“Mi casa será llamada casa de oración, pero ustedes la están convirtiendo en cueva de ladrones”. Esa referencia bíblica atribuida a Jesús, bien se puede aplicar al PRI, y prácticamente a todos los partidos. O casi a todos.
Está bien, no generalicemos. Lo cierto es que en todos hay personajes con tal ropaje.
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El PRI hoy atraviesa sin duda por su peor crisis. Y es francamente cuesta arriba superarla. Sobre todo porque los propios sepultureros se proponen esa misión que suena casi imposible.
Un intento de examen somero anotaría los siguientes vicios y retos.
1.-La cultura política de buena parte de los priístas es muy elemental. Es además rústica y añeja, ajena a las lecturas. El pragmatismo de microondas no sabe de historia. Casi se diría que les estorba. El poder durante largo tiempo genera pereza y gula.
2.-La ideología quedó arrumbada. O peor aún, sepultada deliberadamente porque se privilegió el pragmatismo y los negocios. El trepadorismo vía camarillas, parientes, élites y burguesía acabó con una parchada meritocracia. Reina solamente el marketing y el dinero fácil.
3.-El partido se derechizó terriblemente. Esto es francamente escandaloso. A la orfandad ideológica se acompaña un conservadurismo que, no exageramos, llega a rebasar al panismo. Hay priístas con una visión de derecha y ultraderecha, que le temen a las ideas, a la crítica y a la autocrítica.
A la paupérrima condición ideológica se añade el vacío ético. Eso originó un acomodo gratísimo al poder presidencial en turno. No aprendieron a ser oposición, porque resultó más atractivo y lucrativo medrar del poder mayor. Los gobernadores priístas fueron virreyes con Fox y Calderón y terminaron como Cresos desvergonzados.
Hacia abajo ocurrió lo mismo con los otros niveles. Ahora, en el Congreso local los diputados priístas están bajo observación, o se pliegan a la dulce seducción rentable morenovallista, o rescatan un mínimo de decoro y congruencia.
Su papel esta bajo observación, por sus votos los conoceréis. O la dignidad, o la mancha indeleble del desprestigio para ellos y sus familias.
O el decoro, o secundan al doctor Doger en eso de colocar los clavos que restan al ataúd de su partido.
4.-En lugar de lo anterior, predomina un pragmatismo propio de los años sesenta. Se asustan con las ideas de izquierda o liberales; comulgan gratamente con posiciones reaccionarias y mantienen una frecuente proclividad hacia la represión. La violencia, verbal o física, cuando sea necesaria para acabar con quien no piensa como uno.
5.-Aquellos nutrientes y sedimentos de los liberales de la Reforma, las doctrinas juaristas (que llegaron a ser por lo menos parte de la plataforma ideológica partidista), los principios rescatables del movimiento revolucionario anti porfirista, no sólo les son ajenos, sino que la comodidad los ubica mucho más cerca de las políticas y métodos porfiristas y los añorantes del dictador.
6.-No son proclives al debate, porque es más fácil la descalificación. Huérfanos de ideas pierden las confrontaciones retóricas porque, además, la realidad los desmiente y entierra. ¿Quién y cómo defendería los monumentos a la corrupción escandalosa con los que termina el sexenio de Peña Nieto?
7.-La fobia a practicar la autocrítica es al mismo tiempo vicio y enfermedad. Ese terror es pedestal de dioses, de ídolos de tepalcate, caciques y “paladines”del cinismo y la simulación. Haga un ejercicio nada difícil: vea a su derredor, en el paisaje local y nacional, y póngale nombres y apellidos. Le faltarán litros de tinta.
En el escenario local abundan los judas. Y el PRI siempre tuvo miedo a la sanción, por mínima que fuese. Cuerdas harían falta para la lista interminable de traidores a su partido.
8.-La crítica es una palabra que hace décadas no está en su diccionario. Practicarla es subversivo, en el más grave de los casos. El efecto menor es quedar fuera de la nómina y paralizado en el ostracismo. El mínimo intento de ejercerla es visto como indisciplina, insubordinación, falta de respeto, deslealtad, “patear el pesebre”. Esto último justificaría el apelativo de caballada, recua, partida, rebaño o asnada sumisa que se aplica a legiones de priistas en el país. Y en Puebla el corral es muy extenso.
9.-La intolerancia es otra característica. Esta engendra modos y costumbres proclives a la dictadura. De grande o pequeña escala. Hay dictadores con ropaje presidencial y especímenes menores de una extensa escala. Los medios, todo el tiempo recogen ejemplos de caciques, caciquillos, sátrapas y una variopinta cáfila de sujetos que sangran al país y explotan todo lo explotable. Con la bandera de la democracia, por supuesto.
10.-La soberbia es prima hermana del cinismo y parienta cercana de la incompetencia. Esas medallas las tienen bien puestas. Conocemos a muchísimos que se sienten dueños de la verdad y así lo proclaman en los medios. Tienen escriturada a su nombre la razón y no admiten posición adversa.
11.-La exclusión de quien piensa distinto, aún bajo el mismo techo, es un principio inamovible. La crítica en los medios siempre es vista como infundio o ingratitud; traición o chantaje. Quien osa hacerlo es catalogado inmediatamente como enemigo. Antes era etiquetado como subversivo o agente de la CIA.
12.-En muchos de estos procederes o creencias hay una enorme comunión con el panismo. Eso se ha visto aquí en Puebla. Por eso, esas cercanías, afinidades o conveniencias, sobre todo de las cúpulas y capas medias de los partidos, los colocó como blanco natural del hartazgo y el rechazo en las pasadas elecciones. Las gerencias o “dirigencias” de estos partidos iban por un lado, hilvanando cuentas, sueños y negocios…pero las bases se fueron por otro camino bien distinto.
Peeeeero, y esto es lo increíble, abundan priístas de nombre pero de ideas profundamente retrógradas, ubicados…¡a la derecha del PAN! No, no es exageración, observe con lupa, sométalos al microscopio, revise trayectorias, dichos, fortunas, nexos, posturas públicas y privadas, cargos, canongías, y va a encontrar muchísimo de lo que aquí se cuenta.
Cuidan prebendas y privilegios porque la complicidad es muy rentable. Cosecharon o cosechan aún a la sombra del morenovallismo.
13.-Francisco Labastida, el ex candidato presidencial tricolor sintentizó en dos conceptos el fracaso de la reciente elección: “Soberbia e Ignorancia”. Por supuesto que tiene razón: un partido que acomoda sus estatutos y confecciona un traje al gusto y medida de un NO PRIISTA, ante el silencio, aplauso y complacencia impuestos de las cúpulas.
Y, dos: una estructura al frente del partidazo, con Ochóa Reza a la cabeza, ajenos al PRI, ignorantes de cuadros y formas, y sin jamás haber hecho una campaña. ¡el colmo de todos los colmos..!
Meade jamás salió del pavimento. López Obrador ha recorrido por lo menos dos veces el país. A mi pueblo, un minúsculo punto en la vasta geografía nacional, lo visitó dos veces.
14.-Pasa la elección y pareciera no decirle nada al priísmo nacional. Imponen una dirigencia vía dedazo, con evidente influencia y hasta parentesco con uno de los referentes más negativos del priísmo, Carlos Salinas de Gortari. O sea, una cabeza impuesta, ajena a elementales caminos democráticos y portando la bandera del continuismo, con el cordón umbilical atado a un presidente decadente, repudiado y casi en fuga.
Así, la imagen del tricolor es más cercana a un cadáver pestilente, con humores de negocios y corrupción y bien lejos de lo que debería ser un partido que aprendió de la derrota.
15.-¿Imposible la recuperación? No. Lo único que no tiene remedio es la muerte. Pero la tarea es de romanos. Romanos que no se ven y credenciales que no se tienen. ¿Quiénes y con qué credenciales –léase autoridad moral- va a levantar las banderas que en una campaña de 18 años les arrebató López Obrador? . ¿Quién, quiénes..?
16.- Quienes fueren, tendrían que mirarse honestamente al espejo y adoptar una postura realmente de humildad. Pero no la humildad que paraliza. No, la humildad del que está consciente de sus graves errores, desvíos, vicios y traiciones, y que, mirando hacia atrás, tendría que trabajar desde el suelo tenazmente y con la mirada puesta en el futuro.
Pero, siempre el mejor punto de vista es el de usted.