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Opinión



La música y la ética

Lunes, Enero 27, 2020 - 13:46
 
 
   

La moral doble de este gobierno, predica unas cosas y practica otras.

“La humanidad tiene una moral doble: una que predica y no practica, y otra que practica y no predica”.

Bertrand Russell.

 

En su artículo semanal en el diario El Universal, el Dr. Manuel Gil Antón cuestiona este fin de semana la noticia que se publicó en días recientes respecto al rescate de las orquestas Esperanza Azteca, nacidas como proyecto de la fundación del mismo nombre, ligada a las empresas –televisora, banco, etc.- de Ricardo Salinas Pliego y que a partir de este sexenio se llamarán Orquestas de la Nueva Escuela Mexicana (ONEM).

Este artículo puede consultarse en la siguiente liga: https://www.eluniversal.com.mx/opinion/manuel-gil-anton/de-la-sep-la-sea

El investigador del Centro de Estudios Sociológicos del Colegio de México muy conocido por su férrea oposición a la Reforma educativa del sexenio anterior y su apoyo a la derogación que se hizo en la (contra) reforma del gobierno de López Obrador, titula su artículo: ¿De la SEP a la SEA?

El título alude a la pregunta -simbólica y ficticia por supuesto- acerca de un posible cambio de nombre de la instancia responsable del funcionamiento del Sistema Educativo Nacional (SEN) que dejaría de llamarse Secretaría de Educación Pública y pasaría a denominarse Secretaría de Educación Azteca.

Lo anterior porque el actual secretario, Esteban Moctezuma Barragán fungió durante quince años como director de la Fundación Azteca, auspiciada por las empresas de Salinas Pliego y creadora –aunque una investigación periodística reveló que el 85% de los recursos con los que se sostenían eran fondos provenientes del gobierno federal- de las orquestas que ahora se van a asumir por parte de la SEP.

En síntesis el cambio se explica porque al prohibir el actual presidente que el gobierno transfiera recursos a organizaciones civiles o fundaciones privadas, el empresario “donó” las 83 orquestas existentes y Moctezuma las incorporó a la estructura de la SEP, contratando a los directivos que las coordinaban en la Fundación Azteca y creando una Dirección de educación musical y orquestas escolares específicamente para este fin.

La crítica del Dr. Gil Antón, que comparto plenamente, no está en el hecho de que se brinde formación musical a los niños como parte de la educación pública sino en el evidente conflicto de interés que está detrás de esta decisión, puesto que el actual secretario fue inmediatamente antes de asumir el cargo director de la fundación en la que estaban alojadas estas orquestas y el presidente de la fundación es un empresario del grupo más cercano al actual presidente de la república.

Señala el académico que llamó la atención que desde la reforma al artículo 3º. constitucional que se realizó este sexenio se señalara como una de las asignaturas que conformarán el currículo escolar la de las artes, “especialmente la música”. Cabe aquí la pregunta que se hace el autor del artículo al que hago referencia: “¿Por qué la música y no la danza o el teatro?” o añado yo, ¿Por qué no la pintura, la escultura o la literatura?

En este caso de las orquestas podría usarse uno de los argumentos más socorridos por los defensores de todo lo que hace el actual gobierno que es el de recurrir al pasado. Es decir, si en el pasado el 85% del dinero con el que funcionaban las orquestas infantiles era pagado por el gobierno y la Fundación Azteca presumía como suyo este proyecto cuando se financiaba en un alto porcentaje con recursos públicos, ¿Por qué no pensar en que esta decisión fue positiva puesto que ahora las orquestas serán clara y totalmente parte de la educación pública y no ostentarán la imagen de una fundación privada?

El problema es que el gobierno de AMLO no actuó así con ningún otro de los proyectos y programas que se sostenían con recursos públicos y eran operados por fundaciones privadas u organizaciones civiles. En todos los casos conocidos, se decidió simplemente cancelar esos programas aunque estuviera demostrado que brindaban grandes beneficios sociales. ¿Por qué se decide no sólo no cancelar las orquestas sino pasar de un 85% a un 100% el apoyo gubernamental al programa y además crear un espacio curricular y una estructura dentro de la secretaría para operarlas?En un gobierno que ha despedido –en muchos casos sin liquidación- a miles de empleados públicos: ¿Es justificable contratar a todos los directivos y profesores de las orquestas Esperanza Azteca y convertirlas en ONEM?

Si nos restringimos al ámbito estrictamente de la SEP, surgen muchas preguntas al enterarnos de esta decisión: ¿Era prioritario en un gobierno que plantea la austeridad y que está haciendo recortes presupuestales asumir un proyecto como este? ¿Cuál es la lógica que hace disminuir el presupuesto para las escuelas normales, donde se realiza la formación inicial de los docentes del país –que se dice es la prioridad en esta reforma educativa en lugar de la evaluación- y por otra parte asumir el funcionamiento de las orquestas infantiles y crear una estructura burocrática para operarlas desde la SEP? ¿No era más urgente destinar estos recursos al mejoramiento de la infraestructura y equipamiento de las escuelas que a sostener a las orquestas de Salinas Pliego y Moctezuma?

Reitero que la crítica no es a la educación musical que brinda este proyecto y que desde lo que yo conozco en Puebla y en otros estados ha funcionado muy bien y ha aportado no solamente formación musical a muchos niños sino elementos para reconstituir el tejido social y para crear una cultura de la belleza que contrarreste el contexto de violencia y degradación que vive el país.

El problema es que detrás de esta decisión que tiene que ver con la música hay un claro mensaje ético porque se trata de un evidente conflicto de interés. Un mensaje ético que es parte de la moral doble de este gobierno que como hemos visto en muchos casos durante este primer año en funciones, predica unas cosas y practica otras.


Semblanza

Martín López Calva

Doctor en Educación por la Universidad Autónoma de Tlaxcala, maestro en Educación superior por la misma universidad y en Humanismo universitario por la Universidad Iberoamericana Puebla. Ha sido dos veces “Lonergan Fellow” por el Lonergan Institute de Boston College (1997-1998 y 2006-2007). Fue coordinador del doctorado interinstitucional en Educación y enlace de la UIA Puebla en el campo estratégico de “Modelos y políticas educativas” del sistema universitario jesuita (SUJ) desde agosto de 2007 hasta marzo de 2012 y académico de tiempo completo en esta universidad desde abril de 1988 hasta marzo de 2012 donde obtuvo el reconocimiento de académico numerario e imparte hasta la fecha cursos de licenciatura y posgrado en el área de Educación. Tiene experiencia docente a nivel de licenciatura, posgrado y formación de profesores en la UIA Puebla, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla, Universidad de las Américas Puebla, Universidad Anáhuac y otras desde 1988. Actualmente es Director académico de posgrados en Artes y Humanidades de la UPAEP. Ha publicado diecisiete libros sobre temas educativos (los más recientes: Educación humanista –tres tomos- en Ed. Gernika y Gestión curricular por competencias en educación media y superior, en coautoría con Juan Antonio García Fraile), diez capítulos en libros colectivos y alrededor de 45 artículos en revistas de educación.

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