Ahora que estamos en invierno es relevante recordar que existe un tipo de tristeza y hasta depresión que se asocia con las estaciones del año. Esta alteración en la sensación de tristeza e inclusive depresión se incrementa al final del otoño y durante el invierno. Este período del año se caracteriza porque los días son cortos y por tanto la cantidad de horas de luz del sol disminuyen. Dado que en los ojos existe un grupo de células sensibles a la luz, en particular, existen unas que son más sensibles al color azul claro, las cuales estimulan en lo profundo del cerebro a las células cerebrales (neuronas) del denominado núcleo supraquiasmático del hipotálamo. Adicionalmente, la hormona del sueño denominada melatonina, que se secreta al inicio de la fase de descanso, y en los días cortos se secreta en menor cantidad.
Lo relevante es que la tristeza invernal se asocia con cansancio o pérdida de la energía para realizar las actividades cotidianas, exceso de sueño y cambio del apetito particularmente por una avidez a comer carbohidratos (azúcares, harinas, refrescos, etc.) y por tanto se aumenta de peso. Adicionalmente, se presenta una pérdida del placer asociado a actividades que lo producían antes como comer, beber, ir a pasear, la actividad sexual, entre otras. La enfermedad se presenta con mayor frecuencia en familiares de quienes han tenido tristeza o depresión invernal, y desde luego en aquellos que ya han tenido un episodio en una temporada invernal anterior. Es muy importante acudir a un servicio médico para recibir el tratamiento psicoterapéutico o con fármacos según se requiera. Una opción viable es la de exponerse a luz azul que la provee el sol mismo o bien mediante dispositivos específicos para estimular con esta luz a nuestros ojos y al núcleo supraquiasmático, para de esta forma mejorar la secreción de melatonina y las horas de sueño.
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