Las formas de hacer política han cambiado, son nuevas, y aquellos políticos que no lo entiendan estarán condenados al rechazo. Y la política en su forma más pura de entenderla, para que a todos nos quede claro, cito a la real academia española con algunas de sus definiciones:
7. f. Arte, doctrina u opinión referente al gobierno de los Estados.
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8. f. Actividad de quienes rigen o aspiran a regir los asuntos públicos.
9. f. Actividad del ciudadano cuando interviene en los asuntos públicos con su opinión, con su voto, o de cualquier otro modo.
Así que, reitero, hay nuevas formas de hacer política, nuevas maneras de organización ciudadana y nuevas formas de manifestarse. Muestra clara es la histórica megamarcha universitaria que se realizó en Puebla este 5 de marzo.
Retumbó en el centro no sólo de la tierra por donde los contingentes de estudiantes de diferentes universidades transitaban, retumbó en todo el estado, en el país y en el mundo; retumbó un clamor legítimo de jóvenes que han salido a alzar la voz por todos los que hemos callado.
Leeremos titulares en medios, en muchos medios de comunicación y en redes sociales, de la cantidad de jóvenes (un aproximado de 150 mil estudiantes, reveló el comité estudiantil universitario) que han salido a las calles de manera pacífica y organizada, leeremos que esta mega marcha dio un ejemplo de civilidad y en efecto, lo fue.
Pero vayamos más allá de los números, vayamos al entorno social en el que este
- igual que seguramente lo será la marcha del próximo 9 de marzo- da pie a este tipo de movimientos que encabeza una minoría activa y que arropa la gran mayoría de los ciudadanos.
En ambos casos el factor común de su causa es la violencia: la manera tan violenta en el que un ser humano quita la vida a otro ser humano y créame, es una causa por demás legítima. Por lo menos, en el caso de la megamarcha universitaria, la violencia no se combatió con más violencia, se combatió con un símbolo de paz no sólo en su organización, sino en su significado.
Por eso, no sólo en su número sino en su manera de manifestarse ha sido histórica, pero, sobre todo, la manera en que ha sido percibida en el imaginario colectivo: laicos y religiosos, hombres y mujeres; niños, jóvenes y adultos mayores; la percepción no distinguió entre condición social, ideología política, sexo, género o preferencia sexual, todos abrazaron esta causa en su colectividad.
Y la colectividad mexicana ha pasado por todas las emociones a lo largo de muchos periodos de tiempo: euforia, aletargamiento, enojo, ira, tristeza, y en todos los periodos de tiempo un deseo ferviente, casi mágico- religioso, casi de encantamiento, casi de enamoramiento, abrazan la esperanza deseando que la próxima vez, todo sea mejor.
El desamor ha despertado el amor más puro en las colectividades, en las minorías activas, en los que han hecho en su manera de organizarse, de alzar la voz, una nueva forma de hacer política. Por eso, sin proponérselo, estos movimientos han sido ungidos como portadores de las voces de todos, por eso aquellos políticos que no quieran mirar lo tan evidente, estarán condenados al rechazo ciudadano.