¿O entonces cómo se le puede llamar o dónde se puede enmarcar el someter a un trabajador a través de la indiferencia?, intentaré ser más específico. El maltrato laboral no necesariamente tiene que ver con la hostilidad hacia un trabajador, también tiene que ver con lo que popularmente conocemos como meterlo a la congeladora o al congelador con una obvia finalidad de que se desespere y renuncie a su puesto, que es quizá una peor forma de la hostilidad. ¿Para qué? Para ahorrarte el finiquito al que esta persona tiene derecho. Pero el problema ni siquiera pasa por su rendimiento laboral o sus resultados, el cumplimiento de sus metas, el logro de sus objetivos, ¿cuántas veces nos encontramos con estrategias de hostigamiento que consisten en pedir el llenado interminable de formatos y formatos para desesperar a las personas? ¿Cuántas veces se comienza con la presión de los horarios, la imposición de tarjetas de entrada para la puntualidad?
Qué poco conocemos del verdadero derecho laboral, o no sé si exista un falso derecho laboral, en estos tiempos en los que se han abierto las posibilidades de la denuncia y los derechos humanos, estos tiempos donde reporteros del norte han llegado valientemente a denunciar frente al mismísimo presidente de la república los abusos a los que la población está sometida por parte de caciques y malandrines con poder económico que tiene maniatado al pueblo con su amenazas, por qué no puede ser posible comenzar a denunciar los abusos en el mundo laboral para poner en su lugar a quienes se niegan a entender que es indigno tratar a una persona con esas estrategias.
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Nadie dice que un nuevo director tenga que estar de acuerdo con los planes y las formas del anterior director, puede tener muchos nuevos puntos de vista y planes y proyectos distintos, la controversia laboral es que no es claro y no está dispuesto a pagar el precio de este cambio, sobre todo cuando lo que busca es la renuncia fácil para quedarse con el campo libre, cuantimás cuando de lo que estamos hablando es de un asunto directo, personalizado, un encono específico frente a un trabajador… ¿qué estrategias, según la perspectiva del derecho laboral, debe seguir un trabajador honesto y honrado que lleva muchos años trabajando, frente a esta situación?
Pero sigamos precisando los detalles de este fenómeno que desconocemos si el derecho laboral lo tiene contemplado. Agregado a la indiferencia y la descalificación abierta se suma la guerra psicológica de las simpatías con unos y las antipatías con otros, el hacer evidente frente a los demás quién es el que manda y quién es el que tiene que obedecer. Comenzar a hacer un cerco “supuestamente reglamentado o escrito en un reglamento” de las funciones que de facto tiene un puesto y de las que no debe tener: consideremos aquí que las funciones y actividades se desarrollan en la práctica en relación a las necesidades concretas del proyecto en cuestión y no los estatutos escritos en un reglamento añejo que nadie conoce y cuya vigencia y difusión no tiene relevancia en las tareas cotidianas. Después de este cerco establecido desde la autoridad o supuesta autoridad puesto que la verdadera autoridad se gana desde el ejemplo y no desde la imposición, viene algo que es terrible: bloquear el flujo de trabajo del empleado: espantoso. Esto quiere decir que lo que hacía, que las personas que tenía que mirar, que quienes normalmente lo consultaban ya no lo miran más y ya no lo obedecerán más. Aplicarle la ley de la invisibilidad: ya no existe, ya no está, nadie lo mira…
Si este trabajador no ha decidido renunciar aun a su puesto y se resiste, entonces viene el siguiente paso que es “hacer preguntas a los demás sobre su desempeño”. Si las presuntas las hace cualquiera estás o no dispuesto para responderlas, pero si las preguntas las hace el director entonces tienes que responder lo que el director quiere, por tanto, una ola de descalificación correrá detrás de nuestro trabajador y si quienes han sido encuestados son su súbditos en algún caso o sus alumnos incluso en otro caso, todo intento de autoridad y manejo de reglas anteriores queda automáticamente descalificado. El trabajador ha quedado aislado del resto de trabajadores, y de su empresa, a pesar de los años que lleva trabajando para ellos, algunos de sus compañeros, por no decir casi todos, comienzan a mirarlo con desconfianza, desprecio y burla, lo miran con muchísima descalificación: la presión estratégica del nuevo director comienza a dar resultado, la persona comienza a sufrir durísimos periodos de depresión, tristeza, angustia, miedo, etcétera, por si quieren conocer una de las causas más frecuentes del suicidio.
Las posibilidades de que las amenazas continúen es latente, de que vuelvan las descalificaciones o las humillaciones como “sus reportes están entregados con muchísimas faltas de ortografía, usted tiene que volver a la escuela” –a pesar de que esa persona es la autora de libros de texto y profesionales-, es humillante escuchar este tipo de argumentos de quien jamás de los jamases ha respondido a un solo informe de actividades presentado por el empleado. En fin. Humillar a un trabajador, amenazarlo de no recibir su quincena si no entrega reportes mensuales que nadie lee, bloquearlo, etcétera, autorizar descuentos de salario no justificados puesto que fueron hechos a la persona indicada en tiempo y forma y descuentos a trabajos realizados, clases dadas, por ejemplo ¿en qué parte del derecho laboral está contemplado señores abogados laboristas? Falta agregar que el nuevo director esté al pendiente de la forma en que se presenta el empleado y pregunte cómo se vistió hoy. Insisto, sin comunicarse absolutamente para nada con él.
Por si fuera poco y creo que viene lo más delicado políticamente, los pronunciamientos políticos de personas a favor del nuevo gobierno y las veladas represiones en este sentido. Un asunto ideológico y de poder, perseguir y acosar a una persona por sus ideales y sus convicciones no sé en qué parte del derecho laboral I se contemple. Lo que podría entenderse como una controversia entre conservadores y liberales para ponerlo en un lenguaje absolutamente actual y particularmente entendible, ahora se puede convertir en un fenómeno de Derecho laboral I.
La famosísima doble moral política actual que ofrece a los cuatro vientos se inclusivos y estar abiertos a todo tipo de ideologías y discusiones políticas, no soporta el debate interno y mucho menos, cosa todavía más penosa, es capaz de advertir las miles de ganancias que le supone semejante debate, ¿qué quiero decir con esto?, pues simple, el desarrollo de nuevas conciencias, la capacidad de análisis de los temas nacionales, la consolidación de la congruencia de su y sus equipos de trabajo, en el caso de tratarse de alumnos pues mucho más, permitir que los jóvenes puedan crecer con un debate permanente desde el que puedan se analíticos, críticos, etcétera.
Comenzamos a vivir tiempos de confrontaciones y de permanentes debates, tradicionalmente desde la doble moral aprendimos que no estar de acuerdo con alguien significa retirar nuestra amistad y nuestra consideración de esta persona, por decirlo con mucha más claridad, descalificarlo frente a todos. O piensas y opinas como yo o te convertirás en mi enemigo, en muchas ocasiones la envidia de Directores frente a empleados más capacitados y preparados que ellos provoca este fenómenos, tiene que ver con el ego, no puede existir en este lugar otro que sea mejor que yo o más capacitado que yo.
Hace poco, en una noticia periodística de una sección de deportes en el canal 40 el comentarista que se ha pasado años hablando de Diego Armando Maradona como el mejor o uno de los mejores futbolistas de todos los tiempos y de su estancia en México en un equipo de la división de ascenso, insisto, viviendo de dar estas noticas, anunciaba que Maradona había hablado de Maduro y en contra de los Yanquis que quieren el petróleo de Venezuela: los comentarios fueron los peores hacia Maradona, dijeron que era un adicto, que no sabía lo que decía, que miraran todos que el pobre estaba en un equipucho de la división de ascenso y puras descalificaciones, así de rápida es la doble moral y las formas que no tienen ideales de fondo.
Cuando no existían estos problemas los trabajadores se callaban, aplaudían los discursos y los chistes de los directores, asistían a sus comidas y se emborrachaban si sus directores se los pedían, el poder era el poder y nadie se quejaba de nadie. Qué vamos a hacer con el Derecho Laboral I en esta cuarta transformación, sabemos que se trata de barrer las escaleras de arriba para abajo, pero de vez en cuando es necesario barrer en medio, también ahí se acumula mugre y basura, mucha mugre y mucha basura. Ojalá que estas partes medias también comencemos a vivir un verdadero estado de derecho y que el acoso laboral no sea visto como algo normal y entendible, no puede ser que una persona mayor pierda su empleo simplemente porque a otra se le da la gana agobiarla y congelarla. Frente a manifestaciones de trabajadores para revisión de contratos colectivos y aumentos de salarios y demás prestaciones, me parece que es necesario que se manifiesten realidades laborales que han vividos ocultas durante muchísimas décadas y todos seguimos tolerando. Saludos a todas y todos.