Juan Luis Hernández*
Al cumplirse el primer año de gobierno de López Obrador, hace cuatro meses, nos preguntábamos dónde estaba su oposición política y partidista, pero sobre todo, nos interrogábamos en qué momento surgiría el líder opositor al Presidente. No se veía. Se podría vislumbrar en el proceso electoral para las elecciones intermedias de 2021 o después de éstas. Pero el Covid-19 está moviendo como terremoto el tablero político. Enrique Alfaro, gobernador de Jalisco, ha levantado abiertamente la mano para encabezar la primera oposición frontal ante el habitante del Palacio Nacional.
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Alfaro, curiosamente, está siguiendo el mismo modelo utilizado por AMLO cuando era jefe de gobierno de la CDMX, hacer oposición por diferenciación del Presidente. En aquélla coyuntura, durante el primer lustro del nuevo milenio, con el PRI por primera vez en la oposición y gobernando el primer presidente panista, Vicente Fox, López Obrador construyó su capital político básica y esencialmente con un modelo de comunicación política y un conjunto de políticas públicas abiertamente opuestas a Fox. El culmen de ese enfrentamiento, como se recuerda, fue el desafuero que auspició Fox en contra del tabasqueño y que arrojó a más de un millón de personas a la calle para hacer aún más grande el perfil político de López Obrador.
En plena emergencia sanitaria, los demonios opositores parecen estar sueltos. Se ha intensificado la campaña en redes sociales para pedir la salida de AMLO de la Presidencia, artistas y deportistas de alto perfil mediático se han vuelto inusitadamente críticos con el manejo presidencial del coronavirus (Chicharito, Thalia, Derbez), el Financial Times suscribe un artículo que anuncia una tragedia en México derivado de lo que ellos entienden como una gestión torpe de la crisis por parte del gobierno y animan además a construir una oposición al Presidente. Los gobernadores del PAN están radicalizando su distancia con la Presidencia. No cabe duda, para la oposición a AMLO, la pandemia mundial sí que las ha “caído como anillo al dedo”.
Y en este contexto, Alfaro ha visto la oportunidad que necesitaban. Por un lado, parece que Movimiento Ciudadano, el partido al que pertenece, ya no quiere ser más cola de ratón en las alianzas con el PAN. Sus movimientos son de un partido que quiere construir su propio capital político para liderar, no sólo para acompañar. Por otro lado, la campaña de mercadotecnia política que se ha pagado el gobernador de Jalisco está hecha básicamente para aparecer en el polo opuesto a AMLO, un polo en que se dibuja a sí mismo como responsable y a la altura de las circunstancias de la emergencia sanitaria. El punto álgido de esta campaña es amenazar al gobierno federal con romper con el pacto fiscal federal, animar a otros gobernadores que le sigan y, definitivamente, poner en un buen predicamento a quien desde Presidencia necesita recursos y más recursos.
En democracia, aún en nuestra democracia de baja intensidad, la oposición es fundamental para tener una república sana. Las oposiciones germinan por los propios errores de los gobiernos, por los déficits de legitimidad y credibilidad de los gobernantes y por las narrativas que logran interpretar el malestar social de los ciudadanos. Está por demostrarse si Alfaro tendrá éxito en liderar una oposición que lo haga candidato a la presidencia en 2024. Lo que sí podemos apreciar es que el modelo decisional de la 4T frente a las cúpulas empresariales es el punto de inflexión para la erección de una oposición virulenta al gobierno y que también se estará jugando su propia legitimidad. Este es el caldo de cultivo que Alfaro no querrá desaprovechar.
*Politólogo, Director del Departamento de Ciencias Sociales de la Ibero Puebla.