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OPINIÓN

Enseñanzas, con “e” de eukid

Y los melodramas están a la vuelta de la esquina, literalmente.

Xavier Gutiérrez

Reportero y director de medios impresos, conductor en radio y televisión. Articulista, columnista, comentarista y caricaturista. Desempeñó cargos públicos en áreas de comunicación. Autor del libro “Ideas Para la Vida”. Conduce el programa “Te lo Digo Juan…Para que lo Escuches Pedro”.

Domingo, Abril 19, 2020

Una cauda inagotable de enseñanzas deja y dejará este fenómeno patológico que sufrimos.

Es democrático, porque ataca a todos por encima de linajes, fortunas, condiciones, clases y razas.

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Contagia a legiones del Efecto Dunning-Kruger, ese que consiste en que la gente opina de todo sin tener idea.

Somete a los efectos de una paranoia a muchas personas o sensibles o desinformadas. O claramente ignorantes no confesas.

Y los melodramas están a la vuelta de la esquina, literalmente.

Exhibe el muy elemental grado de cultura de vastas porciones de mexicanos, que son fácil presa de la manipulación mediante frases tan pueriles como demoledoras: “pues a mi me dijeron”…”yo supe que en el hospital”, “un primo mío que es amigo de un médico de..”, “acabo de oír que..”

Sus fuentes de información son de alta confidencialidad y confianza y, por supuesto no leen periódicos, revistas o  libros, no cruzan información de especialistas en televisión y radio, no suelen revisar entrevistas y conferencias de autoridades en la materia, no tienen juicio propio.

Esa condición, la orfandad informativa y cultural, bien podría causar mayores estragos  que el mismísimo coronavirus.

Eso sí, no obstante tal condición, mañana mismo si es preciso personas así, encabezadas por “doctos” columnistas y conductores de TV podrían estar pontificando sobre la pandemia en cualquier foro, universidad o coloquio que se respete.

Los memes, salvo algunos pocos ingeniosos, tienen atrás a millones de bobos anónimos (o perfectamente conocidos, de estatura intelectual y moral muy modesta, si ponemos como límite la suela de un zapato)             que se regodean con babosadas lo mismo frívolas que ofensivas, procaces o idiotas, que retratan de cuerpo entero a sus autores o quienes los circulan.

Esos segmentos, entre otros, conforman a ese México que reclama cambios y nada aportan en tal sentido. Pasan los días, los años, y no modifican un ápice su conducta, ya no digamos en los hábitos personales, ni siquiera en cursillos de autosuperación tipo microondas.

Muchos, muchos de esos mexicanos de absolutamente todos los niveles, parecieran tener inoculado en lo profundo de su ser  el letal virus de esa enfermedad que bien conocemos en el país como la “papá gobiernitis”. Culpan de todo al gobierno, esperan todo del gobierno.

Esa pandemia es ancestral en nuestro país y su antídoto es la educación, la cultura, la honestidad, el trabajo y el asumir cada uno su responsabilidad en su campo de acción.

EUKID CASTAÑÓN.- Dice la conseja popular que “los carniceros de hoy serán las reses de mañana”. Eso se comprueba frecuentemente en el ejercicio del poder en México. Y en otras partes también. Eukid, quien hoy está tras las rejas ( y acaso con la fortuna de que  se adelantó a la gente en eso del aislamiento) fue prácticamente el vicegobernador en los dos gobiernos morenovallistas.

Lo cual ya es decir.

Acumuló un enorme poder, en todas sus modalidades. En una de ellas, no me consta, refieren en los corrillos policiacos que recientemente su residencia vacía sufrió un robo  de 30 millones de pesos, y que el botín fue básicamente de  relojes.

Leyendas urbanas aparte, lo que refiero ahora sí es auténtico. Valentín Menéses fue casi el alter ego del gobernador Mario Marín en aquél gobierno. Cuando estaba en auge el morenovallismo, un día entrevistó un diario a Valentín y en la entrevista este se   refirió al rostro represivo de ese gobierno, que había provocado la muerte de un niño.

Al día siguiente Eukid, según el relato, mandó llamar a su despacho al licenciado Menéses. Lo recibió con dureza y acritud. Y más que eso. Le recriminó los términos de la entrevista. Menéses hizo algunas precisiones pero no se amedrentó.

Después vinieron las amenazas, la más leve era la cárcel y otras concomitantes.

La ruptura fue total. Y la espada de Damocles quedó suspendida sobre la cabeza de Valentín.  No pasó a mayores el asunto, pero la gravedad del momento pudo haber sido infinitamente superior a lo anecdótico.

Hoy, el otrora especialista en cortes de carne, hace las veces de res en los tiempos del gobernador Barbosa, quien por cierto, también en el campo electoral-político,  sufrió los efectos del sumo poder del vicegobernador de facto.

xgt49@yahoo.com.mx

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