Empezando con no pocos comunicadores y comentaristas. Se multiplican quienes opinan con autosuficiencia. Le corrigen la plana a médicos y funcionarios, dictaminan la dimensión de la crisis y hacen pronósticos funestos.
Emiten versiones apocalípticas y son aún peores los compañeros de viaje que los secundan.
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Estos, usan sus “diagnósticos” y “pronósticos” y los repiten como loros huastecos. Sus círculos de familiares, amigos o parientes les creen a ciegas. Oyen y multiplican comentarios de analistas chafas de radio y televisión.
La circulación de estos juicios o “análisis” crece a un grado exponencial. Peor, muchísimo peor que la velocidad de los contagiados reales.
Todo este chismerío tiene círculos de resonancia increíbles en las redes.
Los grupos de “wats”, particularmente de damas, envían una y otra y otra vez sus informaciones a parientes y amistades a una velocidad mayor que la de la luz. Y eso que la tal Luz, (“Luchis, para las amigas del grupo de la escuela de los niños) es toda una revelación en la dispersión de chismes..
Una de las consecuencias es la que todos hemos vistos en vivo o en fotos: hileras de consumidores, particularmente de familias con varios miembros luciendo prominentes vientres y shorts, salen de los supermercados con carritos llenos de rollos de papel sanitario. ¿No sabrán que uno de los síntomas es por la boca y nariz y no precisamente por el conducto sureño?
El caso es que ahí van. Y no faltan lo de comportamiento gregario que los secundan.
Y se dan los dos extremos, como casi siempre. Quienes ignoran toda clase de precauciones y los que creen que estamos en vísperas del juicio final “en que se juntarán las almas con los cuerpos para nunca más pecar, amen…”
Estos se proveen de toda clase de víveres, medicamentos y cobijas, y le agregan una campaña de presunción y vanidad con sus amistades.
Se erigen en modelos de previsión, cosa que nunca han hecho ante el consumismo desenfrenado de porquerías y golosinas que convierte a muchos en albóndigas andantes y abanderados de la obesidad, o “miembros de número de la legión de honor de la diabetes”, de la que México es un prominente campeón. Y ellos, dilectos representantes.
Hay en este segmento quienes toman como moda esa clase de ridículos preparativos. Serían capaces de comprar rollos de papel de marca o alcohol de importación de París para apantallar a la parentela.
Por lo común se trata de nuevos ricos. Una suerte de herederos culturales de cuarta de aquellos nuevos ricos de la Puebla de antaño, incultos con fortuna, a quienes le decían: ¿Ya supiste que llegó a Puebla la temporada de zarzuela?,. y respondían muy ufanos: “no importa, yo ya estoy vacunado…”
No faltan quienes esparcen rumores, dan consejos de salud, sugieran pócimas o remedios espirituales, azuzan a los incautos sobre el cercano fin de los tiempos, pasan por encima de reflexiones de eminencias médicas y conspiran contra los poderes de la nación.
En este río revuelto, torrente de ignorantes, irresponsables o presuntuosos, nada mal les haría recurrir al diccionario. Ese amigo fiel que despeja tus dudas, te acompaña siempre y no te cobra.
Primero para darse cuenta de que son víctimas de otra clase de enfermedad, acaso peor que el famoso corona virus. Vean ustedes:
HISTERIA: ENFERMEDAD nerviosa, crónica, caracterizada por gran variedad de síntomas, principalmente funcionales, y a veces por ataques convulsivos.
HISTERIA COLECTIVA: Comportamiento irracional de un grupo o multitud producto de una excitación.
PSICOSIS: ENFERMEDAD mental. Caracterizada por delirios o alucinaciones como la esquizofrenia o la paranoia.
PARANOIA: Perturbación mental fijada en una idea o en un orden de ideas.
Así de claro.
El justo medio es el punto de equilibrio entre los dos extremos. Ubiquémonos responsablemente ahí, y actuemos en consecuencia.