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OPINIÓN

El acoso físico y psicológico altera el cerebro

Es un abuso de la fuerza o de la posición que se ocupa dentro de en un grupo social

José Ramón Eguibar Cuenca

Médico de profesión, maestro en Ciencias Fisiológicas por la BUAP y doctor en Neurociencias por el CINVESTAV del IPN. Es miembro del SNI y de la Academia Nacional de Medicina. Actualmente es director General de Internacionalización de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla.

Sábado, Marzo 16, 2019

El acoso se ha vuelto noticia en los últimos años, dada su alta prevalencia sobre todo en los jóvenes de secundaria y preparatoria. Si bien se ha visto como parte de la conducta juvenil agresiva y para conformar alianzas, en realidad es un abuso de la fuerza o de la posición que se ocupa dentro de en un grupo social.  Ahora sabemos que el acoso reiterado incrementa la ansiedad, la depresión y el uso de drogas de abuso. Por lo que se tienen que implementar programas de prevención eficaces.

Para poder dimensionar los efectos dañinos del acoso el Dr. Klaus Mickez y sus colaboradores de la Universidad de Tufts de los Estados Unidos de América han mostrado que tan solo cuatro sesiones de cinco minutos en un modelo de acoso en ratas es suficiente para generar daños permanentes en el cerebro. La prueba consiste en someter cuatro veces por cinco minutos a ratas jóvenes en la jaula de un macho adulto, el cual es más grande y agresivo. Bajo estas condiciones la rata más grande agrede, empuja hacia un rincón de la jaula e incluso muerde a la más joven. Esta experiencia traumática es suficiente para generar niveles de corticosterona, la hormona del estrés, más elevados en la sangre y el cerebro en los juveniles acosados y lo más importante la corticosterona se eleva de manera permanente, lo que los hace más susceptibles a desarrollar adicción a la cocaína. Resultados similares se han obtenido en jóvenes víctimas de acoso, los cuales tienen problemas de memoria, por cambios en el hipocampo, una región del cerebro fundamental para el aprendizaje y la memoria. Estos cambios en el cerebro de los acosados generan ansiedad y depresión, pero sobre todo una mayor probabilidad de desarrollar adicciones a distintas drogas de abuso. Es necesario que todos nos enfoquemos a que el acoso no es un juego es una conducta agresiva y no debemos permitirla. NO MAS ACOSO

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