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OPINIÓN

Las señales de nuestras relaciones

La fórmula siempre es “estás conmigo o estás contra de mi” “blanco y negro, amigo o enemigo”

Abelardo Fernández

Doctor en Psicología, psicoterapeuta de Contención, musicoterapeuta, escritor, músico y fotógrafo profesional.

Martes, Junio 4, 2019

Muchas veces nuestras maneras de comunicarnos suponen más sutilezas de las que nos imaginamos, tales sutilezas suponen la ruptura del vínculo con los demás o el mantenimiento de la relación, no sé si hoy en día, pero la fragilidad de nuestras relaciones con los demás es algo que cada vez tratamos con más pinzas y más cuidado. Los que aprendimos que había que conservar las relaciones a pesar de todo, que las amistades son importantes, que la familia es algo que nunca tienes que perder, etcétera, comprendimos que la tolerancia o el manejo del tiempo era una condición para que estas relaciones se mantuvieran, hoy parece que estas señales se han agudizado y las rupturas están a la orden del día y por un quítame esas pajas las personas terminan mandándose hacia esa zona indómita que queda en los confines de ningún lugar…

La fórmula siempre es “estás conmigo o estás contra de mi” “blanco y negro, amigo o enemigo”. En las relaciones familiares estas sutilezas como  señales implican una fina relojería de pequeñísimos engranes y palancas que nos pueden dejar fuera o nos mantienen dentro, aunque no tengamos la más remota idea de qué quiere decir dentro y fuera, o qué es realmente lo que nos conviene más. Por ejemplo desde la hora del saludo sabemos qué es lo que está pasando en esas relaciones, el saludo es el primer impacto, el momento resultante de lo que hemos pensado de una o de otra persona, en el saludo se dicen muchísimas cosas, hay desde quienes saludan efusivamente y hacen gran espaviento por el supuesto gusto de saludar y todo eso; hay quienes dan un abrazo fraterno y apretado como muestra de verdadero afecto; hay quienes aprovechan los saludos para comenzar a figurar y salen con sus chistecitos y sus ocurrencias, algún que otro comentario relacionado con la reunión o con el clima o con cualquier cosa, lo más importante para estas personas es aparecer desde el principio en escena. Hay quienes dan la mano nada más como una muestra de educación o de desconocimiento, o de una especie de pequeña tregua tolerada donde se anticipa que la guerra sigue pero no es ni el lugar ni el momento de hablar de ella. En fin, las familias se tratan de esta manera, de esta manera se desintegran, hoy aparecen nuevos datos inequívocos de quienes son chairos y de quienes son fifís, no sólo no se da una conversación al respecto, puesto que se sabe que terminarán a moco tendido, sino que se esquiva el tema con lujo de desprecio y de distanciamiento: de hecho, sucede que algunos ya están conspirando organizar algo de lo que los otros no se pueden enterar, en ningún momento se promueve una discusión de orden político o social, la desunión es mucho más usual y cómoda que la conversación y la convergencia. Los que se sienten superiores dan palmaditas en el hombro como si saludaran a un perro, no puede ocultar que están llenos de vergüenza o de rencor por dentro. Añadamos a esto la desigualdad que no deja de existir dentro de las familias, ya saben a qué me refiero, el pariente que tiene mucha lana, autos de lujo, casas, departamentos, viajes constantes a todo el mundo, platicando con el que sólo tiene un modesto empleo de maestro con el que vive en la medianía y cree en la unión familiar como algo que quiere conservar en el nombre de lo que sus padres quisieron para sus hijos toda la vida.

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Las retiradas, los desaires, los distanciamientos, los prolongados silencios donde se pueda dar paso a pensamientos malignos en contra de los demás, son señales de la tensión que las bonitas familias viven en cada uno de sus encuentros. Creencias relacionadas con la protección a ultranza del patrimonio personal, de la competencia permanente por lo que tienen los demás y de lo que tenemos nosotros, temas relacionados con la imagen propia frente a todos y reflexiones eternas de quién soy y quién he sido en la vida en relación a lo que tengo y lo que tienen los demás, forman parte de los textos de toda esta desigualdad. Sin darnos cuenta estas actitudes también son elecciones que hacemos todo el tiempo, y por tanto, los consideramos como valores, “es mucho más valioso pensar en mi que en los demás”, “es mucho mejor cuidar lo que tengo que procurar que todos tengamos más”, “la solidaridad no es algo que debo practicar, yo no ayudo a los demás porque luego no me lo agradecen”, “yo uso el ayudar a los demás como una muestra de mi poder para después cobrarles lo que hice aunque en realidad lo hice más por mí” “mostrarse sensible y escuchar al otro es un signo de debilidad y una pérdida de tiempo”. “Querer ya no está de moda, es un riesgo desde el que puedo perder mi estabilidad individualista”. “Prefiero en estos tiempos hablar, e incluso publicar en redes sociales, lo que creo que las personas viven y tienen que hacer, que llamar al prójimo y hacer algo por que quiero que él esté bien”, “no debo dejar de cuidar mi imagen de humanista con sentido de vida mientras mis cuentas bancarias estén creciendo todos los días”.

La fraternidad y la solidaridad no son valores que se cultiven con frecuencia, tendríamos que comenzar a pensar en eso, no terminaos de entender que apoyar al otro es una manera de apoyarnos nosotros mismos, que procurar el bienestar será, casi de inmediato, una manera de recibir una carretada de afecto y admiración que redundará en el bienestar común, saber que educarnos tiene que ver con aprender a convivir desde el respeto y la atención mutua, pareciera ser que la bravuconería es hoy una estrategia para sacar dividendos como lo hace el presidente Trump.

Leer la indiferencia o el distanciamiento es importante en nuestros días, el silencio de la gente y la flojera de creer que las cosas siguen igual y no cambian. Frente al poder, y ahora no sólo hablo del poder de la familia o de algunos en la familia, el distanciamiento es una respuesta de descontento que muy pocas veces es atendida, el poder no se detiene y sigue con sus políticas de empoderamiento (valga la rebuznancia)  frente a la insatisfacción de los demás, si no me creen, miren lo que acaba de suceder en la elecciones para gobernador en Puebla, la flojera, el desánimo y la indiferencia cundiendo peor que en otros tiempos  hizo su aparición pero parece que a nadie le está importando semejante fenómeno familiar, y digo familiar porque quisiera pensar que un día, espero que un día no muy lejano, este estado se pueda comportar como una familia unida y solidaria en función del bien común, cosa que no ha sucedido jamás desde que yo tengo uso de razón. Saludos a todos y todas.

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