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OPINIÓN

La política y la politización con el coronavirus

La gestión pública del desastre tiene consecuencias políticas.

Juan Luis Hernández Avendaño

Politólogo, director general del Medio Universitario de la Universidad Iberoamericana Puebla y profesor-investigador de Ciencias Políticas por la misma institución.

Miércoles, Marzo 18, 2020

Juan Luis Hernández*

El azar es muy importante en la política. A lo largo de la historia se ha sobre estimado la racionalidad en el actuar político y se ha subestimado la suerte en la lucha por el poder. En el mundo contemporáneo, los desastres naturales como terremotos o huracanes, así como las pandemias o los accidentes nucleares pueden ser el fin de una carrera política, un gobierno o una hegemonía política, o por el contrario, puede ser el fortalecimiento de una forma de gobernar.

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Uno de los mejores ejemplos de ello es lo que ocurrió con la vida política de la Ciudad de México. El desastre gubernamental para gestionar las consecuencias del terremoto de 1985 dio origen a un movimiento social inédito en la capital de la república que fue una de las bases que permitieron darle vida al Partido de la Revolución Democrática que desde 1997 le arrebató la ciudad al PRI y no se ve para cuando el tricolor regrese al poder de la capital. La gestión pública del desastre tiene consecuencias políticas, fue el aprendizaje.

Pero también en el ámbito de lo social, este tipo de acontecimientos, desastres naturales, accidentes mayores o epidemias, suelen desnudar las fortalezas y las miserias tanto de las personas como de las sociedades. Pero en la era de la globalización y las redes sociales, estamos condenados a magnificar los hechos, a tener muchas lecturas contrapuestas, a juzgar los acontecimientos sólo por una parte de las muchas que le componen. Parece que estamos condenados simple y sencillamente al triunfo de aquélla narrativa que seduzca y embauque a la mayoría, aunque no esté ni siquiera cerca de la verdad.

En nuestro país hay personas que se comportan como si se acercara el fin del mundo, abarrotan centros comerciales y practican las compras de pánico y llevan el pánico a sus entornos inmediatos. Aún está por saberse por qué los compradores apanicados centran su interés en el papel higiénico. El desabasto que creen sucederá por la pandemia, la originan ellos mismos. Profecías autocumplidas. El miedo expandido por las redes sociales detona esa dimensión del ser humano más oscura, aquélla en la que sólo verá por él y si acaso, los suyos, pero regresará al estado de naturaleza con tal de sobrevivir.

Pero del otro lado del péndulo están quienes creen que es un invento más de las farmacéuticas, los gobiernos o los medios de comunicación. Piensan que hay mano negra para generar pánico mundial y por eso se van tranquilamente, por ejemplo, a abarrotar masivamente el Vive Latino. Esta parte de la sociedad ha aprendido a desconfiar, sobre todo, de los poderes fácticos, que son capaces de manipular la opinión global. Este sector de incrédulos se burla de los apanicados, muy difícilmente aceptan las medidas de disciplina social y serán los rebeldes en medio del confinamiento que se avecina.

Pero el coronavirus también está agudizando la lucha política. Para los gobiernos es una buena oportunidad de apartar los temas que generan polémica y supone un desafío generar credibilidad y confianza para tomar medidas de contingencia, políticas sanitarias y disciplina social. Pero para las oposiciones, la gestión pública de la pandemia también es una buena oportunidad para criticar a López Obrador, su política flexible frente a la cierre de fronteras de otros países, su displicencia y poco sentido común el contacto con las muchedumbres. Para unos, el gobierno hace bien en no ser tan radical en las medidas de confinamiento social para no afectar la economía, pero para otros, esconde números reales de enfermos o decesos y quieren que México tome medidas como si tuviéramos los muertos que tienen Italia o China.

Ni lo uno ni lo otro. Este nuevo virus mata a 3 de cada 100 enfermos. En 2009 México exportó al mundo el virus AH1N1 y su letalidad eran de 19 muertos por cada 100 enfermos, es decir, 6 veces más que el covid 19. Hoy en México mueren diariamente más personas por feminicidios, secuestros o, incluso influenza, que por el llevado y traído coronavirus. Eso no quiere decir que no se tomen medidas que eviten letalidad del virus. Pero su presencia no da para el pánico y el miedo social de unos o la laxitud de otros. Se requiere el justo medio, responsabilidad personal, corresponsabilidad social. La ignorancia es pasto seco para las falsas noticias, el pánico social y el miedo a lo desconocido. Pero si le agregamos la polarización política que venimos arrastrando desde varios años, la epidemia la estamos leyendo de acuerdo a esa polarización.

Las medidas sanitarias, cierre de fronteras y de confinamiento social están siendo tomadas de distinta manera, con grados diferenciados y en intensidades variadas por los gobiernos. En Sudamérica, con muy pocos casos letales, prácticamente todos los países están aplicando leyes de estado de sitio, eliminando garantías individuales y poniendo al ejército al mando del control social. En Europa, que es el nuevo centro de la epidemia, también hay leyes de emergencia con castigos para quienes no cumplan el confinamiento. Nosotros vamos gradualmente a la cuarentena social estirando la liga lo más posible para no afectar los procesos económicos pero no se ve al gobierno aplicando estados de sitio.

El principal problema político que tenemos en la gestión del coronavirus es que el gobierno federal no ha logrado un consenso con los gobernadores y los principales actores sociales y educativos en torno a las políticas sanitarias. El partido Movimiento Ciudadano, con su gobernador en Jalisco y su bancada en el Senado han decido abiertamente confrontar a López Obrador y seguir una ruta distinta. El disenso entre los diferentes niveles de gobierno es muy peligroso en un entorno de mayor complejidad sanitaria. Pero es la manera que unos y otros han encontrado para seguir la lucha política.

No nos queda más que seguir leyendo y enterarnos de la epidemia en espacios serios. Corresponde que reflexionemos con nuestras familias qué estamos viviendo y qué podemos aprender de esta pandemia. Ni pánico ni indolencia.

*Politólogo, Director del Departamento de Ciencias Sociales de la Ibero Puebla.

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