30 de diciembre de 2019, mientras el presidente López se encontraba de vacaciones de fin de año en Palenque Chiapas, en China, a poco más de 13 mil kilómetros de distancia, el oftalmólogo Li Wenliang alertaba a la comunidad médica de su país, acerca de la aparición de un virus que adquirió por contagio al atender a una paciente en la ciudad de Wuhan. 

La reacción del gobierno chino fue inmediata. Procedió a encarcelar al doctor Wenliang y a minimizar la importancia del virus. Más tarde, cuando las autoridades chinas se percataron que no se trataba de un simple virus, sino de una pandemia mortal, el médico fue liberado y obligado a comprometerse a “no perturbar el orden social”. Días después, el 7 de febrero, fallecería el doctor Li Wenliang a causa del contagio.

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Al desatarse el coronavirus en China, la pandemia se extendió inconteniblemente  a Japón y Europa. A México llegó el 28 de febrero.

Ese mismo día, después que la secretaría de Salud del gobierno federal reconoció oficialmente la existencia en México de tres casos de Covid-19,  López Obrador, subestimó la gravedad del coronavirus y por consiguiente, despreció también el impacto mortal que tiene en la sociedad el coronavirus, al proclamar que según sus “otros datos”, “no es algo terrible, fatal, ni siquiera equivalente a la influenza”.

Casi al mismo tiempo, en la capital de Estados Unidos, el presidente Trump anunció que analizaría la conveniencia de cerrar la frontera con México para evitar la propagación del coronavirus. Para entonces el gobierno estadounidense ya tenía en su poder el reporte de 15 casos confirmados de Covid-19 en Arizona, California, Illinois, Massachusetts, Washington y Wisconsin. 

A principios de marzo, López volvió a exhibir la poca importancia que le merece el Covid-19 al manifestar nuevamente que “no nos va a hacer nada la pandemia del coronavirus, hay que abrazarse, no pasa nada”.

Semanas más tarde, el 26 de abril, asumiendo una actitud irresponsablemente  triunfalista aseguró, sin fundamento científico, que “vamos bien, porque se ha podido domar la epidemia, en vez que se disparara, como ha sucedido desgraciadamente en otras partes”. 

Más allá de sus clásicas fanfarronadas, lo cierto es que para López Obrador el coronavirus pasó prácticamente desapercibido durante dos meses. Fueron dos meses tirados a la basura porque no hizo nada para enfrentarlo con la oportunidad y eficiencia que el problema reclama.

Sin embargo, la llegada a México de la pandemia del Covid-19, sirvió para exhibir  otro de los aspectos de la irresponsabilidad e ineptitud con que el presidente de la república Andrés Manuel López Obrador efectúa muchos de sus actos de gobierno.

El miércoles 15 de abril, cuando el coronavirus se expandía en el país y miles de mexicanos adquirían el mortal contagio y otros fallecían porque ya lo habían adquirido, a López Obrador, se le ocurrió comprar un estadio de béisbol en la ciudad de Hermosillo que costó 511 millones 690 mil pesos. Dinero público que debió utilizarse en adquirir los insumos que tanta falta hacen para curar a las personas portadoras del coronavirus y comprar el equipo de seguridad que requieren los médicos, enfermeras y camilleros que las atienden.

El estadio en cuestión se utilizará, según lo expresado por el propio presidente López para “descubrir y capacitar beisbolistas” que en caso de tener éxito serán exportados a las grandes ligas de los Estados Unidos. De ocurrir esto México no obtendrá ningún beneficio.

 

 

Estadio de béisbol comprado en Hermosillo por el gobierno de López Obrador

López ha asegurado en diversas ocasiones que el país y sobre todo su sistema de salud está preparado para encarar el coronavirus. Cosa que no es verdad. El referido sistema está severamente agrietado, por lo menos desde hace veinte años. 

Su infraestructura de hospitales, clínicas y personal médico no ha crecido en forma proporcional al crecimiento de la población. Su déficit de infraestructura médica salta a la vista. Las aglomeraciones de personas demandantes de atención médica cada vez son más y más numerosas. 

Dentro de un universo de 176 países México ocupa el lugar número 125 en materia de camas en hospital con una cama y media por cada mil habitantes. En tanto Japón y Corea del Sur, países donde se ha combatido el coronavirus con los mejores resultados del mundo, cuentan con 13.4 y 11.5 camas respectivamente por igual cantidad de habitantes.

La precariedad del sistema de salud mexicano, de por sí grave, empeoró con la llegada de López Obrador a la presidencia de la república. Los rigoristas recortes presupuestales que ha efectuado al gasto médico con la finalidad de obtener dinero para fortalecer el financiamiento de sus programas clientelares, provocaron la  descomunal crisis económica que ahora aqueja al sector salud.

Por regla general, la atención médica que se proporciona a los enfermos de coronavirus es deficiente, salvo casos excepcionales. Escasean los materiales quirúrgicos y de curación, así como las pruebas diagnósticas que sirven para detectar enfermos de coronavirus y los ventiladores que ayudan a normalizar el funcionamiento de su sistema respiratorio.    

Asimismo, las cargas de trabajo y las jornadas laborales del personal médico se incrementan más allá de lo razonable, repercutiendo, por consiguiente, en la calidad de la atención médica que se proporciona a los enfermos de Covid-19.

Este es el escenario que prevalece en la totalidad de hospitales que fueron reconvertidos, al “ahí se va” para atender a los enfermos de coronavirus en estado crítico. En la Ciudad de México, las autoridades de salud del gobierno de López Obrador tuvieron la ocurrencia de designar hospital Covid-19 a un nosocomio del IMSS que está siendo rehabilitado porque fue puesto fuera de servicio a causa del sismo del 19 de septiembre de 2017. Se trata del Hospital General de Zona 32. 

A este estado de desastre en que está hundido el sistema de salud mexicano, hay que agregar que debido a que las autoridades médicas no proporcionaron oportunamente el equipo de seguridad adecuado y suficiente al personal médico que atiende a las víctimas del coronavirus, se han producido muchos contagios y el fallecimiento de 61 trabajadores de la salud, entre médicos, enfermeras y  otros.

La secretaría de Salud dio a conocer que al 30 de abril confirmó la existencia de 52 mil 628 casos negativos; 19 mil 224 de coronavirus confirmados; 15 mil 520 casos sospechosos; 5 mil 912 casos activos y mil 859 fallecimientos. 

Conociendo la forma como acostumbra manejar el presidente López las cifras de los supuestos beneficiarios de sus programas clientelares, que carecen de padrones que demuestren su cobertura real, así como su reiterada y tramposa intención de considerar como ”empleos creados” las becas otorgadas a quienes participan en el programa Jóvenes construyendo el futuro, se cuenta con elementos de juicio suficientes para considerar que las cifras dadas a conocer por la secretaría de Salud carecen de confiabilidad.       

No es creíble ni lógico que un país como Italia, que tiene 60 millones 359 mil 506 habitantes, cuyo gobierno inicialmente restó importancia a la pandemia del coronavirus, igual que como ocurrió en el caso de México, donde se han aplicado más de 29.7 pruebas diagnósticas por cada mil habitantes para detectar oportunamente la presencia del coronavirus, registre al día de hoy 28 mil 236 casos de fallecimiento y México, con 133 millones 870 mil 37 habitantes, donde con grandes limitaciones y a duras penas se han aplicado 0.4 pruebas diagnósticas, por cada mil habitantes, hayan ocurrido sólo mil 859 casos de fallecimiento.

¿Habrá quién otorgue credibilidad a estas cifras de López Obrador? ¡Yo no!

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