Juan Luis Hernández*
Puebla es una ciudad universitaria desde hace muchos años, pero Puebla, por alguna razón, no se había beneficiado de lo que implica albergar a miles de universitarios que algo tienen que decir sobre lo que pasa en nuestro estado y en nuestro país. Hoy, esos universitarios han alzado la voz para movilizarse frente a la violencia imparable que viven, simbolizada por los crímenes recientes de 3 estudiantes y un conductor de Uber.
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Los universitarios han sido vitales en la historia política de México. Lo fueron en el 68 para enfrentar al régimen autoritario de Díaz Ordaz, lo fueron en 2012 cuando animaron el movimiento Yosoy132 para democratizar los medios de comunicación y alertar sobre el regreso del PRI a la Presidencia. Pero en los últimos tiempos, las jóvenes universitarias están protagonizando grandes movilizaciones contra los feminicidios y el patriarcado, y estos días, ellos y ellas contra la violencia impune. Se unen universitarios de la universidad pública y de las universidades privadas, unidos como nunca antes en la transversalidad de hacerse oir, de hacerse ver, de presionar para que se castigue a los culpables de esa violencia atroz que está desangrando a México.
El reto de las movilizaciones universitarias está en que puedan hacerlo pacíficamente, que no se infiltren violentos que descarrilen la legitimidad de la protesta y que hagan un pliego petitorio a las autoridades para que se encauce la protesta en propuesta. Puebla necesita de los universitarios y su indignación debe ser nuestra indignación. Una generación entera está viviendo su juventud con miedo y con una violencia animal inexplicable. Acompañemos a los universitarios en sus justas demandas de paz, justicia y libertad y trabajemos para que los siguientes años vivan en una Puebla libre de violencia.
La manifestación de las “batas blancas” ya ha tenido repercusión nacional. Varios medios de comunicación con residencia en Ciudad de México han volteado a ver esta insurrección de los estudiantes de medicina que ha contagiado a universitarios de todas las disciplinas y vocaciones. El gobierno de Puebla, integrado por algunos funcionarios que no hace mucho también estaban en las calles haciendo acción colectiva, tiene la enorme oportunidad de mostrar nuevas prácticas desde el poder dialogando con los movimientos sociales, con los universitarios movilizados. Es una extraordinaria ocasión para ver en la insurrección juvenil un conjunto de insumos para hacer política pública.
Algunos gobiernos ven en las movilizaciones estudiantiles un riego para su poder o su legitimidad política. Hoy debieran aprovechar esa energía social que se moviliza en las calles para organizar mesas de diálogo para construir una agenda que implique el concurso de diversas instituciones con metas precisas para contener y luego disminuir la violencia en Puebla, específicamente la violencia feminicida y la violencia hacia los jóvenes.
Las universidades y los universitarios pueden ser un apoyo para los tres niveles de gobierno en la generación de insumos para hacer políticas transversales contra las violencias. Cada vez son más las experiencias en el mundo de gobiernos que saben ver en las universidades soluciones y no problemas para la gobernanza necesaria. Esperemos que el gobierno de Puebla tenga el olfato de ver la oportunidad de que se abre en perspectiva de diálogo social.
*Politólogo, Director del Departamento de Ciencias Sociales de la Ibero Puebla